Por qué parece que el PRI ganará en México en julio próximo

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Enrique Peña Nieto. / Wikipedia

¿Por qué razón los mexicanos aparentan querer o quieren claramente que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) vuelva a tener la Presidencia de la república mexicana? La pregunta puede parece extemporánea, ya que las elecciones presidenciales para sustituir a Felipe Calderón, del Partido de Acción Nacional (PAN) no serán hasta julio de 2012. Sin embargo, cada vez más se dice, se comenta, se lee en las encuestas que la formación que gobernó durante 70 años y se convirtió en partido-estado cuenta con el favor de la mayoría de ciudadanos para volver a la primera magistratura del país. Y esto al margen de que su candidato sea Enrique Peña Nieto, la nueva imagen moderna, o Manlio Fabio Beltrones, representante de la vieja burocracia partidaria.

Manlio Fabio Beltrones. / Wikipedia

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La razón primordial es dizque clara. Se llama seguridad. No debería ser necesario volver sobre la violencia que azota al país y que amenaza con dejar a un resultado de 60.000 muertos cuando Calderón entregue el poder, cinco meses después de la elección de julio. Pero sí lo es porque, como dejó claro en su reciente quinto informe anual de Gobierno –lo que en España sería un discurso sobre el Estado de la Nación–, el presidente piensa agotar la legislatura manteniendo su política de militarización de la lucha contra el narcotráfico que tan pingües beneficios ha reportado… a la Parca, a la Calavera Catrina omnipresente en México.

Será así a pesar de las críticas que a diestro, siniestro y desde todos los ángulos posibles se hacen a esa orientación militarista del combate al narcotráfico. La última y más notoria le ha llegado al presidente mexicano desde la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas del gobierno estadounidense. Su director, Gil Kerlikowske, aquí llamado el zar antidroga, lo dijo clarito, según un despacho de la agencia Efe publicado el viernes en México: “La aplicación de la ley y la vigilancia necesitan realizarse con la policía, no con los militares. La policía necesita ser profesional y fiable, y tener la confianza de los ciudadanos”.

Ahora bien, ¿Es la policía mexicana como debería ser, según Kerlikowske? Obviamente, no. Por eso el zar antidroga añadió que “una meta sería continuar por ese camino de mejoras en el imperio de la ley, en el sistema de justicia y en la policía”. Ni una palabra sobre los canales de blanqueo de dinero y de financiación.

Nada de esto parece que importe mucho al presidente Calderón, quien acaba de tener esta misma semana un rifirafe dialéctico con el poder judicial mexicano –el Consejo de la Judicatura Federal–,  a cuento de la liberación de un acusado de corrupción, y que el mandatario concluyó desviando el tiro hacia los legisladores de quienes dijo que “hacen unas leyes tan exquisitas, tan refinadas, nos ponemos tan garantistas, que al rato ya no hay manera de agarrar a los delincuentes”.

El camino para el gobernante PAN está claro entonces. Así lo indican también los números. El proyecto de presupuestos de 2012 presentados el viernes, a falta de debate, el Ejecutivo planea un aumento del 44% el gasto a Secretaría (ministerio) de Gobernación (Segob), un 28% a la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) y otro 10% a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), un 11% a Defensa Nacional (ejército) y un 8% a la Marina, según el diario El Universal (otros diarios dan números distintos aunque muy similares). Educación y Salud se quedan con unos modestos incrementos del 5% y el 3%, respectivamente.

Con esa filosofía y esa práctica nada hace prever que la violencia vaya a disminuir en el último año de mandato de Calderón. Consecuentemente, los mexicanos cada vez más recuerdan los tranquilos años del PRI, pues la inseguridad y sus consecuencias se han convertido en tema central de la vida social. Esto no significa que en tiempos del partido-estado no existiera el narcotráfico, sino que estaba en cierto modo controlado.

Sócrates Rizzo, exgobernador priísta de Nuevo León, cuya capital es Monterrey, lo dijo en una famosa conferencia en la Universidad Autónoma de Coahuila en febrero pasado, ahora muy recordada, en la que habló de estupefacientes: “De alguna manera se tenía resuelto el problema del tránsito , pero había un Estado fuerte y un presidente fuerte, una procuraduría fuerte, y había un control férreo del Ejército. Lo que controlaban los gobiernos priístas es que ese tráfico no perturbara la paz social”.

De esto parece acordarse la población ahora, tras casi dos sexenios seguidos de mandatos del PAN, con Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012). Por que, además, la situación económica general no ha mejorado para el común de los mortales mexicanos. Según el documento Las Finanzas Públicas de la Pobreza, publicado el 1 de septiembre por el Centro de Estudios de la Cámara de Diputados mexicana, el número de personas pobres pasó de 45,5 millones en 2006 a 57,7 millones en 2010. Es decir, ahora es pobre la mitad de los 112 millones de mexicanos.

Narcoviolencia incontrolada, quizá hasta incontrolable con las actuales políticas, y pobreza en aumento constante hacen que los ciudadanos busquen refugio idealístico en el pasado. O sea en el PRI. La izquierda intenta aglutinarse sólidamente en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) para conseguir la victoria que le fue robada en 2006. Y a no ser que logre presentar la alternativa fiable que le ha dado en repetidas ocasiones el gobierno en el Distrito Federal, el partido-estado tiene muchas papeletas para recuperar el poder central de la República de México el año próximo. A día de hoy y aunque sea muy pronto para hacer pronósticos válidos.

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