Greenpeace y el Ártico: ¿Quién sale a la calle por el medio ambiente?

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Imagen de Alejandro Sanz para la campaña de Greenpeace España. / greenpeace.org/espana/

Dos millones setecientas mil firmas en favor o en contra de algo son muchas. Aunque sean en todo el mundo. De ésas, cien mil son españolas. Son las que lleva recogidas Greenpeace con su campaña global #SalvaelÁrtico para evitar que la pretrolera Shell mantenga sus prospecciones petrolíferas en aguas abiertas del gélido océano boreal. Representan también una formidable presión: la trasnacional anunció el martes pasado que, de momento, abandona sus proyectos árticos.

Al día siguiente, Greenpeace España presentó su rama nacional de la campaña en su habitual línea publicitaria, invitando a sumarse a una cadena virtual para rodear el Ártico pidiendo su conservación. El gancho para que el personal de a pie se una son famosos personajes mediáticos como Alejandro Sanz –quien encabeza la propaganda–, Gran Wyoming, Juan Ramón Lucas, Coque Malla, y otros.

Con esos imanes es fácil que muchos ciudadanos se sientan atraídos a colaborar con la buena causa y la campaña española consiga buenos resultados mediáticos porque, además, el deterioro del Ártico nos afecta directamente por mucho que se empeñen los negacionistas climáticos. Sin embargo, el problema que las organizaciones ecologistas afrontan en esta época de crisis sistémica brutal es, por un lado, que las protestas contra las políticas de azote económico subsumen todas las demás y, por otro, que las reclamaciones ambientales suscitan solidaridad pasiva como la de las firmas, pero rara vez alcanzan el nivel de movilización que consiguen las reivindicaciones económicas o sociales.

Lo llevamos viendo hace tiempo. Es relativamente corriente que una protesta callejera social o económica en una ciudad media española saque a varios miles de ciudadanos a la calle. Cuando la reivindicación es estrictamente ambiental, apenas unas cuantas decenas salen, aunque lo hagan en veinte o treinta poblaciones simultáneamente.

Quizá por esto tenga especial valor la explicación de Ecologistas en Acción de las razones por las que se sumó a la querella de IU contra el ex tesorero del PP, Luis Bárcenas. Pues resulta que, aquí y en la Cochinchina ––mayormente en ésta––, la materialización de las agresiones al medio ambiente vienen normalmente precedidas de chanchullos, sobornos, cohechos, tráfico de influencias, extorsiones, negociaciones prohibidas a funcionarios... todo ese rosario de delitos que están siendo investigados en las zonas españolas donde, curiosamente, se han producido en los últimos años los mayores expolios del patrimonio natural a manos de empresas sospechosas de haber usado esos recursos ilegales para obtener las aquiescencias administrativas pertinentes.

El cuento anterior se aplica a escala global. Basta observar cómo se consiguen determinadas licencias o permisos en muchos otros lugares del globo, sea en la América Latina amenazada por la minería incontrolada, sea en el Ártico que nos ocupa. Por no hablar de las exhaustivas explotaciones madereras en países del Índico o de tantos otros casos.

Sin embargo, el malestar o la protesta ambiental rarísima vez tiene la repercusión callejera que la social o económica en el mundo más desarrollado. En el otro, los abusos ambientales originan violencia frecuente cuando amenazan o destruyen el modo de vida de comunidades enteras.

La movilización on line es, por otro lado, rápida e inmediata. Lo muestra que la cadena por el Ártico de Greenpeace España contabilizara el viernes a mediodía, apenas 48 horas después de su lanzamiento, 1.532 adhesiones de ciudadanos, según los datos de que disponía la organización ecologista el viernes a mediodía. La pregunta es: ¿Esa cantidad de firmantes en dos días es mucha o es poca, teniendo en cuenta que Greenpeace tiene más de 100.000 socios desde hace casi diez años?

La campaña seguirá abierta hasta que la ONU decida proteger el Ártico frente a agresiones similares a la iniciada y, momentáneamente, detenida de Shell. Pilar Marcos, responsable de campañas oceánicas de Greenpeace, confía en que será un éxito porque los ciudadanos ya son conscientes de que tienen “potestad on line para conseguir cambios políticos”. Los 2,7 millones de firmantes ––cien mil de ellos españoles–– de la iniciativa global y el resultado obtenido avalan su opinión. Aunque queda en el aire el interrogante sobre la reticencia a salir a la calle del “concienciado ambiental”.


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3 Comments
  1. enante says

    Resulta que yo, socio de Greenpeace, no me sumado (de momento) a la cadena virtual. Para sumarte hay que enviar un SMS que cuesta 1,20 euros. Mi cuota mensual es lo más amplia que mi economía me permite y pensé que hay que ponerse algún limite. Sirva ello para dejar constancia que todos los socios de Greenpeace apoyamos el Ártico todos los meses y no solo en campañas puntuales.

  2. chesko says

    1,20 euros es muy poca cosa para desanimar a alguien más o menos convencido. Ya quisiéramos tener la gente que se manifiesta con frío y con lluvia contra los trenes nucleares en Alemania!!!

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