Cañete convierte la guerra del agua en conflicto permanente de baja intensidad

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Imagen del Canal Tajo-Segura. / chsegura.es

En vísperas de la celebración del Día Mundial del Agua (22 de marzo) el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha presentado un borrador del Plan de Cuenca del Tajo que no plantea soluciones de futuro para la gran controversia que rodea al trasvase de ese río al Segura. El equipo de Miguel Arias Cañete ha convertido simplemente la agria guerra del agua entre Castilla-La Mancha y Murcia, fundamentalmente, en un conflicto de baja intensidad que tiene su continuidad garantizada puesto que ninguna de las partes considera satisfactorio el plan presentado.

Lo único que se ha logrado es un acuerdo soterrado y a regañadientes favorecido por el hecho de que el Partido Popular gobierna a todos los niveles – en Madrid, en Toledo, en Murcia y en Valencia – y que deja escenarios abiertos: todas las partes hablan de alegaciones al borrador y negociaciones futuras.

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El gobierno murciano y los regantes del Segura aceptan como mal menor la reserva hídrica mínima de 400 hectómetros cúbicos en la cabecera del Tajo para que se pueda seguir trasvasando, pero saben que cada desembalse les costará una pequeña escaramuza política, cuando no otra batalla en campo abierto. Lo mismo piensan en el Tajo medio, pues no se han aceptado totalmente las peticiones de caudal mínimo en Talavera y Toledo.

Porque el histórico de caudales que se está registrando en los pantanos de Entrepeñas y Buendía desde hace una década, muestra que los niveles de almacenamiento tienen una marcada tendencia al descenso, con repuntes muy puntuales pero claramente a la baja.

En este sentido, fijar la reserva mínima en 400 hm3 “mutila” el Trasvase Tajo-Segura, según se interpreta en Murcia el borrador del ministerio, pero como también apuesta por la continuidad del canal da margen de confianza a los regantes para negociar con Arias Cañete medidas compensatorias.

Uno de los problemas de fondo es que en la cuenca del Segura no se quiere contemplar como hecho cierto que las necesidades de agua de la cuenca del Tajo han cambiado al alza desde que en 1980 se pusiera en funcionamiento el acueducto para regadío y que las poblaciones de la cuenca de origen reclaman su derecho prioritario sobre esas aguas con respecto a los usos que tengan en la cuenca receptora.

Junto a eso está el rechazo prácticamente frontal a las desalinizadoras de agua del Mediterráneo como sustitutivas del suministro del canal del Tajo. La razón es en buena parte por el precio de ese agua “fabricada” (40/50 céntimos de euro por metro cúbico), más del triple de lo que tienen que pagar los regantes por el agua del Trasvase (12/15 cts/m3) y que fueron rebajadas el año pasado mientras las plantas desalinizadora no funcionaban a pleno rendimiento por unas causas o por otras. Nadie parece haber tomado nota de un estudio de la Comisión Europea que señaló, hace justo un año, el contransentido de que "España es uno de los países con mayor estrés hídrico  y con las tarifas de agua más bajas”.

No obstante, un estudio de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) en fase final de elaboración ha constatado la existencia de mercados informales de agua en la zona del Segura en los que en momentos de sequía se ha llegado a pagar hasta 70 céntimos por metro cúbico. Es decir, cuando la necesidad aprieta hay capacidad económica para afrontar costes superiores.

Queda claro, rememorando los numerosos conflictos por el agua del Tajo entre las poblaciones de aquella cuenca y las del Segura, que la negación maximalista de la otra parte solo ha producido guerras del agua en el pasado ahora convertidas en conflicto de baja intensidad, pero permanente mientras no se encuentre una situación de equilibrio.

La salida al atasco actual debería basarse en una combinación de procedencias del agua, en las que la desalación debe tener su papel “porque es lo que hay; no hay otra”, opina Nuria Hernández-Mora, de la FNCA. Porque, estima, “no se puede establecer en bloque que toda la economía de una región tenga que depender de un recurso externo, sometido a variables climáticas desfavorables y sin atender las nuevas demandas de las zonas cedentes”.

Sin embargo, parece difícil que se pase del nivel de componendas a corto plazo, que es lo que representa el borrador del ministerio, mientras no se plantee un debate abierto y sin trampas en la cuenca del Segura sobre cuáles son las necesidades reales, cuáles las alternativas al esquema actual y cuál es el modelo de desarrollo que se pretende. “Nadie ha tenido la valentía política para abrirlo”, dice Hernández-Mora. Entretanto, seguirán las pequeñas escaramuzas políticas continuas por el agua del Tajo. Sin vencedores ni vencidos definitivos, pero sin tregua alguna.

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