Gala Pin: “Recuerdo con dolor el silencio de la Rambla, estaba herida”

  • Entrevista con la concejala de Ciutat Vella de Barcelona
  • La edil recuerda los atentados y los días posteriores un año después

BARCELONA.- La Barceloneta está en plena ebullición, a pesar de que han caído algunas gotas. Los turistas van y vienen de la playa, al metro, a los taxis, a la ciudad. Cuesta encontrar una mesa para realizar la entrevista en una terraza, está todo hasta los topes. Se respira alegría, es verano, son turistas y lo llenan todo. Algunas banderas que cuelgan de los balcones se quejan de la excesiva turistificación. Gala Pin (València, 1981), la concejala responsable de Ciutat Vella , vuelve la vista atrás para recordar cómo vivió hace un año los atentados que golpeaban el corazón de Barcelona, el centro neurálgico de Ciutat Vella, la Rambla.

Ya ha pasado un año, un año especialmente intenso en Catalunya, un año que ha cambiado la sociedad catalana, la política (o la ausencia de ella, en muchas ocasiones) ha sido la protagonista. El duelo barcelonés por los atentados del 17 de agosto de 2017 se ha interrumpido en tantas ocasiones por días históricos, hitos políticos y represiones que, a día de hoy, todavía está a medio hacer. Ha pasado un año, pero cuando Pin recuerda aquellos momentos de terror y todo lo que vino después, hasta la manifestación del 26 de agosto que ella mismo coordinó por parte del Ayuntamiento, se le entrecorta la voz, las lágrimas asoman y hay que parar la conversación para beber algo.

“Me enteré en Cuba, estaba de viaje porque se casaba un amigo. Estaba en Trinidad y encendí los datos, el atentado había ocurrido hacía cinco minutos, saqué inmediatamente un billete de vuelta para esa misma noche, estuve 24 horas seguidas viajando”. Llegó el día 18 por la tarde a Barcelona, el viaje se le hizo lento, en el avión no tenía información de lo que ocurría en Barcelona, en su Ciutat Vella (es vecina de la Barceloneta). “Este año no se me ha ocurrido viajar lejos, es mi síndrome postraumático, fue un viaje horrible”, recuerda con dolor. “Tenía todo el rato la necesidad de saber qué le estaban haciendo a mi ciudad”.

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“Compañeros de mi equipo me recogieron en el aeropuerto del Prat, antes, en el enlace en Barajas ya me confirmaron el número de muertos y me anunciaron que haríamos una manifestación el 26 de agosto y que yo tendría que coordinarla”, narra la edil de Ciutat Vella a cuartopoder.es. “Cuando me dijeron que tenía que encargarme de la manifestación sentí alivio, necesitaba ser útil y ya tenía algo que aportar”, añade.

Del aeropuerto, al Ayuntamiento. Del Ayuntamiento, seguidamente, a la Rambla. “Me llamó mucho la atención el silencio que se palpaba, lo recuerdo con dolor, hacía algo más de 24 horas que habían tenido lugar los atentados, noté cómo aquel lugar, siempre bullicioso, estaba herido”. “La Rambla, de alguna manera, había dejado, hace tiempo, de pertenecernos a los barceloneses, era un sitio copado por turistas y, cuando necesitaba cruzar Ciutat Vella la evitaba, subía o por el Gótico o por el Raval”, explica Pin, prosiguiendo: “En aquel momento se volvió un lugar familiar, todos los que estábamos allí teníamos un dolor común, la Rambla volvió a significar muchas cosas y muy importantes para los barceloneses, había gente mayor que recordaba sus visitas a la Rambla en su infancia…”.

Pin estaba, como tantos miles de ciudadanos, de vacaciones. Era agosto, había marchado de la ciudad y, cuando regresó apresuradamente, esta había cambiado. El silencio. Pero la reacción de la ciudadanía barcelonesa fue inmediata. Al día siguiente, cuando Pin todavía estaba regresanto, el grito de ‘No tinc por!’ colapsó Plaça de Catalunya. Miles de personas depositaron flores, objetos, escritos en el mosaico de Miró de la Rambla, en la fuente de Canaletes, colgaban versos de los kioskos. La gente se hizo con el espacio que, pocas horas antes, había sido escenario de la tragedia. La vida, la ciudad, respondía con fuerza. “Recuerdo la espontaneidad de la gente, recorrí la Rambla mucho aquellos días, de repente te encontrabas una marcha de taxistas tirando globos o cualquier otra manifestación ciudadana”, cuenta.

“Me recorrí en los días siguientes todos los negocios, sin decir que era concejala, llegábamos y decíamos que éramos del Ayuntamiento”. “Fue muy impactante, nadie había ido aún a preguntarles cómo estaban”. “Recuerdo una chica que nos dijo que nos estaba esperando, sin ni siquiera saber que íbamos a ir, nos dijo que estaba fatal y nos necesitaba, me sorprendió mucho”. “Recuerdo cómo se desmontaban los roles, entramos en un local en el que cocinan shawarma, todos los trabajadores eran hombres de origen musulmán, yo pensaba que se harían los duros, pero nos confesaron que tenían mucho miedo, que ellos eran musulmanes y no tenían nada que ver con el atentado”.

