El probable fracaso en Durban hará que la próxima gran crisis sea ambiental

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Activistas de grupos civiles, ayer, en un acto de protesta contra la celebración de la XVII Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica. / Nic Bothma (Efe)

Tal como ha ido la semana, podemos aventurar que, con bastante probabilidad, la crisis sistémica que nos sacude será sucedida por otra ambiental sin precedentes. La idea tan pesimistamente agorera viene a la cabeza por el discurrir de la reunión que se celebra en Durban (Sudáfrica) para tratar de renovar el Protocolo de Kyoto a su expiración (2012) y evitar que el calentamiento global prosiga su trayectoria ascendente y, de momento, imparable.

A nadie le ha pillado de sorpresa que la Cumbre del Clima en la ciudad surafricana no tenía ni tiene muchas perspectivas de éxito. Desde la anterior en Cancún (México), los pronósticos no eran nada halagüeños. El precedente de Conpenhague, hace dos años, ya avisaba de lo que podía pasar. Las últimas llamadas de atención tampoco han servido de revulsivo. Demasiado tarde. Y va a pasar lo que se barruntaba que iba a pasar: no habrá salvo milagro, y nadie cree ya en ellos, compromiso de continuación y mejora del Protocolo de Kyoto y el objetivo de evitar una elevación de dos grados en la temperatura media del planeta para 2020 no se alcanzará.

Con una simple mirada al calendario de años futuros, podemos deducir que la actual crisis sistémica, cuya superación más próxima se fija ya para 2015, será seguida por otra ambiental de proporciones que desconocemos, según la temperatura media del planeta se vaya aproximando a ese incremento de dos grados que supuestamente evitaría la renovación de Kyoto. Depende de la contención que muestren algunos de los 150 gobiernos que suelen asistir a las Cumbres del Clima.

Pero las perspectivas no son buenas. Conforme se enquista la crisis sistémica actual, se emiten teorías para superarla gracias al crecimiento. Curioso, pues desde hace algunos años muchos tienen claro la necesidad de moderarlo o incluso la de decrecer para que se pueda alcanzar el equilibrio ambiental sostenible.

Pero precisamente los dinamitadores de Kyoto son, con Estados Unidos y China a la cabeza, las economías que no quieren renunciar a su crecimiento a costa de lo que sea, indiferentes a que ese “lo que sea” significa un aumento cuasi suicida de las emisiones de CO2. ¿Demagogia? ¿Por parte de quién?

Tampoco faltan los oportunistas, especialmente los pronucleares que vuelven a cantar las excelencias de esa energía “limpia, barata y segura”, adjetivos que han quedado suficientemente demostrados como inservibles para ser aplicados en este caso.

Como quedó recientemente constatado, para asombro de muchos, que la disminución de actividad industrial derivada de la crisis sistémica no ha redundado en un descenso global de las emisiones de CO2. De lo que se podría colegir que o bien el sistema de limitación de emisiones solo funciona en áreas como la Unión Europea, o que hemos llegado al peligroso punto de que se puede decrecer insosteniblemente.

Solo hay que esperar unos pocos días para ver de qué forma los reunidos en Durban salvan la cara con vanas declaraciones de esperanza, como ya hicieron en Cancún. O dar credibilidad a las declaraciones optimistas de ayer viernes mismo de la secretaria de la ONU para el Cambio Climático, la costarricense Christiana Figueres, y creer en un improbable milagro. Y, si no, ver llegar la siguiente crisis, que será ambiental.

1 Comment
  1. enante says

    A la raza humana en su conjunto se puede aplicar aquello que se dice del género masculino: que no puede hacer dos cosas a la vez. Preocupados por la crisis económica no vemos que un problema aún mayor se nos viene encima: el cambio climático y sus también terribles consecuencias económicas. Necesitamos políticos que sepan afrontar los dos problemas a la vez.

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