ENTREVISTA / Secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, AMMAR

Georgina Orellano: “La cárcel no es la solución a la violencia de género”

LUCÍA MARTÍN | Publicado: - Actualizado: 09:46

Georgina Orellano
La secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, AMMAR, Georgina Orellano

Georgina Orellano es la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, AMMAR, sindicato de trabajadoras sexuales presente en más de la mitad de las provincias del país. El movimiento cuenta ya con 6.500 afiliadas. Orellano se define como “puta, feminista, peronista y anticapitalista”. Hace once años ejerce el trabajo sexual en Buenos Aires. En esta entrevista habla con cuartopoder.es de estigmas, feminismo y de por qué no se debe abolir la prostitución.

— Mi hija de 14 años me preguntó en una ocasión si se podía ser feminista y actriz porno. Le hago otra pregunta, ¿se puede ser prostituta y feminista?

“El feminismo defiende respetar la autonomía de los cuerpos de las mujeres, por eso puede aparecer como elección la prostitución”

— Sí, claramente, el feminismo defiende respetar la autonomía de los cuerpos de las mujeres, por eso puede aparecer como elección la prostitución, como una mejor opción dentro de las pocas opciones que tenemos en el mercado laboral.

— Todos estos términos son sinónimos: puta, prostituta, trabajadora sexual.. ¿con cuál se siente más cómoda?

— Hoy por hoy después de pertenecer a un movimiento, de luchar con muchas compañeras por mejorar nuestras condiciones de trabajo y acceder a derechos y de sacarme la culpa, el estigma y la vergüenza, no me hiere ninguna. Me siento totalmente representada por puta, prostituta y trabajadora social. Las etiquetas que nos han puesto históricamente, al apropiarnos de la injuria y hacerlas parte de nuestra identidad política, hace que en cierto modo pierdan ese sentido discriminatorio que históricamente han tenido.

— Pero puta se sigue usando como insulto…

— Claro, porque es una forma de aleccionar a las mujeres que se salen de las normas. Esa mujer que se viste como quiere, que ejerce el trabajo que quiere, que vive su sexualidad libremente, hay una parte de la sociedad que intenta aleccionarla con la palabra puta, pero si le quitamos el sentido de estigmatización, nos permitirá ganar esta batalla cultural.

— Decía que ninguna de estas acepciones le hiere, ¿cuánto tiempo le ha llevado este proceso?

“Empecé en la prostitución a los 19 años, ahora tengo 31 y recién se lo pude contar a mi familia, a mi hijo, a mi entorno. Lo oculté hasta los 27 años”

— Empecé en la prostitución a los 19 años, ahora tengo 31 y recién se lo pude contar a mi familia, a mi hijo, a mi entorno. Lo hice a los 27 años, lo tuve oculto bastante tiempo, llevar una doble vida, mentir en casa, salir vestida de una forma y en la esquina vestirme de otra, tener dos teléfonos, uno para la familia y otro para los clientes… Era una vida que hoy la recuerdo y me genera tristeza porque vivir de forma oculta… no poder decir quién sos, negando tu trabajo. Cuando lo pude contar, hubo una aceptación por parte de mi familia y de mi hijo, fue un acto reparador frente a tanta persecución policial, tanta clandestinidad, tantos cuestionamientos que todos los días padecemos los que ejercemos el trabajo sexual.. Para mí fue un acto reparador.

— ¿Cuántos años tenía su hijo cuando se lo contó?

— Seis años, había comenzado primer grado y comenzó a leer. Para ese tiempo yo ya estaba integrando AMMAR y lo llevaba conmigo a algunas actividades, algunas marchas y tenía mucho material de la organización en casa, que él comenzó a leer. Lo tuve que sentar y fui muy cuidadosa con las palabras, le dije de qué trabajaba y le dije que en algunos lugares no lo teníamos que contar porque no lo iban a aceptar y uno de esos lugares era el colegio, que la maestra y los compañeros no iban a estar preparados. Al final lo terminó contando y tuve que ir a ver a la directora, pero recibí un total apoyo por parte de la escuela.

— ¿Cómo se le cuenta a un niño de 6 años que su madre es prostituta?

— Lo que le dije era que era trabajadora sexual y que mi trabajo era darle amor a personas que se sentían muy solas. Cuando fue creciendo, hoy tiene 11 años, le senté de nuevo y le conté que no era solo amor sino acompañar a personas solas, tímidas y que en algunos de esos encuentros había un intercambio de sexo por dinero, pero que siempre las condiciones las establecía la trabajadora sexual. Ocultárselo a mi hijo me generaba mucha culpa, ahora él habla del trabajo sexual con sus compañeros, no tiene tantos prejuicios como tenemos los adultos, es una forma de cambiar las perspectivas que la sociedad tiene sobre la sexualidad, la prostitución… Qué mejor que decirle de qué trabajo y darle herramientas para saber cómo enfrentarse a personas que van a criticar mi trabajo.

— En AMMAR defienden que no se debe abolir la prostitución, ¿Por qué?