“Entramos en todas las tiendas de la Rambla, que no son pocas, y sólo tres, la tienda del Real Madrid, el Museo del Jamón y Desigual, habían dado acompañamiento psicológico y días libres a los trabajadores, de hecho, el fundador de Desigual visitó la tienda para ver cómo estaban”. “Una trabajadora de una tienda nos dijo que sólo estaba trabajando ella, que estaba muy mal y tomaba diazepán, pero que todos sus compañeros estaban de baja porque no podían soportarlo”. Los recuerdos, poco a poco, van abarrotando la mente de Pin. El dolor se había apoderado de su distrito, en el que vive, la Ciutat Vella de Barcelona, del distrito del cuál es responsable como concejala. Recuerda, de sus visitas a los comerciantes de La Rambla “la sensación de horror”, “la muerte presente”, pero también “una reacción de dignidad total” de su ciudad.

“Me preocupaba mucho que el Raval está al lado, un barrio donde hay mucha diversidad y mucha población musulmana, pero la gente se estaba activando, dejando claro que esa convivencia no se puede romper”. “Un día aparecieron unas pintadas islamófobas en unas paredes, cuando íbamos desde el Ayuntamiento a borrarlos, la gente ya se había organizado”. “Lo hemos dicho todos, pero esa sensación de enamorarte constantemente de la ciudad ocurría, en cada momento”. “Esos días descubrí que hay una comunidad Rambla, un lugar que nos parecía impersonal porque la mayoría de gente que la frecuenta son visitantes, pero que tiene mucha gente que la habita y hace posible, que se conoce y que se cuida”. “Como dice una canción de Gato Pérez, unas ramblas que van plenas de fecunda humanidad”.

El Ayuntamiento recogió todos los objetos y homenajes que se fueron depositando en la Rambla, los clasificó en una web y los conserva en el Museo de Historia. “Estuve ayudando a recoger los objetos y las flores, las velas se reciclaron, fue muy emocionante ver cómo se llenaba el espacio de muestras de solidaridad y cariño, pero no podíamos permitir que se convirtiera en un santuario, los trabajadores y vecinos de la Rambla nos lo pedían, necesitaban volver a la normalidad cuanto antes posible”, recuerda Pin.

“Me llamó la atención algo tan sencillo como un papelito con un verso de una canción de rock: ‘Ama, ama y ensancha el alma’, pero sobre todo los peluches, los relacionaba con los niños que murieron y resultaron heridos, me contaban cómo en las farmacias acogieron a algunos de ellos en los primeros momentos tras el atentado”, añade. “La gente dejó muchas cosas, tengo la impresión de que muchas de ellas no tienen un gran valor material, pero sí un valor sentimental para las personas que las dejaron”, describe la edil.

Pin estuvo al frente de la organización de la manifestación del 26 de agosto. Fueron unos días intensos, “lo viví con esa mezcla de dolor por lo que había pasado y de responsabilidad por que todo saliera bien”. “Había que hacer muchos equilibrios para que todo el mundo estuviera satisfecho, quisimos que el protagonismo fuera de las víctimas y de la gente que se había visto involucrada en los atentados, los servicios públicos y los comerciantes”. Sin embargo, el jueves previo la Casa Real anunció que asistiría: “Aquello desequilibró la balanza, hasta entonces se había conseguido dejar el tema nacional a un lado”. ‘Felipe, qui vol la pau no trafica amb armes’, esa pancarta acompañó al monarca durante un tramo del recorrido y algunas cámaras la inmortalizaron. Los abucheos a Mariano Rajoy y a Felipe VI se hicieron protagonistas de la manifestación.

Frente a esto, Pin quiere poner en valor la “delicadeza que se tuvo para que la pancarta principal representara la diversidad, desde las fuerzas de seguridad hasta colectivos de inmigrantes”. “Los silbidos me daban vergüenza pensando, sobre todo, en los familiares de las víctimas, habíamos organizado la manifestación pensando en que primara el rechazo a la violencia, pero durante el recorrido no fue así”, comenta, añadiendo: “Sí que lo fue en el acto del final de la manifestación y en aquella marcha espontánea que se formó con mucha gente bajando la Rambla, tras el acto”.

“Yo no quise ir al bloque de autoridades, me quedé coordinando en la cabecera, para que todo el mundo que tenía que estar presente en la pancarta, lo estuviera, para que se mantuvieran los tiempos para llegar al acto”, explica. La primera pancarta estuvo presidida por la sociedad civil, los servicios de emergencias, las fuerzas de seugridad… “Ya que los abucheos ocurrían y no se podía hacer nada, que todo lo demás saliera según lo previsto”, continúa. “Recuerdo que el gremio de floristas de la Rambla nos cedió miles de flores para que se repartieran en la manifestación, muchos voluntarios las repartieron”, destaca este gesto, frente a la politización de la manifestación.

Por eso, espera que el acto de hoy en Plaça Catalunya de conmemoración a las víctimas un año después de los atentados sea un acto de catarsis. “Todos lo necesitamos, un acto de duelo y de poner en valor la solidaridad y la movilización de la ciudadanía”, comenta Pin. “La manifestación, por desgracia, estuvo muy empañada por las discrepancias políticas, que esta vez no sea así”, prosigue. Y desea que, más allá del dolor por el terror causado, se mantenga “la consolidación que tuvo lugar de que somos una ciudad diversa y plural”. Y destaca que “se ha afianzado la Rambla como un espacio propio de la ciudad y sus habitantes” que se unieron bajo el grito de ‘No tinc por!’ frente a la violencia y la sinrazón terrorista.