ENTREVISTA / Pamela Palenciano, autora del monólogo 'No solo duelen los golpes' y Celia Garrido, experta en igualdad de género

"Los burkas en España son los tacones, la gordofobia y el espejismo de igualdad"

ANA ISABEL CORDOBÉS | Publicado: - Actualizado: 09:13

Pamela Palenciano y Celia Garrido
Pamela Palenciano y Celia Garrido durante la entrevista con cuartopoder.es. / Ana I. Cordobés

Pamela Palenciano (1982) exteriorizó su experiencia para curar. Al principio, mediante la fotografía. Después, mediante un monólogo. ‘No solo duelen los golpes’ es el título de su actuación, también el resumen de su experiencia como superviviente de la violencia machista. Desde pequeñas actitudes machistas cotidianas hasta la violencia física son las que refleja a través del teatro interpretando a Antonio de adolescente, su expareja y quien ejerció violencia machista sobre la Pamela adolescente, también interpretada en el monólogo, y a quien estuvo dos veces a punto de asesinar. Un monólogo que ha levantado tanta expectación como crítica masculina, tanto, que fue denunciado por un grupo machista por “hacer apología del maltrato”. Charla con cuartopoder.es a dúo con Celia Garrido, trabajadora social, experta en igualdad de género y uno de los soportes principales de Pamela.

— En tu monólogo dices que en España también tenemos nuestros propios burkas, ¿cuáles son?

“En este mundo capitalista una buena mujer feminista y empoderada es esa que hace todo a la vez, que puede con todo”

— Pamela: Tenemos un montón, pero para hablar de las mujeres nuestros burkas son el supuesto espejismo de igualdad en el que vivimos, creyéndonos que ya hemos conseguido todos los derechos; el burka de tener un cuerpo perfecto, porque hay mucha gordofobia en nuestra sociedad. En América Latina la gordofobia casi no existe, la mujer latinoamericana muestra su cuerpo obeso con total sensualidad. Nuestro burka son los tacones, el ser una profesional, buena madre, perfecta… la superwoman. En este mundo capitalista una buena mujer feminista y empoderada es esa que hace todo a la vez, que puede con todo.

— Celia: En el feminismo también hay una mirada muy androcéntrica, desde el privilegio. Nos sentimos con el privilegio de hablar de los burkas ajenos, que son muy evidentes, sin reflexionar sobre lo que se nos impone aquí y no somos conscientes de su imposición. El hecho de que las criaturas con 15 años se expongan en redes sociales de esa manera, con ese mensaje sexualizado, no les da más libertad. Apelando a esa supuesta libertad se está consiguiendo todo lo contrario, se las somete de la manera más torticera. Por eso antes de hablar de otros burkas deberíamos hablar de los propios y evitamos hablar de otras mujeres, infantilizándolas sin conocer su realidad.

— Pamela: Yo quiero reconocer que sí que lo he hecho. Antes de irme a vivir a El Salvador, yo era del feminismo hegemónico de mirada androcéntrica. Lo asumo. Cuando trabajé en Radio Vallekas conocí a una mujer marroquí que hablaba del velo y yo sí tenía esa visión de que el velo era opresión. Pero al irme a El Salvador allí se me cayeron todos mis privilegios, la forma de mirar al mundo… si todas reconociéramos que alguna vez hemos tenido esa mirada, el mundo cambiaría. Si cuestionamos muchas cosas, por qué no cuestionamos el feminismo hegemónico, el discurso académico imperante… que parecen ser los únicos en el mundo.

— Habéis hablado de la concepción capitalista de la mujer. Me gustaría saber vuestro punto de vista sobre todo en la mercantilización de la mujer en torno a dos aspectos de actualidad: los vientres de alquiler y la prostitución.

“Se puede ser padre de muchas maneras pero cuando ser padre implica que tienes que usar un vientre de alquiler, no me parece legítimo”

— Celia: el tema de los vientres de alquiler es un tema muy complejo, pero de nuevo es una mercantilización de su cuerpo y otra vez a ocupar un privilegio. Es decir, ¿es un derecho ser padre? Es una opción, ni un derecho ni una obligación. Se puede ser padre de muchas maneras pero cuando ser padre implica que tienes que hacer un uso del cuerpo de las mujeres para conseguirlo no me parece legítimo. Hay otras formas de acceder a la paternidad. El paradigma del que parten de que es voluntario y de que de algún modo se puede compensar lo que supone el embarazo es falso. Se están comprando los vientres y ya está. Tú expones tu cuerpo y tu vida, porque cuando pares y durante el embarazo estás en una época débil para ti. No es cierto que eso se haga de forma voluntaria, tiene muchas implicaciones a nivel personal y físico. Como sociedad es algo antinatural, tiene unas consecuencias brutales para todo el mundo. Hay dinero de por medio así que no hay voluntariedad. Además hablan de libertad… ¡qué libertad! La libertad del que tiene dinero.

