Del necesario abandono de los combustibles fósiles

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Restos de chapapote en una playa del parque Gulf State (Alabama), el pasado 30 de junio. / Dan Anderson (Efe)

La compañía BP anunció el jueves que cree poder sellar con éxito para el 27 de julio próximo el pozo de petróleo que mana desde el pasado 20 de abril en el Golfo de México, frente al delta del Misisipi.

Las perspectivas de la petrolera indican que entre el 20 y el 27 de julio podrán sellar definitivamente el pozo de la plataforma Deepwater Horizon que ha causado el mayor desastre ambiental conocido en Estados Unidos. Nada es casual: el día 20 se espera la visita del premier británico, David Cameron, a Barack Obama, y el 27 es la fecha fijada para que BP presente sus resultados del segundo trimestre del año.

Por esas coincidencias y por el penoso comportamiento de la compañía desde que se produjera la explosión y se iniciara la fuga de petróleo, además de la muerte de nueve personas, el pasado 20 de abril, no parece que haya demasiados motivos para el optimismo. Alguno hay, es cierto. Como el de que el presidente Obama haya verbalmente apostado por el desarrollo y potenciación de las energías renovables a raíz de esta catástrofe.

Pero no está claro, sin embargo, que el desastre ambiental causado por BP vaya a suponer un giro radical para plantear el abandono progresivo de los combustibles fósiles, y especialmente el petróleo, como principales suministradores de energía.

Puede parecer redundante este asunto, puesto que aquí mismo ya fue tratado. No lo es. Al menos no lo parece así cuando desde distintas perspectivas y lugares la catástrofe originada por BP sigue siendo motivo para pedir, de nuevo, la necesidad de cambiar las fuentes de energía peligrosas y altamente contaminantes. Y el crudo lo es.

El accidente en Deepwater Horizon y sus consecuencias fueron hace unos días considerados como la [posible] Toma de la Bastilla para la industria petrolera por una autorizadísima voz, la de Ulrich Beck, que aboga por el giro radical al que antes me refería basándose en la probada capacidad destructiva del crudo.

En lo que a nosotros respecta, resulta que, en pleno desparrame petrolero en el Golfo de México, hemos sabido que tuvimos uno similar a pequeña escala frente al Delta del Ebro, por obra y gracia de prácticas inseguras de nuestra Repsol en sus prospecciones marinas que le han valido la apertura de un procedimiento penal.

Y días antes, la Asesoría Jurídica de Ecologistas en Acción informaba de que un desastre similar al de BP en el Golfo de México no estaría incluido, a nivel de petición y obtención de responsabilidades, en la Ley de Responsabilidad Ambiental aprobada en la legislatura 2000/2004

Con estos mimbres, el cesto resultante tiene apariencia un tanto sombría. Pero en este caso, y a la vista de lo ocurrido, parece meridianamente clara la necesidad del giro radical hacia el abandono progresivo de los combustibles fósiles.

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