El imperio invisible de los microplásticos

  • Cada persona consume hasta 52.000 diminutas partículas de plástico al año, según un estudio publicado en la revista "Environmental Science & Technology"
  • Una investigación desvela por primera vez que hay microplásticos en heces humanas
  • En un campo de estudio aún en sus inicios es difícil saber exactamente de dónde vienen y cómo acabaron los microplásticos en el organismo humano

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Cada persona consume hasta 52.000 diminutas partículas de plástico al año, según un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology. Este informe toma la vez de una investigación de 2018 validada este mismo mes. Lo que desvelan sus datos impacta: por primera vez constatan microplásticos en heces humanas.

“Ahora tenemos evidencias de que los microplásticos (plásticos de menos de cinco milímetros de diámetro indetectables para el ojo humano) están en nuestro intestino y que los ingerimos involuntariamente”, explica a cuartopoder.es Philipp Schawbl, investigador partícipe en el citado estudio.

Schawbl expone que la diversidad de microplásticos encontrados sugieren diferentes fuentes de origen: “En el futuro necesitaremos de más estudios para confirmar estos hallazgos”. El experto en gastroenterología y hepatología hace así referencia a una de las mayores flaquezas de su grupo de investigación: la muestra fue de solo ocho voluntarios lo que no ha impedido el reconocimiento de su rigor científico.

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Si no se ven, ¿cómo detectaron microplásticos?

En los 90 François Galgani señaló los fondos marinos como "escondite" de botellas de plástico de 1960 casi intactas. Y el fenómeno de las "islas de plástico" ya se conocía pero lo que inició la detección de microplásticos fue que en 2004 Richard Thompson se preguntó dónde estaban los plásticos que debían flotar en el agua.

Una duda que también le surgió a Kara Lavender-Law, de la Asociación de Educación del Mar. Lavender-Law. A ambos no les cuadraba que si la producción de plásticos era de 300 millones de toneladas en 2013, hubiera solo 236.000 en los océanos.

Poco a poco, aportaciones en principio segregadas han ido aclarando el misterio. Lucy Woodall, por ejemplo, vio microplásticos en especies a 3.000 metros de profundidad marina. Y se han llegado a atisbar vidas microscópicas en ellos, tal y como expone Erik Zetler y todos los investigadores mencionados en Océanos, el misterio del plástico desaparecido.

microplásticos
Infografía de Ecologistas en Acción

En España el Ministerio de Medio Ambiente aplica desde 2010 la Ley de Protección del Medio Marino. Y ha detectado que la preproducción de pellets (pequeñas bolitas de plástico fabricadas a propósito de ese tamaño); el desgaste de los neumáticos y de campos deportivos artificiales; y los microplásticos en productos cosméticos y de higiene personal son las principales fuentes de microplásticos en España.

¿Y qué pasa en ecosistemas terrestres?

A día de hoy se calcula que estos minúsculos trozos proceden en el 80% de casos de fuentes terrestres, según la consultora EUNOMIA. Un dato que corrobora el Instituto Mundial. En 2015 este organismo señaló que el 26% del plástico fue reciclado, el 36% incinerado y el 38% acabó en tierra. Sin embargo apenas hay documentos académicos de ecosistemas terrestres.

“Con los suelos es más complejo”, indica Andrés Rodríguez Seijo, Doctor en Ecosistemas Terrestres por la Universidade de Vigo e investigador en el CIIMAR de la Universidad de Oporto. “Por ejemplo, ¿cuántas lombrices has visto con microplásticos y cuántas fotos de tortugas o playas con restos de plástico?”.

“El impacto del plástico se ha estudiado en España por ser potencia hortícola”, arguye Rodríguez Seijo, “ahora bien, la atención por los microplásticos es novedosa”. Se une además que hasta 2018, esto es, hace apenas un año, no ha habido una técnica eficaz para contabilizar estas a veces nanopartículas en terreno terrestre.

¿Comemos microplásticos?

En un campo de estudio aún en sus inicios es difícil saber exactamente de dónde vienen y cómo acabaron los microplásticos en el organismo humano.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que se detectaron microplásticos en más de 200 especies de animales comestibles. El experto en toxicología Collin Janssen expone que los microplásticos pueden atravesar las paredes intestinales, incorporarse al sistema circulatorio y, por tanto, trasladarse a otros órganos.

Diversos estudios y organismos como la Organización de Comida y Agricultura de Naciones Unidas (FAO) se mantienen alertas por los microplásticos en alimentos tales como los mejillones, las latas de conservas e incluso la cerveza.

Y por ahora, Rodríguez Seijo ha detectado en sus tres trabajos con lombrices de tierra que los microplásticos afectaron a su sistema digestivo y respuesta inmunitaria, además de provocar estrés oxidativo. También el plástico podía transportar estos contaminantes como un insecticida y podían ser "captados" por las lombrices. Pero, por ahora, todos los estudios, investigaciones y plataformas carecen de suficientes datos para detallar si nuestro cuerpo es capaz de convivir con microplásticos o si por el contrario perjudicarán nuestra salud.

Y, por otro lado, su coste medioambiental sí demanda medidas. Tal y como apunta José Luis  Buceta Miller, del Centro de Estudios de Puertos y Costas del CEDEX, “aunque España haga esfuerzos la conclusión es que es un problema global y las decisiones globales son las únicas con resultados efectivos”. “Hay que tomar conciencia de que no hay forma de escapar de este planeta”, sentencia el reconocido investigador Richard Thompson.

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