Una banda de Sonora lanza sus corridos literarios como contrapropuesta al narcocorrido

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Desde hace años, los narcocorridos del norte mexicano han tenido éxito y han causado también polémica. Incluso hubo en 2011 un intento del Gobierno de Felipe Calderón de limitar su difusión radiofónica y televisiva por su clara apología de la cultura de la violencia, cuando no de la violencia misma que inunda la vida nacional de la mano de los carteles de la droga.

Por aquel entonces, por la época de la frustrada prohibición, nació en el estado norteño de Sonora un grupo de corridos que propone desde entonces una alternativa musical al narco y a sus narcocorridos con una propuesta literaria que intenta incitar a la gente a leer.

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Se llama el grupo “Libro Abierto” y pretende aunar la música norteña y la literatura, como reza en la carátula de su primer disco, recién publicado gracias a la ayuda del Instituto Sonorense de Cultura y del Consejo de Desarrollo Cultural de Hermosillo, capital de ese estado noroccidental mexicano.

El nombre lo tomó el grupo de una canción/bolero norteña así titulada cuando lo fundaron hace ya dieciocho meses en Hermosillo. Lo forman actualmente cuatro músicos: Ringo García, guitarra; Malik Peña, bajo; Fernando Peralta, voz, y Carlos Valenzuela, acordeón. Son maestros de música de entre 32 y 42 años, de diferentes especialidades (salsa, jazz) y solamente Valenzuela se dedicaba con anterioridad a la música tradicional norteña, los corridos.

Musican desde cuentos de los hermanos Grimm hasta poemas de Federico García Lorca a ritmo de corrido. El primer disco, “Leyendo de corrido”, ofrece la versión norteña de Caperucita Roja y Blanca Nieves, de los Grimm, la de las Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz; el Corrido de Don Quijote, de autoría original obvia; el Pinoccio, de Carlo Collodi y otros ciertamente más ambiciosos musical y literariamente como La Cumbia de la Metamorfosis, sobre la obra de Franz Kafka, El Corrido del Conde Drácula, de Bram Stoker, el Romeo y Julieta de William Shakespeare, o La Casada Infiel, de Federico García Lorca.

Esta música, además de intentar popularizar la literatura entre los oyentes de corridos, “no es una alternativa al narcocorrido, sino una contrapropuesta”, explica David Norzagaray, promotor, compositor y arreglista del grupo.

“Nos surgió la idea cuando veíamos la mala calidad literaria de la música comercial y la apología de la violencia”, explica. Por eso, lo que hace Libro Abierto “es un intento literario como contrapropuesta a la cultura de la violencia, lo que no quiere decir que en nuestras bases literarias no la haya, porque la hay, por ejemplo, en el cuento de Hansel y Gretel”.

Según su visión, el narcocorrido actual “está subvencionado, pagado, por el narco, como hay otros corridos que están pagados por empresas”. En cualquier caso, los carteles o los relacionados directamente con los diversos tráficos ilegales en los estados norteños mexicanos han tomado nota de la existencia de Libro Abierto.

El pasado lunes 12 de noviembre fueron invitados para cerrar las vísperas festivas de San Diego, en la misión del mismo nombre, en Pitiquito, bien al norte de Sonora, cerca de la frontera con Estados Unidos. Tras actuar con sus corridos literarios en el atrio de la parroquia, acompañaron con su música la celebración de la misa en el interior del templo.

Entonces, feligreses y músicos oyeron un grupo de narcocorridos que tocaba fuera del templo, interfiriendo con la música y la liturgia de adentro. “Eran enviados de los narcos del pueblo [5.000 habitantes] para marcar su territorio”, aseguraba David tres días después tomando una cerveza en Hermosillo y ya repuesto del mal trago que supuso que el párroco tuviera que escoltar a Libro Abierto hasta su coche, al acabar la celebración de madrugada, mientras el narcocorrido seguía atronando fuera de la iglesia.

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