Las verdaderas razones de la «traición hidráulica» de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy durante la clausura del último congreso de la Empresa Familiar. / Ricardo Suárez (Efe)

-¿Resucitará el trasvase del Ebro?
-No figurará en nuestro programa."
(Entrevista de Enric Hernández a Mariano Rajoy aparecida en El Periódico de Catalunya el día 23 de octubre)

Desde que un triunfante José María Aznar enunciara en la plaza de toros de Murcia, muy torero él, su famoso “Si hay votos, habrá agua”, en referencia al trasvase desde el Ebro a Valencia, Murcia y Almería, ha pasado mucho tiempo, y muchas cosas. La última, la escueta negación del actual líder del PP,  que será probablemente presidente del Gobierno dentro de unas semanas.

Publicidad

La “traición hidráulica” de Rajoy a los sacrosantos principios trasvasistas del Ebro del PP, oficializados en un Plan Hidrológico Nacional (PHN) que fue inmediatamente derogado por José Luis Rodríguez Zapatero tras su triunfo inesperado de marzo de 2004, ha levantado ampollas y será objeto de grandes diatribas entre las comunidades periféricas durante la próxima campaña electoral.

En la noche del 14 de marzo de aquel año y madrugada del día siguiente hubo saltos de alegría en Zaragoza, Huesca y Teruel; y llanto y crujir de dientes en Alicante, Murcia y Valencia. “No habrá trasvase del Ebro al Segura”. La misma frase, consecuencia directa de la derrota del PP, provocó efectos tan encontrados.

La calculadísima ambigüedad de Rajoy publicada el pasado domingo ya ha levantado ampollas entre los populares que gobiernan en Aragón y los que lo hacen en Murcia y Valencia, especialmente. Los de las provincias mediterráneas confiaban con la boca grande en que una de las consecuencias directas del esperado triunfo del PP en el 20-N sería la puesta marcha casi inmediata de las obras para trasvasar agua desde el Ebro hacia el sur. Lo daban por hecho.

Por si alguien lo dudaba, las componendas electorales y gubernamentales también son patrimonio del PP, como queda ahora demostrado. Resulta que, en el ínterim, los muchachos de Rajoy ganaron las elecciones en Aragón, desbancando a los socialistas de Marcelino Iglesias, que se oponía firmemente a la transferencia de caudales que nos ocupa, quizá en un único falso arrebato medioambientalista habida cuenta del largo historial de desmanes ecológicos favorecidos y permitidos por el ahora secretario de organización del PSOE.

Pero, siempre hay un pero, la victoria del 22-M que llevó al Palacio Pignatelli a Luisa Fernanda Rudi no fue lo suficientemente amplia como para gobernar con las manos totalmente libres, aunque lo haga el PP en solitario y con tecnócratas. La estabilidad política no obstante se la da el pacto de legislatura alcanzado tras largas negociaciones –tomó posesión el 15 de julio– con el Partido Aragonés Regionalista (PAR), cuyo jefe de filas, el conocido antritrasvasista José Ángel Biel, preside ahora las Cortes aragonesas después de haber sido vicepresidente de Iglesias.

Así que el apuntalamiento de un gobierno regional del PP sin mayoría absoluta, el de Aragón, se lleva por delante las aspiraciones de otros dos del mismo partido que tiene amplia predominancia en sus comunidades, los de Murcia y Valencia. Y un partido regionalista minoritario, el PAR, que incluso ha bajados dos escaños de 2007 a 2011 ––de 9 a 7–– se erige en árbitro de la situación. Es decir, exactamente la misma situación que el PP de Valencia y Murcia achacaban al PSOE aragonés de Marcelino Iglesias, que también lograba estabilidad gracias al PAR y la Chunta Aragonesista.

A lo largo de la costa mediterránea se oyen las voces de los presidentes Alberto Fabra y Ramón Luis Valcárcel clamando, con poca credibilidad, que Rajoy sigue pensando que “hay que llevar el agua allí donde hace falta”, mientras se aferran al ya manido eslogan de “Agua para Todos”.

Las interpretaciones son varias, pero todas sangrantes. Para muestra, un botón: “Al fin resplandece la verdad: al PP no le interesaba el agua más que como caudal de votos. La gran traición se ha consumado ahora que el electorado está cautivo. El argumento sobre el que se construyó el nacionalismo hidraúlico, la fuente de la que ha manado el intenso victimismo y la fabricación del agravio imperdonable a los murcianos se revela finalmente como la gran mentira, la mayor estafa política de toda nuestra democracia”.

Son palabras de Patricio Hernández, presidente del observatorio políticosocial izquierdista Foro Ciudadano de la Región de Murcia. Las mismas frases servirían para aplicarlas en la Comunidad Valenciana, especialmente a las comarcas del sur de Alicante, que son las que el PP ha convertido, junto a las murcianas, en punta de lanza de su política trasvasista de reclamo de los caudales del Ebro y del Tajo. La fiesta electoralista continúa.