Después de Japón: el futuro nuclear de España

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[caption id="attachment_822" align="alignright" width="300" caption="Mapa de las centrales nucleares españolas. / Tyk (Wikimedia)"][/caption]A la canciller Ángela Merkel ya se le ha criticado duramente horas después de que decidiera aplazar por tres meses la decisión de prolongar la vida de las 17 centrales nucleares alemanas, tras anunciar la paralización de las siete más antiguas. Tiene la vista puesta en las elecciones de Baden-Württenberg de dentro de diez días, dicen desde la oposición socialdemócrata, verde e izquierdista.No seré yo quien defienda las políticas de la conservadora össi, pero lo menos que hay que reconocerle es sensibilidad ante los acontecimientos que se producen en el mundo –es decir la catástrofe nuclear que se avecina en Japón– y en su propio patio trasero: el sábado, 48 horas después del tsunami causante de los problemas nucleares en Fukushima, Onagawa y Tokai, se produjo la primera manifestación antinuclear masiva en Alemania, anticipo de las muchas que vendrán en un país en el que el 80% de la población se opone al mantenimiento de la energía nuclear.Sólo horas después del pronunciamiento de Merkel, la Unión Europea mostró la misma inoperancia que ha caracterizado su labor sobre las recientes, sucesivas y vigentes insurrecciones populares en Oriente Próximo. El dramatismo declarativo del comisario de Medio Ambiente, Günther Öttinger, no refleja la realidad: el Parlamento de los 27 simplemente recomendó ayer por la tarde que se realicen pruebas especiales de seguridad en todas las centrales de los estados miembros. Serán voluntarias: la jurisdicción europea no alcanza lo nuclear. Es decir, los gobiernos tienen a su disposición una gatera por la que cabría un elefante para que esas comprobaciones queden en agua de borrajas; o no, a gusto del consumidor y dependiendo de la presión popular.[caption id="attachment_825" align="alignright" width="225" caption="Central nuclear de Garoña (Burgos). / Enrique Truchuelo (Efe)"][/caption]¿Y en España, qué pasa? Miramos para otro lado. El PP ni está ni se le espera en el debate sobre el futuro de lo nuclear, que está abierto y bien abierto, guste o no guste, sino más bien disguste tras el terremoto, el tsunami y los problemas de las centrales nucleares en Japón. Al PSOE no le parece necesario abrir formalmente la discusión, aunque el ministro de Presidencia lo considere oportuno. Parece que insinúan que “no toca”, como Aznar y su FAES, aunque Zapatero se reuniera ayer con responsables del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) sin declaraciones posteriores.No importa que la emergencia japonesa se agrave en cuestión de horas. Quién sabe qué nivel alcanzará en el lapso que va de la escritura a la publicación de estas líneas. Se habla de que la nuclear es necesaria para que España tenga independencia energética, con mayúscula. De que no es probable que España se vea afectada por un maremoto o terremoto de semejante magnitud que la de Japón, y demás. No es ése el debate real. Ése es el debate que interesa a las eléctricas, que son las dueñas de las centrales nucleares.A los ciudadanos el debate que nos debe interesar es el de cómo sustituir por otras energías– renovables, por supuesto– el 21% del mix energético nacional procedente de las nucleares. Es el momento de abrir el debate formalmente. Se da, aquí y ahora, el carácter de “oportunidad” que tanto gusta a los legisladores a la hora de proponer y aprobar una nueva norma.No es una proporción despreciable la de la energía que obtenemos de la centrales de fusión. Pero sería deseable un plan de sustitución a medio plazo, sobre todo cuando, en pocos años, los reactores españoles, empezando por el de Garoña, van a llegar a sus estipulados cuarenta años de vida útil… Y supuestamente segura.Es de esperar que el Gobierno de España, que se ha sumado a los de Alemania, Dinamarca, Grecia, Portugal, Reino Unido y Suecia para que la UE suba el objetivo de disminución de emisión de CO2 para 2020 del 20% al 30%, no pretenda alcanzar esa cota incrementando el uso de energía nuclear que, como falazmente se propala, es “limpia” porque no expele dióxido de carbono a la atmósfera. Y confiar en que el Ejecutivo actual y los venideros hagan honor a las dudosas palabras del ministro Miguel Sebastián.