VIDAL COY | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 23:08

Valcarcel_Bascunana
Bascuñana (izda.) y Valcárcel, en una foto de archivo. / Efe

El PP murciano vive en un estado de nervios indisimulable ante la perspectiva de una posible pérdida de la mayoría absoluta, tras 19 años de disfrute, en las próximas elecciones autonómicas de mayo. La negativa del delegado del Gobierno, Joaquín Bascuñana, a identificarse ante la Guardia Civil en un control de carretera no es más que el último síntoma del frenesí con que los populares reaccionan en los últimos meses, desde que el sempiterno ‘capo’, Ramón Luis Valcárcel, abandonara la presidencia de la Comunidad Autónoma para ser diputado y vicepresidente en el Parlamento europeo.

A Bascuñana le pidieron la documentación en un punto de control de la Benemérita a pocos quilómetros del centro de Murcia. Su reacción –según la información sospechosamente filtrada en idénticos términos a los dos diarios impresos locales el mismo día– fue la de pedir al guardia civil que le diera novedades, haciéndole saber que estaba hablando con el delegado del Gobierno. Vamos, otro “usted no sabe con quién está hablando”. Naturalmente, el interfecto niega la mayor.

Es la segunda vez en pocos meses que el delegado del Gobierno en Murcia  rechaza colaborar con la autoridad estatal que él mismo representa. Hace apenas dos meses y medio que Bascuñana rechazó declarar ante el juez que lo mantiene imputado en un caso de presunta corrupción urbanística, en el que también está siendo investigado por partida doble el actual vicepresidente de la cámara europea Valcárcel.

El nerviosismo de éste último fue transmitido al partido gobernante con una mayoría absoluta incontestable – 33 escaños PP; 11, Psoe; 1, IU– en una reunión veraniega en la que el expresidente murciano propuso cambiar el sistema electoral autonómico, elevando de cinco a siete las circunscripciones territoriales, de forma que los ‘populares’ tuvieran fácil ganar otra vez por mayoría absoluta gracias a la aplicación de la Ley d’Hont. Un ‘prepucherazo’ en toda regla. Preconizado y precocinado por el mismo personaje que, cuando era líder de la oposición antes de 1995, proponía implantar la circunscripción única: de hecho firmó una propuesta en ese sentido con IU.

Pero las sucesivas imputaciones en cascada a cuenta del turbio asunto de ‘Novo Carthago’ han hecho aflorar los nervios. Actualmente, además de las investigaciones sobre Valcárcel, están formalmente imputados, entre otros, el susodicho Bascuñana, el consejero de Agricultura, Antonio Cerdá, el exconsejero Francisco Marqués; y pendiente del Tribunal Supremo está la imputación de la alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, aforada como diputada nacional que es. Ella fue, precisamente, quien, a pesar de que aún no puede ser imputada por su protección especial, cargó las tintas acusando a jueces y fiscales de persecución, contra ella y contra el PP, defendida por unos famosos abogados penalistas expertos en poner palos en las ruedas del carro de la Justicia.

Con este turbio ambiente judicial, la propuesta de ‘prepucherazo’ de Valcárcel no encontró, sorprendentemente, la acogida esperada ni en su propio partido. La oposición ya había puesto el grito en el cielo al conocerla, pero en la sesión parlamentaria correspondiente de hace una semana ni siquiera el nuevo presidente popular, Alberto Garre, la defendió a capa y espada: se salió por la tangente invocando a la necesidad –lógica, por otra parte– de conseguir un amplio consenso para semejante cambio. Su portavoz oficial, José Gabriel Ruiz, amplió dos días más tarde la visión presidencial.

Esa discrepancia señala, por un lado, que una buena parte del PP murciano no está ni cómodo ni contento con que Valcárcel pretenda seguir manejando los hilos partidarios, como presidente de la organización, desde Bruselas. Y, por otra, que la criada le ha salido respondona al vicepresidente del Parlamento europeo: Garre está dando pasos cada vez más claros para ser él –y no cualquier otro designado por el ‘capo’– el candidato número uno en las autonómicas de mayo. Una postura que no hace sino aumentar los movimientos internos, conciliábulos y negociaciones para colocarse en un buen puesto en las listas regionales, habida cuenta de que todos en el PP dan por descontado que la posibilidad de perder la mayoría absoluta –y el gobierno– se está convirtiendo en una probabilidad.

En este contexto, y reiteradas hasta la saciedad las críticas al magistrado Manuel Abadía, se hace circular la especie  de que el fiscal jefe de Murcia, Manuel López Bernal, hasta ahora censurado por ser próximo al PSOE, está maniobrando para ser candidato de Podemos, como lo fue Carlos Jiménez Villarejo. El infundio se basa en la peregrina interpretación de la opinión del acusador público de que los imputados no deben figurar en las listas electorales. Y se hizo público justo el mismo día, el martes, que se conoció la negativa de Bascuñana a identificarse en un control policial y que el magistrado Abadía confirmara la imputación del delegado del Gobierno en el ‘caso Novo Carthago’. Cualquiera diría que el frenesí guía las actuaciones de los dirigentes del PP murciano.

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