— Pamela: Es una posición adultocéntrica. Tampoco nadie piensa en las criaturas. Quienes lo defienden dicen “le voy a dar mucho amor”. Eso es lo que tú crees, pero no tienes ni puta idea de si le vas a dar lo que la criatura necesita. Luego el sistema capitalista favorece que lo queremos todo nuevo, mío, que lleve mi apellido… aunque lo tenga otra mujer. Como dice Alicia Murillo acoger es un acto muy valiente y es un acto de justicia. Hay millones de niños en el mundo listos para que alguien los acoja porque están en la calle, en centros de menores. Yo soy madre biológica y madre de corazón de otra y que mi hija tenga vínculo emocional con su madre biológica es superimportante. La libertad que mi hija tiene para poder hablar de “su mamá” creo que es vital para una criatura, que sepa de dónde viene. Ahí soy muy radical y me parece lo más aberrante como humanidad. Podemos hablar de las mujeres, pero hablemos también de las criaturas. Es que el capitalismo mercantiliza todo.

— ¿Y sobre la mercantilización del cuerpo de la mujer en la prostitución?

“Si legalizamos la prostitución va a ser todavía más natural que se degraden los cuerpos de parte de la sociedad para dar placer a otra parte de la sociedad”

— Celia: El cuerpo de la mujer como proveedor de ocio para los hombres es algo completamente naturalizado, como parte de su privilegio. He trabajado mucho este tema con los adolescentes porque hablando de este tema se entiende muy bien el privilegio. Se plantea a veces la cuestión de si realmente la mujer quiere ejercer la prostitución. Y aquí siempre digo lo mismo: si se da con unas condiciones, en una sociedad en la que fuésemos libres para escoger esto realmente… pero ahora quién tiene capacidad para ser prostituta. Vemos cómo para los adolescentes la prostitución está cada vez más naturalizada y son consumidores. Si legalizamos la prostitución va a ser todavía más natural que se pueda ejercer ese control y se degraden los cuerpos de parte de la sociedad para dar placer a otra parte de la sociedad. Simplemente somos proveedoras de placer, sin pensar en las consecuencias. Para mí la prostitución es otra clase de esclavitud. Como sociedad no se puede tolerar que este sea un nicho de mercado para las mujeres.

— Pamela: Yo no estoy en contra de la postura de Celia. Ella es abolicionista, yo no lo tengo tan claro. Estoy totalmente en contra de la prostitución pero tengo muchas amigas putas. Y no sé cómo puedo juzgarlas, porque me veo en la misma situación como cuando cuestiono a una mujer que lleva burka. Cuando escucho que son putas porque quieren, pienso ay, porque quieres. Ellas piden la regularización, que haya mejora salarial y me cuesta. Pero en el fondo estoy muy de acuerdo con Celia porque hay una desconexión para poder ejercer este trabajo. Esta sociedad nos invita siempre a desconectarnos, a disociarnos. Porque qué niña de diez años diría “yo de mayor quiero ser puta”.

— Es sorprendente que un proceso tan duro como la violencia machista se lleve a un monólogo. También bastante didáctico para los jóvenes. ¿Cómo acabaste haciéndolo?

— Pamela: Este es un proceso de 14 años y movido por la rabia. Una de mis psicólogas me preguntaba por qué estaba enfadada y yo le decía que era porque en mi terapia éramos 16 mujeres en mi situación, pero era consciente de que fuera había muchas más. Y ella me propuso hacer algo para canalizar la rabia. Yo estudiaba comunicación y decidí canalizarlo a través de la fotografía. Hice una serie de fotos y un profesor de mi facultad pagó de su dinero una exposición con mis fotografías para el 25 de noviembre de 2004. Quería que yo hablara en la inauguración de cómo fui maltratada: duré 12 minutos y me eché a llorar. Estaba muy frágil. Entre el público había una profesora de Torrox que me pidió que fuese a explicarle mi vivencia a sus alumnos. Fui y aguanté media hora sin llorar. Sentí entonces que contarlo para mí era algo bueno, porque también lo veía en los ojos de los chavales. Después llegué a Madrid, conocí el feminismo y a Celia y también conocí que era un problema general y la estructura que tiene detrás, la del patriarcado. En El Salvador hice teatro y el teatro me dio la distancia, porque me permitía no hablar de Pamela, sino de Pamela adolescente y de Antonio adolescente. No lo contaba, sino que sobre el escenario yo reproducía lo que mi expareja me había hecho. Puedes ver cómo el agresor manejaba sus miedos, su rabia, sus discursos…


No solo duelen los golpes. / Pamela Palenciano Jódar (YouTube)

— Quizá jóvenes que te escuchan se ven reflejados en ese Antonio adolescente, ven sus movimientos, sus reacciones…

“Pamela se expone constantemente contando su vida, incluso eso puede ser incómodo para quien lo escucha, porque es una persona que se está abriendo”

— Celia: Por eso fue un cambio muy grande cuando lo hizo a través del teatro. Cuando contaba su experiencia a nivel verbal solo conectaban las chicas y parecía que con los chicos no iba la cosa. Pero cuando ella se pone y ocupa la energía de Antonio… los adolescentes se dan cuenta de que ellos también actúan así. Se miran entre ellos, se reconocen. Es potentísimo lo que hace con sus monólogos, es muy intuitiva. No sirve de nada que tú hables de teorías, es que con ella lo vives, te atraviesa el cuerpo. Pamela se expone constantemente contando su vida, que incluso eso puede ser incómodo para quien lo escucha, porque es una persona que se está abriendo, que está siendo honesta… eso es incómodo para el otro pero potente al mismo tiempo. Algunos jóvenes llegan años después a decirte que la vieron en su instituto y que su actuación les cambió la vida.

