La minería pretende reverdecer laureles marchitos en Aznalcóllar y Portmán

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Imagen de la rotura de la balsa de vertidos tóxicos de la mina de Aznalcóllar (Sevilla) en 1998. / Efe
Imagen de la rotura de la balsa de vertidos tóxicos de la mina de Aznalcóllar (Sevilla) en 1998. / Efe

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Cuando se vuelven a repetir los mismos viejos esquemas que ya han conducido al desastre una vez, regresa también a la memoria el aforismo sobre el hombre, el animal, la piedra y el tropiezo reiterado. Más vívido aflora el recuerdo cuando se recurre subliminal o descaradamente a la consabida justificación del mal menor como creador de riqueza y empleo. Éste último ha sido el argumento principal para justificar los intentos de mantener la actividad en la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), o más recientemente retomar la actividad minera al aire libre en Aznalcóllar (Sevilla), o sustituir la regeneración ambiental de la Bahía de Portmán (La Unión, Murcia) por la simple extracción de los desechos mineros que la colmatan.

No importa, parece, que nunca se hayan solucionado ni el desastre de Aznalcóllar de 1998, que estuvo a punto de afectar gravemente al parque de Doñana cuando la rotura de una balsa arrojó cinco millones de toneladas de lodos tóxicos a la cuenca del río Guadiamar, ni el atentado ecológico más grave en la costa española perpetrado en Portmán, donde se rellenó la bahía con unos 50 millones de toneladas de estériles mineros entre 1968 y 1990, cuando se abandonó la explotación porque no era rentable y se perdieron los puestos de trabajo.

Ni la Junta andaluza ha conseguido que la transnacional sueca Boliden pague los casi 89,9 millones de euros que costó reparar los daños provocados por la rotura de una balsa de desechos mineros ni ningún gobierno murciano ha reclamado jamás a la francesa Peñarroya ni a su sucesora Portmán Golf que repare la destrucción ambiental causada por sus minas. No una, sino varias veces más, se incumple el principio de que quien contamina paga, aunque no sea eso más que una medida paliativa en vez de la preventiva de impedir que se produzca la contaminación.

Demagógicamente se olvidan los precedentes y se agita como carnaza para incautos el espantajo de posibles puestos de trabajo: 1150 (450 estables, 700 indirectos) en la comarca sevillana Corredor de la Plata y 600 (300 y 300) en la murciana Campo de Cartagena. Ambas zonas tienen unos niveles de paro notabilísimos, del orden del 30% en ambos casos. Por eso sus representantes políticos, el alcalde de IU , Agapito Ramírez, en la localidad sevillana y el regidor del PP en la murciana, Francisco Bernabé, apoyan entusiásticamente los nuevos proyectos mineros como si fueran salvavidas para naúfragos. En este segundo caso, la parafernalia propagandística acaba de marcar un hito.

Como nota al margen, hay que señalar que el caso de Portmán, donde PSOE e IU se oponen al proyecto del PP, es si cabe más sangrante pues la nueva solución cercena cualquier posible aplicación de un plan de regeneración integral de la bahía consensuado por los tres partidos, aprobado, publicado en el BOE en 2011 y pendiente de financiación desde que Mariano Rajoy ganó las elecciones. Y en el de Aznalcóllar, apoyado por PSOE, PP e IU, quedaría nuevamente afectado el Lugar de Interés Comunitario (LIC) del corredor verde del Guadiamar, que ya hubo de ser regenerado tras el “accidente” de 1998 y, además, su rentabilidad es dudosa.

Para ambos casos viene bien recordar que  “las antiguas comarcas mineras están entre las más castigadas por el desempleo y el éxodo poblacional de nuestra tierra, ya que la minería se convierte en un monocultivo económico que no deja nada cuando se acaba la explotación de unos recursos que son por definición finitos”, en palabras de María Merello, coportavoz de Equo en Andalucía, único partido que se ha opuesto tajantemente a la reapertura de la mina de Aznalcóllar. Pan para hoy, hambre para mañana, cuando ahora mismo ya se está viendo el futuro de hambre que dejó el pasado minero a cielo abierto en Sevilla y en Murcia, en Aznalcóllar y en La Unión.

Por lo menos, en Sevilla no se intenta engañar a nadie, mientras que en Murcia se pretende disfrazar –de hecho, se hace– de "regeneración ambiental" lo que no será más que una explotación minera bajo el mar que removerá todos los estériles tóxicos depositados en la Bahía de Portmán con unas consecuencias ambientales que son inciertas sino claramente peligrosas. Pero, eso sí, saldrá a licitación pública para que la empresa privada que la gane haga el negocio satisfaciendo la demanda china de minerales de baja calidad. Y cuando se termine la extracción, probablemente se repetirá la historia.

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