La mirada femenina de la Guerra Civil

Mujeres británicas conservadoras, liberales y laboristas se movilizaron en defensa de la democracia en España tras el golpe militar del 18 de julio de 1936, encabezado por el general Franco con el apoyo interno del clero y la oligarquía y externo de Hitler y Mussolini. Aunque no consiguieron modificar la miope política de no intervención adoptada por sus felones dirigentes, contribuyeron a que, por ejemplo, el 86% de los británicos encuestados en enero de 1937 consideraran ilegal a la junta militar franquista y a su representante en Londres (después embajador), Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Alba. Ahora, con el título ‘La mirada femenina’ y el subtítulo ‘Prensa británica y Guerra Civil en España’, los profesores e investigadores de la Universidad de Salamanca Daniel Pastor García y Manuel González de la Aleja profundizan en aquella acción apasionante de compromiso político y profesional. El libro acaba de ser publicado por Amarú ediciones y es el noveno volumen de la Colección Armas y Letras que dirige el profesor Antonio Rodríguez Celada.

«En su investigación sobre la prensa británica y la Guerra Civil, los dos autores dejaron constancia del compromiso político y el esfuerzo humanitario de las mujeres anglosajonas»

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Ya en su investigación sobre la prensa británica y la Guerra Civil, los dos autores dejaron constancia del compromiso político y profesional y la generosidad y el esfuerzo humanitario de las mujeres anglosajonas. Incluyeron en aquel libro, publicado en 2013, la traducción de artículos y reportajes perfectamente desconocidos en España como la curiosa semblanza que del general Franco escribió su profesora de inglés, Dora Lennard de Alonso; las crónicas de la escritora estadounidense Dorothy Parker Esta es la España auténtica y La agonía de España, y algunos reportajes conmovedores como Cirugía la la luz de las velas de la inglesa Jean Ross. Sin embargo quedaba mucha tela que cortar. En ello coincidieron Pastor y González y decidieron profundizar en su investigación.

Gran impacto tendría la visita de cuatro notables mujeres a la España en guerra. El 19 de abril de 1937, el Daily Express titulaba: “Las mujeres británicas abandonan Madrid”. Eran Katharine Marjory Ramsay (más conocida como Duquesa de Atholl y duquesa roja), Ellen Wilkinson, Eleanor Rathbone y Rachel Crowdy. Formaban parte de una delegación parlamentaria femenina encargada de recabar información sobre lo que realmente estaba pasando en ambos bandos, aunque de hecho nunca lograron adentrarse en el lado rebelde. El motivo del viaje era observar de primera mano los efectos de la guerra y convencer a los miembros del Parlamento británico de la necesidad de intervenir en el conflicto y frenar el avance del fascismo por Europa. Su informe fue publicado pocos días después y sirvió de base a algunos debates parlamentarios.

«Las flores de la primavera eran un obsequio del gobierno de la República y las bombas, un detalle de las baterías rebeldes situadas en las afueras de la heroica capital»

La duquesa Atholl era del Partido Conservador, Rathbone del Liberal y Wilkinson del Laborista. Crowdy, la cuarta, no era diputada, sino una veterana de la acción humanitaria que había dirigido en Francia y Bélgica las unidades de voluntarias destinadas en hospitales durante la Primera Guerra Mundial. Abandonaron España con los ojos doloridos. Las despidieron en Madrid “con bombas y ramos de flores”, según la información periodística. Las flores de la primavera eran un obsequio del gobierno de la República y las bombas, un detalle de las baterías rebeldes situadas en las afueras de la heroica capital.

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Crowdy y Wilkinson participarían meses después, el 10 de diciembre, en un acto en el que las mujeres fueron protagonistas absolutas: la celebración en Londres del cumpleaños de Dolores Ibárruri, Pasionaria, organizado por el Comite de Ayuda a Heridos y Dependientes, una de las muchas agencias humanitarias que se volcaron en ayuda a la España republicana y, entre otras acciones, contribuyeron a la evacuación y acogida de miles de niños vascos y cántabros. Numerosas intelectuales, escritoras y políticas se sumaron a aquel homenaje a Pasionaria. Los autores citan a las novelistas Rosamond Lehmann y Rebecca West.

«El activismo solidario de miles de mujeres anónimas, de ideología dispar y ocupaciones distintas, intentaron mitigar el dolor de un pueblo traicionado por las democracias europeas»

Fue tan solo un botón de muestra del activismo solidario con el que miles de mujeres anónimas, de ideología dispar y ocupaciones distintas, intentaban mitigar el dolor de un pueblo traicionado por las democracias europeas y masacrado por unos militares despiadados al frente de tropas mercenarias y con la maquinaria bélica alemana e italiana. Todas ellas fueron las verdaderas artífices de la creación de numerosas agencias humanitarias a nivel nacional e internacional, las encargadas de llevar la asistencia sanitaria donde se necesitaba, de trabajar por la España republicana y democrática tanto en el Parlamento británico como en las asociaciones y los comités repartidos por todo el país.