— Pamela: Celia ha sido muy valiente apostando por este proyecto, porque es incómodo. Esto ha sido posible porque ha habido muchas mujeres que nos han acompañado. Cuando hablamos de Juana Rivas, su caso salió porque Paqui [su abogada] está acompañándola, por eso Juana tiene fuerzas. Ella sabe que no está sola. A mí lo que me dice Celia me da mucha fuerza y me anima a seguir, no es justo que una mujer se enfrente a esto sola. Cuando hablamos del humor, el humor también me sale de la rabia. Y el humor feminista va desde dentro y hacia arriba. El humor que más se ve es hacia abajo: me río de los niños, de los negros, de lo que se considera inferior socialmente. Pero cuando te pones en riesgo tú, te ríes de ti, y te ríes del que está arriba. Yo me río de Antonio adolescente, que estaba en posición hegemónica.

— Tu experiencia de violencia machista ocurrió en la adolescencia hace 15 años. Cuando llegas a un instituto y ves adolescentes que se toman el machismo a broma, ¿no es desalentador?

— Pamela: La reacción de los adolescentes en el primer mundo es distinta a la del mal llamado tercer mundo. Porque con los adolescentes en América Latina, como yo era blanca, lo que contaba era incuestionable y lo reconocían en el momento. Allí yo era la hegemónica. En el primer mundo tenemos un problema: el espejismo de igualdad. Notamos que cada vez generamos más incomodidad, aunque siempre hay algunos que cuando llegamos se crecen, pero se van achicando conforme pasa el monólogo. Los chicos se ponen muy incómodos y muy violentos con sus posiciones corporales. Aunque sea pocos, cada vez son más los que vienen al final y nos dicen “oye, me he visto reflejado en Antonio, pero no quiero ser así”. Reconocerse como victimario es más difícil que reconocerse como víctima. Que uno diga que ejerce violencia es muy complicado.

“Encontramos grupos feministas entre las chicas que nos piden que hablemos del término feminazi, que de dónde surge y que lo tratemos”

— Celia: Ahora mismo conviven situaciones en las que parece que hemos involucionado con otras situaciones que realmente cuestiona mucho más que antes. Encontramos grupos feministas entre las chicas, que están organizadas, que nos piden que hablemos del término feminazi, que de dónde surge y que lo tratemos. Si a los jóvenes les diéramos la oportunidad de ser escuchados… también aprenderíamos mucho. Hay mucho miedo a hablar de emociones, a permitir que la emoción salga en el aula.

— Y por último, hemos visto el tratamiento de los casos de violencia machista, el último más destacado el de Juana Rivas… ¿cómo lo veis vosotras?

— Celia: Hay temas que en los medios hegemónicos no van a salir, porque son muy incómodos. Los medios son maravillosos para ver en qué punto estamos. En temas como el de Juana Rivas se observa bien. Los medios buscan la víctima perfecta, en el momento en que esas mujeres han sacado el pie del tiesto, salieron de fiesta, contestaron ante la violencia… entonces ya no son la víctima perfecta y van a por ella a machacarla. Juana llegó entre comillas bien, pero el resultado de haber salido en los medios fue peor, el castigo fue mayor que lo bueno que le reportó contar su caso. Hay muchas mujeres a las que nos cuesta asumir que tenemos muy poco poder y que no vamos a conseguir que los medios hablen de nosotras y nos protejan. Pero el caso de Juana fue vomitivo a nivel mediático, los medios no se quieren mojar. Hace años viví un caso aún peor: una mujer cuyo hijo había sido víctima de abuso sexual, dio una rueda de prensa, habló de jueces, de fiscales y no salió en ningún sitio y ahí ya decidió desaparecer. Son muchos, miles, los casos que hay como el de Juana pero no se quieren contar.

— Pamela: Y por ejemplo en los medios salen muchos casos cuando el maltratador es de otro país.

— Celia: En el caso de Juana ha habido más apoyo porque ha habido técnicas y otras mujeres de apoyo porque contar esto es muy complicado. Contar cómo ellos manipulan, cómo manejan la situación… es muy difícil. A Juana Rivas le van a buscar las cosquillas, van a degüello a por ellas, no pueden consentir que este caso mediático vuelva a pasar. Han aparecido incluso voces feministas que han cuestionado mucho a Juana, sin hablar siquiera con ella [hacen referencia al texto ‘Juana no está en mi casa’, escrito por Elisa Beni en eldiario.es]

— Pamela: Y nosotros como sociedad hemos permitido que se lleven a los hijos de Juana a Italia. No hemos hecho nada.

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