Merkel apaga las nucleares y la AIE alerta contra el aumento de CO2

Imagen de archvio de Angela Merkel. / bundeskandlerin.de

Los partidarios de la energía nuclear podrían estar hoy de enhorabuena tras leer el informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que establece que, a pesar de la crisis, las emisiones de C02 llegaron a un nuevo record en 2010 y es prácticamente inalcanzable el objetivo de evitar que el calentamiento global supere los dos grados de media.

El texto, filtrado el domingo por The Guardian, es ciertamente alarmante por cuanto supone un aparente jarro de agua fría para las esperanzas depositadas y los esfuerzos realizados en muchas zonas del planeta en la lucha contra el cambio climático. Y también puede asustar porque fija el horizonte de peligro social real por las consecuencias del calentamiento tan próximo como a finales de este mismo siglo.

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Pero aquellos pronucleares, si se alegraran, caerían en el mismo simplismo irresponsable con el que en la última década se ha procedido, por ejemplo, a seguir con la destrucción de la costa española: total -decían- si ya está medio urbanizada, no hay razón para que no terminemos la faena en aras del progreso social.

El informe de la AIE se conoce, precisamente, en un momento en que, tras Fukushima, crece el convencimiento de que la energía nuclear es difícilmente defendible como segura, limpia y barata.

Cosa que, obviamente, los partidarios del átomo están dispuestos a rebatir, como intentarán sin duda aprovechar los nuevos datos de la Agencia para contraatacar en su guerra publicitaria porque, dirán, las centrales nucleares no emiten CO2 a la atmósfera y son, por tanto, el mejor instrumento energético para impedir el calentamiento global. Así de simple… y de engañoso.

Pues el mismo economista jefe de la AIE, Fatih Birol dijo al diario británico que el supuesto desastre puede ser evitado todavía: “Si tomamos muy pronto acciones audaces, decisivas y urgentes, aún tenemos una oportunidad de éxito” en que no se sobrepasen esos fatídicos dos grados de media en la temperatura global.

Como si fuera una aventajada lectora de The Guardian o tuviera línea directa con Birol, la canciller alemana Angela Merkel decidió que las centrales nucleares alemanas estarán cerradas en 2022. No sólo pesa el efecto Fukushima en ella y su partido, sino también la pérdida electoral del feudo democristiano por sesenta años de Baden Wurttenberg, apenas un mes después del inicio del desastre japonés, y las manifestaciones antinucleares masivas.

Por una cosa o por otra, quizá por las dos, quién sabe, Merkel y la CDU renuncian así a parte de su programa electoral de 2009. Y parece decidida a convertir Alemania en una primerísima potencia de renovables sustituyendo, que tiempo tiene, el 23% de su mix energético procedente de la nuclear.

Otros en teoría más ambientalistas que la canciller han hecho al sur de Europa el camino contrario. Y no por ausencia de exigencias ni de propuestas que consultar y adaptar, si fuera preciso, para que sea posible la sustitución del 21% del mix energético español que viene de la nuclear. Puede que falte la audacia que pide Birol y parece aplicar Merkel para acabar con nuestras problemáticas centrales.