Las mujeres de derechas y liberales ¿deben reivindicarse como feministas?

Imagen del Movimiento 15M en la plaza del Sol de Madrid en 2010
Imagen del Movimiento 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, en 2010. / gaelx (Flickr)

Parecía imposible, pero hemos llegado hasta aquí. El feminismo, hasta hace poco una palabra difícilmente pronunciable en el debate político, la esfera pública, los medios de comunicación y los bares, está de actualidad. Ha pasado de estar considerado un término anacrónico a estar de moda, o al menos eso podemos decir al ver que firmas como HyM comercializan camisetas con el lema Everybody should be a feminist. En esta coyuntura y con la sensación de tener entre las manos una herramienta potente de transformación, es inevitable una disputa o pugna por el término entre las distintas corrientes ideológicas y una revisión sobre su transversalidad.

Publicidad

La fuerza de esta nueva oleada feminista hacia la conquista de la igualdad real y plena podrá medirse en la huelga del 8 de marzo, cuando las mujeres intentarán parar el mundo. La postura que sostuvo al respecto la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, levantó una gran polémica y agitó al movimiento feminista hace unos días. Ni ella, que en cierta manera se considera feminista, ni su partido, apoyarán una convocatoria que tiene reivindicaciones “contra el sistema capitalista” o que mezcla igualdad “con cuestiones ideológicas”, en su opinión. Aunque el movimiento 8M defiende que “hay un hueco para todas” en la protesta, se define como un movimiento contra “el orden patriarcal, racista, capitalista y deprendador con el medio ambiente”.

Por tanto, surgen las preguntas. Las mujeres de derechas, con ideas liberales o neoliberales, en sintonía con el capitalismo, ¿deben reivindicarse como feministas ? ¿está bien que lo hagan ? Si no es así, ¿el feminismo lleva inherente una crítica al sistema económico actual que debe ser aceptada de forma unánime ? “Como concepto general creo que es muy difícil ser feminista de derechas porque en la propia definición del término hay contradicciones”, indica a cuartopoder.es la diputada socialista Ángeles Álvarez. En la misma línea, la política y activista por los derechos LGTBI de Podemos Beatriz Gimeno contesta que “el feminismo si no es crítico –ya no con el capitalismo, si no al menos con el neoliberalismo–, no sirve a las mujeres” y que “se puede ser feminista liberal, pero esto no ayuda a la mayoría”.

Publicidad

Con motivo de la huelga del 8 de marzo el manifiesto ‘Un feminismo para el 99%’ publicado a finales del mes pasado en The Guardian unió a un buen número de famosas feministas como Linda Alcoff, Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya, Rosa Clemente, Angela Davis, Zillah Eisenstein, Liza Featherstone, Nancy Fraser, Barbara Smith y Keeanga-Yamahtta Taylor. Algunas de ellas son críticas con el capitalismo, y otras no se definen como anticapitalistas, pero han unido sus voces para cargar contra las desigualdades económicas y laborales. La huelga es “de las pobres y las de los bajos salarios, de las que hacen trabajos de cuidado no remunerados, de las trabajadoras sexuales y de las migrantes”, entre otras, reseñan.

“El neoliberalismo, el capitalismo que tenemos ahora, ataca los derechos básicos de las mujeres conseguidos con mucho esfuerzo. Las llamadas a cuidar a la abuela o a los niños, en la medida en que todo se privatiza y cada vez es más caro, vamos a ser nosotras. La alternativa para las mujeres va a ser volver a casa y eso implica dependencia de la pareja”, explica Gimeno. En referencia a la huelga del 8M, queda claro que “la lucha contra la pobreza -monetaria, energética y de tiempos- y la violencia estructural -sexual, económica y medioambiental- representa una ruptura con los postulados del neoliberalismo”, indica la economista y feminista Carmen Castro.

