La distancia desde Groenlandia hasta Yasuní

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Perforación petrolera en el Parque Nacional de Yasuní (Ecuador). / greenpeace.org/espana

Afortunadamente, Greenpeace sigue dando que hablar. Su atrevida última acción en Groenlandia va a conseguir, aliada con el final del verano, detener las prospecciones recién iniciadas en aguas de Groenlandia, última muestra de la voracidad sin límite y sin escrúpulos de las genéricamente denominadas compañías petroleras.

Desgraciadamente, casi nada parece que sea posible contra las intenciones de la industria transnacional de seguir explotando sin freno la gallina de los huevos de oro, que no es otra que la Tierra, nuestro planeta: está dispuesta a repetir el cuento.

Eso se colige de que, todavía humeantes y malolientes los restos de la cadena de negligencias y errores cometidos por BP en el Golfo de México, otra empresa similar, Cairn Energy,  acometa deprisa y corriendo las perforaciones en la plataforma submarina cercana al Ártico aprovechando la mengua registrada en los hielos gracias, entre otras cosas, a la variación del clima ya provocada en buena medida por las emisiones de CO2 debidas en buena parte a la utilización de combustibles fósiles.

Tampoco parece importar que un desastre tan fresco como el de la plataforma Deepwater Horizon pueda hacernos ver que cosas como la ocurrida en el Golfo de México no contribuyen precisamente al mantenimiento de la biodiversidad. Ni que, a consecuencia de tamaña destrucción –­– de cuya magnitud real solamente conocemos los 6.240 millones de euros que BP dice haber empezado a pagar en indemnizaciones––, la reacción de Obama fuera paralizar los proyectos de explotación de los yacimientos de hidrocarburos en Alaska.

Las autoridades de Groenlandia, incapaces de aplicarse el refrán de las barbas del vecino, han permitido que la anunciada carrera por el petróleo del Ártico comience factualmente en sus aguas territoriales. Poderoso caballero…, por continuar con los símiles. Todo sea por el beneficio que acarrea lo que llamamos desarrollo.

Sin embargo, no sólo el clima otoñal aliado de las acciones desde el buque de Greenpeace induce a albergar algún sentimiento equiparable al nombre del ecolonavío: Esperanza. Por mucho que se pretendan ignorar, hay acuerdos y decisiones políticas que van en sentido contrario de lo que pretenden las petroleras transnacionales.

Hace pocas semanas, menos de un mes, que se ha concretado una iniciativa novedosa y que ha costado años de negociación, señal de que, a pesar de todo, los avances reales siguen siendo costosos. Yasuní. El petróleo que se encuentra en el subsuelo de ese parque natural amazónico de Ecuador seguirá estando donde está: no será explotado gracias a un acuerdo, difícil, entre el Gobierno de Rafael Correa y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

A cambio, se crea un fondo de capital administrado por el PNUD con participación de organismos ecuatorianos incluyendo al Estado por el que el país obtendrá el equivalente a la mitad de los rendimientos que obtendría si se explotara ese petróleo, es decir, una suma estimada en alrededor de 3.000 millones de euros. Los intereses del fondo servirán para la protección del Parque Nacional del Yasuní y de otros parques ecuatorianos, entre otros objetivos sociales.

El quid pro quo parece limpio y beneficioso para el medio ambiente. En opinión de Rebecca Grynspan, responsable regional del PNUD, se ahorrará la emisión al ambiente de más de 400 millones de toneladas de dióxido de carbono y, por tanto, no solamente es un apoyo a la lucha contra el cambio climático, sino que es también una muestra de corresponsabilidad social.

La funcionaria internacional cree, y tiene razón, que el acuerdo “rompe el paradigma de las relaciones Norte-Sur, pues los países industrializados no son los únicos contribuyentes [a la lucha contra el cambio climático], pues el principal es el pueblo ecuatoriano que renuncia a explotar sus recursos petroleros en beneficio de un modelo de desarrollo totalmente distinto”.

A pesar de que costó años llegar a establecer el acuerdo –y de que las dificultades persisten, pues falta concretar la ayuda financiera–, me pregunto si alguna vez alguien se ha planteado algo similar en relación con zonas como, por ejemplo, la isla de Groenlandia, el Ártico, o tantos otros sitios. ¿Abrirá el Yasuní un camino hasta hace poco inexplorado? ¿Será valorado o tenido en cuenta como un precedente a imitar en la próxima Cumbre del Clima a final de año en Cancún? O, lo más importante: ¿Hallará Ecuador la financiación necesaria para que el proyecto de conservar intacto el Yasuní llegue a ser realidad?

3 Comments
  1. sandra chaves says

    HOOOOOOOOLA

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