Sebastián y Montoro ponen la moratoria nuclear en el aire

La central nuclear de Garoña. / Efe

Empieza caliente julio con la energía, y no porque el ministro de Industria, Miguel Sebastián, se haya declarado dispuesto a negociar sin líneas rojas la composición del nuevo mix energético, pieza clave del Pacto que se pretende en el ramo entre Gobierno y PP. Lo peor es que hay gato encerrado. Y los ciudadanos comienzan ya a pagarlo.

La cosa va caliente porque hoy, primero de julio, sube el gas y sube el butano. Simplificando, el gas natural sube el 8,1% calefacción, y un 7% para cocina o calentador de agua. Item más: la bombona común de butano eleva su precio de 11,68 euros a 12,23, o sea un 4,5% desde la última subida en abril, acumulando un 14,4% desde enero. También el natural subió una media de casi el 4% hace dos meses.

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Y todo esto en medio de la incertidumbre creada en el sector energético a cuenta de la ahora paralizada reforma de las subvenciones a la energía eléctrica fotovoltaica que ha llevado a las propias asociaciones de empresarios del subsector a proponer la limitación de horas subvencionadas con tal de evitar que la posible inseguridad jurídica se consume imponiendo un recorte retroactivo de las primas de producción.

A lo que hay que sumar el acuerdo de la semana pasada entre Gobierno y PP de congelar la subida de la tarifa de la luz y revisar profundamente los costes del sistema eléctrico, lo que ha causado gran malestar entre las poderosas eléctricas.

Bonito panorama ha conseguido pintar el Ministerio de Industria de cara a la negociación del Pacto de Estado de la Energía al que pretende llegar con todos los partidos, pero especialmente con el PP, según explicó Miguel Sebastián, y sin líneas rojas.

Lo primero que habrían de aclarar ambos principales negociadores, Sebastián y Cristóbal Montoro, es cuáles son esos trazos limitadores que ahora sí se pueden sobrepasar. Porque para los empresarios de la Energía, bien secundados por el PP, el límite encarnado estaba, que se sepa, en la retroactividad del recorte de las subvenciones. Y para el Gobierno estaba, también que se sepa, en la moratoria nuclear de facto que tiene España.

Así que, siendo malpensado, a lo peor resulta que no hay uno, sino dos gatos encerrados. Uno nuclear, que gira en torno a la La central de Santa María de Garoña y la moratoria, y otro eléctrico, traspuesto en la renegociación total del “mix” para favorecer los intereses de las compañías eléctricas, no los de los consumidores. O, si se prefiere, puede que estamos ante un sapo de dos cabezas que el Gobierno está dispuesto a tragarse.

Mariano Rajoy aseguró el día 25 que la decisión de cerrar Garoña en 2013 se correspondía con “prejuicios y decisiones demagógicas”. No creo que el presidente del PP ignore que la opinión pública española es mayoritariamente antinuclear. Sin embargo, todo indica que su partido va en otra línea, pues es mismo día el jefe de la oposición anunció que pediría al Gobierno cambiar aquella decisión.

“Queremos hablar de la energía nuclear a futuro, pero para nosotros Garoña pertenece al pasado”, dijo ayer el ministro Sebastián tras la segunda reunión con Montoro. La prisa por llegar a un acuerdo antes del fin del curso parlamentario augura poco bueno para el mantenimiento de la moratoria nuclear en España, que es el gato encerrado en la negociación. Lo peor sería que, además, también hubiera un sapo bicéfalo a punto de ser engullido por el Ejecutivo.