Ante la oportunidad histórica que se avecina con el 8M, feministas como Castro agradecen declaraciones de Arrimadas porque “facilitan resolver la confusión existente entre un relativo mujerismo que poco tiene que ver con el feminismo”. Desde una posición diferente, la diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid Clara Serra lamenta que Ciudadanos y el PP sigan en el “no nos metamos en eso” porque el 8M es una convocatoria que “va a unir a todas las mujeres” y demostrará que “sin nosotras y nuestro trabajo se para el mundo”. Aboga más porque los partidos políticos decidan “si quieren estar del lado de la desigualdad, del lado del cuidado a cargo de las mujeres, del lado de la penalización laboral de la maternidad y del lado de la consiguiente brecha salarial, o si quieren estar del lado contrario”.

dilema feminista
Numerosas mujeres se manifestaron en la marcha convocada por el Movimiento Feminista de Madrid en una imagen de archivo. / Efe (Víctor Lerena)

La lucha contra el capitalismo que no todas las feministas abrazan

Previsiblemente, aquellas feministas liberales o post-feministas evitarán sumarse a una huelga con la que no comparten postulados. La diputada de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados Patricia Reyes, que se define como feminista liberal, rehuye de que “se utilice el feminismo para intentar imponer cierta ideología que va escondida detrás”. En este sentido, apunta que “el feminismo también nace de las ideas liberales, de la Ilustración, donde nos empezamos a plantear que tenemos los mismos derechos”. Añade que “el capitalismo ayuda a que la mujer se incorpore al trabajo y aparezcan las clases medias”.

En esa misma línea de no vincular la lucha por los derechos de las mujeres a la idea de la explotación de las trabajadoras, la portavoz de Igualdad del PP en el Congreso, María del Carmen Dueñas, esgrime que cada partido político “enfoca el trabajo por la igualdad real desde distintos puntos de vista”, pero que ser feminista significa “querer alcanzar esa sociedad igualitaria real, sin discriminación” porque “los datos nos siguen diciendo que aun queda camino para la equiparación salarial o para acabar con la violencia machista”.

Un paso más allá va la escritora y colaboradora de este medio, Gabriela Bustelo, quien coincice con la polémica post-feminista estadounidense Camille Paglia en que “una gran parte de las mujeres hemos cogido la fácil senda del victimismo”. La guerra, en su opinión, “ya se ganó”, y habría que tomar una decisión en cuanto al “disparate” de que parezca que todas estemos en “un ring de boxeo” a ver quien es “más feminista”. Según su punto de vista, “la politización del feminismo” es uno de los grandes problemas actuales porque convierte la reivindicación en una profesión y, por tanto, la desvirtúa. “Tenemos las leyes y la corrección política a nuestro favor, algo que deberíamos aprovechar”, apunta.

Feminismo mainstream

La voz de las actrices de Hollywood se ha alzado contra el machismo, potentes figuras del mundo de la televisión como Oprah Winfrey pronuncian discursos feministas al hilo de la campaña #Metoo, reinas del pop como Rihanna o Beyoncé claman contra el machismo y las marcas low cost han imitado a Dior al comercializar las camisetas contra el patriarcado. Vuelven a surgir más preguntas. A todas luces parece un éxito que el feminismo vaya encarrilado a convertirse en algo mainstream, o en sujeto de moda, cuando se encontraba relegado a los márgenes. Sin embargo, ¿el cambio de contexto se traduce en algo frívolo o vacío de contenido?

Si hay algo cierto es que la defensa del feminismo por parte de ciertas estrellas del cine y de la música ha conseguido que las más jóvenes conecten con la reivindicación de los derechos de las mujeres. “A mí me parece bien que Beyoncé diga que es feminista porque venimos de una situación en la que decir que eras feminista estaba mal visto. Pero voy más allá, si Beyoncé se declara feminista, ahora necesitamos que el sistema apoye a las mujeres que siguen cobrando menos, por no hablar de la violencia o la desigualdad”, aclara Gimeno.

Ante el hecho de mujeres desde posiciones económicamente privilegiadas como artistas famosas o mujeres del ámbito empresarial, clamen por la igualdad real, la mayoría coincide en que son aliadas valiosas. En todo caso suma, aunque puede que no sea suficiente. “Las desigualdades de género son transversales a la clase social. Puedes tratar de introducir los presupuestos feministas allá donde te encuentres y en la clase en la que te encuentres. Pero hay que pedirles que sean exigentes respecto al conjunto de la agenda”, indica Álvarez. Queda abierto el debate de si hay que sacrificar determinados corsés ideológicos para hacer del feminismo una lucha transversal a todas las clases o si conviene subrayar que es prácticamente imposible ser feminista y no atacar las desigualdades que genera el sistema económico actual. Unas desigualdadades que perjudican especialmente a las mujeres.