El PSOE tiene un problema ambiental: los ediles en Carboneras desafían a Susana Díaz

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Vecinos de Carboneras tras cambiar el cartel de «ilegal» en la fachada del hotel por el de «legal». / Efe

Los calores del verano nos dejan como legado el último disparate político en torno al controvertido hotel construido en la playa de El Algarrobico (Carboneras, Almería), declarado ilegal por el Tribunal Supremo hace años, sin que ello haya sido óbice para que quienes pueden pagarse todos los abogados que hagan falta continúen en la pelea para que la horrenda construcción sea acabada y abierta al público. Este (pen)último episodio afecta de lleno al principal partido de la oposición actual y a su credibilidad. Los ediles socialistas del Ayuntamiento de Carboneras aprobaron en el Pleno del martes una moción en la que instan a la empresa Azata del Sol a terminar de construir el denostado hotel, a mayor gloria de la lucha contra el paro y del desarrollo turístico. Como diría un queridísimo amigo gaditano fallecido años ha, «¡con dos cohoneh!».

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Pues sí. Porque hacen falta esos redaños y unos cuantos más para desafiar y dejar en evidencia pública y notoria a la mandamás del PSOE andaluz, Susana Díaz, a la sazón considerada mujer fuerte del aparato partidario estatal. Hace apenas veinte días que la presidenta andaluza anunció que la Junta iba a ejercer el derecho de retracto sobre los terrenos en los que se levanta el mamotreto, tal como quedaba claro entonces que era la solución posible al enmarañado asunto, siguiendo, al fin, lo establecido en una sentencia firme del Tribunal Supremo, que no hacía sino dar el máximo nivel de conformidad legal a una larga serie de dictámenes judiciales favorables, fehacientemente ignorados por instancias políticas y jurídicas andaluzas, a la eliminación de tristemente famoso hotel.

Poco dura la alegría en la casa del… ecologista, habría que decir. Pues corto ha sido el tiempo transcurrido desde aquella toma de posición de la líder socialista hasta la declaración de insumisión de sus electos en Carboneras aprobando el martes la moción referida gracias a la abstención del alcalde y concejales del Grupo Independiente de Carboneras (Gicar) y los ediles del PP, cosa que no hace sino añadir fetidez al esperpento. El Pleno sirvió para tirarse en público unos cuantos trastos cainitas a la cabeza más que para aclarar nada respecto de un asunto en el que los tres grupos están de acuerdo: el hotel debe ser terminado y abierto porque es el maná que dará de comer a los carbonerenses, creen.

El episodio refleja no solo la estulticia de determinados políticos y ciudadanos que anteponen unos supuestos beneficios económicos a la conservación del medio natural –el hotel invade el dominio público marítimo y está construido dentro del Parque Natural Níjar-Cabo de Gata–, sino también la ausencia de conciencia ambiental que corroe a la clase política española en general y en su primer nivel: el de los representantes municipales a quienes se supone un mayor respeto y querencia por la conservación de los valores físicos del entorno que pisan cada día.

Parece ser que para los munícipes y buena parte de la población de Carboneras ni ha existido la burbuja inmobiliaria ni su desastroso estallido, cuyas consecuencias arrastraremos todavía algunos años y especialmente en esos tan paradisíacos lugares de sol y playa sobre cuyos ladrillos no se ponía el sol. Por eso, como se ha apresuró a destacar un egregio vocero mediático de la derecha reaccionaria, han montado ese Fuenteovejuna cerril y retrógrado cuyo objetivo no es la dignidad del pueblo sino exactamente todo lo contrario: perpetuar la felonía. Y por demagogia, que no quede.

La oportunidad de la postura de los concejales del PSOE ha levantado inmediatamente ronchas en su misma organización local  de Carboneras. La Junta también dice estar decidida a seguir adelante con el ejercicio del derecho de retracto que puede desembocar en la demolición del mamotreto. Queda como incógnita a despejar en el futuro cuán extendida está en el PSOE la ciega actitud que ha dado lugar al pronunciamiento de los ediles socialistas de Carboneras, habida cuenta de la participación consciente y convencida de numerosos gobiernos municipales socialistas de todo el Estado –codo con codo con los del PP y otros partidos– en el festín de cemento y ladrillo que ha devenido en la dilatada vomitona económica que padecemos.