“Abolir la prostitución es generar un aislamiento social, precarizar aún más un sector y buscar aún más la clandestinidad. Hacen falta políticas de inclusión”

— Porque es un trabajo que tiene las mismas condiciones que muchos otros: se enmarca dentro del sistema capitalista, hay malas condiciones laborales, hay explotación, hay muchas compañeras que no lo eligen libremente pero optan por él por venir de otros sectores menos óptimos. Y otras también lo eligen aunque vengan de estratos más privilegiados, eligen el trabajo sexual porque les permite mayor emancipación. Abolir un trabajo que tiene la misma representación que otros es generar un aislamiento social, precarizar aún más un sector que históricamente está precarizado y buscar aún más la clandestinidad. Ya hubo intentos de abolir la prostitución en muchos estados y las consecuencias fueron nefastas para las trabajadoras sexuales. Lo que deben hacer los estados es generar políticas de inclusión para las que no quieren seguir ejerciéndolo pero también generar una política para las que sí lo quieren, amparadas en un montón de derechos laborales. No se trata de ideología o de ser o no sexista. Se trata de que hay un colectivo que subsiste de la prostitución y lo hace en condiciones precarias y desfavorables.

— Cierto, comparte características con otros trabajos: hay mucha gente que vive esclavizada en una oficina y no le apetece, pero, ¿cuántas mujeres ejercen la prostitución libremente?

— Eso es parte de las condiciones de ilegalidad en las que está el trabajo sexual. Si se genera un marco regulatorio, si está presente el Estado, esas compañeras no van a tener que buscar la protección de terceras personas. Aparecen esas terceras personas por la ilegalidad, por la clandestinidad y por las malas condiciones. El prohibicionismo genera mercados negros paralelos y ahí aparecen las redes de trata, los proxenetas… Si el Estado tiene una política de inclusión con las trabajadoras sexuales todo este mercado paralelo va a tender a desaparecer. Si se empuja a más clandestinidad a las trabajadoras los que salen beneficiados son estos terceros.

Georgina Orellano
Manifestación de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, AMMAR

— “La mujer tiene que valer por el valor que ella se ponga”, ha dicho en alguna ocasión. ¿No es una frase muy mercantilista viniendo de un movimiento que se dice anticapitalista?

— Sí, pero cuando hablo de los valores, hablamos de las convicciones, que la mujer se valga por lo que ella decida. Que las decisiones que tome las tome libremente y no condicionadas por lo que van a decir los otros. A las mujeres siempre nos han enseñado que en la sexualidad no disfrutamos, no deseamos, nosotras tenemos que ceder ante el placer del hombre, siempre desde la gratitud y con un compromiso sexo-afectivo. Todo lo que se salga de esa norma se sale de lo establecido, queda como algo malo, por el otro lado quedamos las putas, las malas mujeres. Parte de la negación que hay con el trabajo sexual tiene que ver con la fuerte representación que hay en la sociedad de estos patrones.

— ¿Cree que llegaremos a ver una sociedad que no sea machista?

— El movimiento feminista ha hecho grandes avances a nivel internacional: hoy por hoy se habla de feminicidios, de violencia de género, de trabajo sexual… creo que las transformaciones llevan tiempo… Nosotras no lo veremos, nos iremos sin ver la jubilación, pero dejamos un camino más allanado a las próximas generaciones que van a vivir en una sociedad que no estigmatice tanto a las trabajadora sexuales.

— En España tenemos asesinatos de violencia de género todas las semanas, incluso ha aumentado este fenómeno entre los jóvenes, ¿cómo luchar contra esto?

“La solución a la violencia de género es dar más autonomía a las mujeres, pisos de acogida y trabajos que permitan su emancipación económica”

— Mira, en Argentina sucede algo similar, muere una mujer cada 18 horas. Una parte del feminismo pide políticas, presupuestos… pero lamentablemente las que se llevan a cabo a nivel estatal son ineficientes. Estas medidas creen que pueden solucionar estos problemas a través del sistema penal. Creen que el sistema carcelario es la mejor respuesta. No todo se soluciona a través de las cárceles, nada bueno puede surgir de endurecer las penas, nos faltan más políticas de educación, de inclusión, de igualdad dentro de los colegios, de tener educación sexual en los coles, en las familias… La solución no es tener más gente en prisión sino dar más autonomía a las mujeres que sufren violencia de género, que haya viviendas para acogerlas, puestos laborales para una emancipación económica porque muchas de ellas dependen del ingreso que trae el hombre en la casa.

— ¿Y no cree que hemos avanzado mucho pero se nos ha olvidado educar al hombre en lo que es la igualdad?

— Claramente: las políticas que se piensan para ellos son la cárcel. ¿Y por qué no hacer un curso sobre cómo debe comportarse, que vean que el espacio público no es un privilegio para que ellos transiten libremente sino que la mujer también puede hacerlo? Hay que buscar alternativas que apelen más a la educación.

— Si volviera el tiempo atrás, ¿cambiaría algo en su vida?

— No, lo que cambiaría sería poder haberle dicho a mi familia e ingresar el movimiento de trabajadoras sexuales mucho antes de lo que tardé en hacerlo. Perdí muchos años mirando cuestiones más personales mías, intentando salvarme yo. No hay que poner nunca los derechos personales por encima de los colectivos. Eso sí cambiaría, haberme reconocido mucho antes como trabajadora sexual y no tener que vivir tantos años de la manera clandestina y avergonzada como he pasado.

- Publicidad -
icono cuartopoder  Lo más reciente
 
- Publicidad -
- Publicidad -

- Publicidad -
Volver Arriba

Send this to a friend