El Daily Telegraph y el Worker reproducían el 31 de agosto de 1937 una petición de auxilio de la Duquesa de Atholl al presidente de Estados Unidos, Roosevelt: “A la vista de las pruebas de fuentes británicas sobre las ejecuciones en masa de civiles en lugares ocupados por los insurgentes españoles, mi comité se atreve a rogarle que haga una llamada inmediata al general Franco para que dé su garantía personal a favor de la seguridad de los no combatientes en Santander, incluyendo a unos 100.000 refugiados vascos que se encuentran allí. Y también, si es posible, que permita la presencia de observadores neutrales”.

«Rebecca West denunciaba el maniqueísmo de ciertos sectores de la prensa británica pues insistían en presentar a los rebeldes como “una banda de inocentes patriotas”»

La escritora británica Ethel Mannin, en un folleto titulado Spain and Us (1936), firmó un artículo bajo el significativo título El crimen del embargo de armas en el que decía: “Considero el embargo de armas al gobierno español como una sanción impuesta contra un gobierno legal, elegido por la gran masa del pueblo español, y su imposición la negación de esa neutralidad que reclama, al mismo tiempo, un gobierno farsante que ha convertido a este país en el hazmerreír de Europa”. No era la única. Rebecca West denunciaba el maniqueísmo que se estaba generando en ciertos sectores de la prensa británica respecto a la sublevación militar, pues insistían en presentar a los rebeldes como “una banda de inocentes patriotas, como si se trataran de nobles caballeros al estilo de las viejas novelas para jovencitas que están luchando para preservar la ley y el orden contra unos bárbaros sedientos de sangre…”. Su conclusión es determinante al condenar sin paliativos la política de No intervención y la prohibición del envío de armas y soldados. La misma posición de indignación muestra la escocesa Catherine Carswell.

La rigurosa y selecta investigación de Pastor y González muestra cómo una y otra vez se hacía público el mismo dilema: entender que la Guerra Civil española era un conflicto circunscrito a un solo país y ajeno a los intereses del Reino Unido o asumir que el triunfo del fascismo en España supondría sólo un primer paso en su expansión por todos los países europeos. Las Brigadas Internacionales pasaban de ser así un ejército de proscritos a convertirse en los primeros luchadores contra el peligro que Franco, Hitler y Mussolini suponían para la paz mundial. Un magnífico ejemplo de aquéllos que adoptaron esta segunda postura lo proporciona Ellen Wilkinson en su artículo Héroes anónimos, traducido y reproducido en el libro junto con otros textos de gran interés histórico y político.

«’La mirada femenina’ también refleja la lucha de las mujeres contra la tendencia falsaria de equiparar los fusilamiento de los sublevados con los excesos de la España republicana»

‘La mirada femenina’ también refleja con gran precisión la lucha de las mujeres contra la tendencia falsaria e interesada de la prensa británica a equiparar los fusilamientos y masacres de los sublevados con los excesos que se registraron en algunas zonas de la España republicana, casi siempre protagonizados por grupos de anarquistas que rechazaban la autoridad del gobierno. Con un lenguaje claro y sencillo, el libro contiene una exposición inicial de más de cien páginas y una ordenada selección de artículos, reportajes, notas y cartas de mujeres relevantes que se significaron en la lucha por la libertad y la solidaridad humana.

Del ensayo histórico de los profesores Pastor y González se podría extraer la conclusión de que si las mujeres hubieran regido el destino de Gran Bretaña en lugar del asustadizo Neville Chamberlain y su obediente ministro de exteriores Anthony Eden, la República española no habría quedado desamparada, teniendo que recurrir al suministro de armamento ruso, racionado por parte del sagaz Stalin. Pero las mujeres no mandaban en el Reino Unido, el temor a la bestia nazi guardaba la viña y además era impuesto al débil francés Léon Blum, y la democracia acabó sucumbiendo en España para vergüenza, sangre, dolor y lágrimas de aquellas llamadas “potencias democráticas” mal dirigidas por unos políticos nefastos.

La mirada femenina
Portada de ‘La mirada femenina. Prensa británica y Guerra Civil en España’. / Amarú Ediciones

Puede ser que, como decía el novelista italiano Leonardo Sciascia, estas cosas ocurrieran porque los cerdos se habían subido a los árboles o porque, como escribió Albert Camus, podemos tener razón y ser vencidos, pero, sin duda, la causa principal de la fatalidad se ha de buscar en el desprecio de la opinión de las mujeres y de la opinión pública en general. Las encuestas realizadas por el Instituto Británico de Opinión Pública lo confirman: en enero de 1937, el 86% de los británicos rechazaban, por ilegal, el llamado “gobierno nacional” de Franco; en marzo de 1938, el 57% manifestaban su simpatía por la República y la apoyaban frente al 7% que simpatizaba con el bando franquista, y un 36% se decantaba por ninguno. Y en enero de 1939, cuando la derrota republicana era ya un hecho, los porcentajes de otra encuesta le eran todavía más favorables, puesto que el 71% de los encuestados apoyaba al gobierno de la República.

Mucho tuvo que ver la acción de las mujeres en aquel sentir mayoritariamente abrumador. Y no sólo de las escritoras, políticas y periodistas, sino también de las voluntarias que se alistaron como médicas, enfermeras, traductoras, niñeras y trabajadoras humanitarias. También las madres de los miles de jóvenes que se encuadraron en las Brigadas Internacionales. De todo ello, el libro aporta ejemplos y documentos relevantes.