Canarias, Castor, Baleares, ‘fracking’… nada que celebrar en el Día del Medio Ambiente

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Protesta contra las prospecciones petrolíferas en el Día de Canarias, el 30 de mayo. / Elvira Urquijo A. (Efe)

Los cinco recursos de inconstitucionalidad admitidos a trámite que acumula ya la reforma energética propuesta por el Gobierno de Mariano Rajoy ilustran suficientemente el clima de crispación ambiental en que este año se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Para España, debería ser día de luto por el entorno tal como van las cosas. Así lo sugiere una somera revisión de las recientes actuaciones gubernamentales.

Los dos últimos recursos aceptados este martes por el Tribunal Constitucional contra la ordenación lesiva que el ministro de Industria, José Manuel Soria, pretende hacer del sector de renovables son de los gobiernos de Andalucía (PSOE-IU) y Extremadura (PP). Como se ve por este último caso, la pretendida solución al déficit de tarifa a costa de las primas a las energías limpias también se ve sometida a “fuego amigo”. Así fue ya cuando los gobiernos de Murcia y el Parlamento y la Diputación Foral de Navarra interpusieron recursos similares también admitidos por el TC. Se suman los cuatro al del PSOE planteado hace meses.

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Ante la inexistencia práctica del Ministerio de Medio Ambiente, el de Industria hace y deshace: Soria se ha cargado así literalmente ––continuando la línea de Miguel Sebastián–– un sector español puntero en Europa al que miles de pequeños inversores, algunas pymes y también grandes empresas habían fiado su futuro económico. La crispación en el sector es imaginable por el empobrecimiento que causarán medidas tan populares.

A pesar de que centenares de ayuntamientos y otras instituciones gobernadas por partidos de todo signo celebrarán el día 5 de junio con actos diversos para insistir en la necesaria protección del entorno, las políticas gubernamentales españolas acumulan en las últimas semanas un cúmulo de disparates sin cuento en sentido contrario al de la efeméride.

Las organizaciones ecologistas se manifiestan el jueves en Madrid contra la declaración favorable de impacto ambiental otorgado por Industria a las prospecciones petrolíferas en Canarias, recogiendo un sentir general de indignación en aquellas islas que llevan camino de perder su calificativo de “Afortunadas” gracias a la permisividad de un canario: José Manuel Soria. Allí, en medio del Atlántico tan insultante resultó la luz verde a las primeras prospecciones, que convirtió el día regional en jornada de protesta como la explicación de la delegada del Gobierno que acusó de oportunismo político al Gobierno regional que encabeza Paulino Rivero (CC) por oponerse y pedir un consulta popular sobre el asunto.

Los temores en Canarias a que el negocio petrolífero arruine directa o indirectamente su principal sustento, el turismo, existen también en Baleares, igualmente pendientes de prospecciones similares cerca de sus costas, lo que ha provocado una moción aprobada hace un mes en el Parlamento, con mayoría del PP, pidiendo que se prohíban sondeos y perforaciones en busca de petróleo en zonas de especial protección ambiental o de intensas actividades turísticas.

Semejantes sentimientos de desamparo e indignación existen también en la zona castellonense de Vinaròs tras conocerse dos informes ––uno del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y otro del Geológico y Minero (IGM)–– que relacionan directamente el almacenamiento de gas licuado en el subsuelo marino frente a la costa de la plataforma Castor con la sucesión de terremotos que aterrorizaron durante semanas del verano pasado a las poblaciones del Golfo de Valencia.

A todo esto hay que añadir la reciente petición, con la aquiescencia gubernamental, para reabrir Garoña hasta 2031, superando la vida útil de la central de 40 años, cumplidos en 2011. O la reiterada negativa de la mayoría parlamentaria del PP a que se prohiba usar la técnica del 'fracking' en la extracción de gas y petróleo del subsuelo español. Cabría remontarse más en el tiempo. Pero no es necesario. Queda fehacientemente reafirmada la sensación de que poco hay en España que celebrar en el Día Mundial del Medio Ambiente. Y probablemente menos aún que en años anteriores.