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Bilingüismo: ni se aprende inglés ni ‘science’

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Enrique Javier Díez, Rubén García Martín y Agustín Moreno *

bilinguismo

Imagen que ilustra el informe “Ni aprendemos inglés ni science” elaborado por el Área de Educación de IU. / izquierda-unida.es

Gracias a la propaganda institucional el llamado bilingüismo está de moda y pocos se atreven a cuestionarlo. Y ha sido Izquierda Unida quien ha tenido que decir, como el cuento de Hans Christian Andersen, que el rey está desnudo. La propaganda, aunque esté aceptada por muchos, no tiene por qué ser cierta.

El Observatorio por la Educación Pública ha elaborado un informe sobre el bilingüismo que se está implantando en las aulas educativas. Ha abordado lo que no se atreven a evaluar las comunidades educativas que llevan más tiempo con el desarrollo de este modelo (Madrid, Murcia). El informe explica en qué consiste el modelo, pero sobre todo apunta conclusiones sólidamente documentadas, para la reflexión, el debate y la búsqueda de otras formas alternativas de aumentar la capacidad plurilingüística. Veamos. 

1. Un empobrecimiento de los contenidos. Las investigaciones y estudios realizados sobre el bilingüismo escolar concluyen de forma contundente que “hay un efecto negativo claro, cuantitativamente sustancial, sobre el aprendizaje de la asignatura enseñada en inglés”. Es decir, aprenden menos cuando la asignatura es en inglés. Además, tiene posibles efectos colaterales en el vocabulario de ciertas materias, que se empobrece. De esta forma, el castellano puede ir pasando cada vez más de ser una lengua de cultura y de ciencia, a verse reducida a una lengua recluida a los ámbitos coloquiales: familia, amistades y relaciones personales. Buena parte del profesorado está planteando que la forma en la que el bilingüismo se está implantando en el actual sistema educativo resulta destructivo para las asignaturas impartidas en inglés, que son sacrificadas en aras del aprendizaje del idioma, con una creciente dificultad en el alumnado a la hora de comprender los conceptos específicos de cada disciplina.

Las familias cuestionan la práctica concreta. Relatan que “no se trata de aprender ni mucho menos de razonar. Se hacen exámenes tipo test. Con muchos dibujos…”. Como dice Abella, no está claro que la mejor forma de aprender una lengua extranjera sea usarla como lengua vehicular al enseñar otras asignaturas. La capacidad –aunque solo sea léxica– del comunicador, la del oyente y la interacción están limitadas.

2. Una segregación explícita. Pero, lo más grave, es que se está configurando como un elemento de segregación social en las aulas. En los institutos con programas y secciones bilingües se agrupa al alumnado según el dominio del idioma. En el grupo no bilingüe se concentran los que más dificultades tienen. Produciéndose el denominado efecto Mateo: a quien más tiene más se le dará, y al que no tiene, incluso lo poco que tiene, se le quitará. Esto se contradice abiertamente con el diseño general de lo que debe ser una educación basada en la equidad y la inclusividad en la educación obligatoria. Las investigaciones están mostrando que en las aulas bilingües ha aumentado el porcentaje de alumnado de familias con estudios universitarios, mientras que disminuyó el porcentaje de alumnado inmigrante y el de necesidades educativas. Se está así segregando grupos en función de los factores socioeconómicos. Pero también los centros están entrando en esta dinámica donde cada vez más “se elige estar dentro, para no estar fuera”. Muchas escuelas e institutos se han visto forzados a entrar en esta dinámica competitiva, acreditándose como colegio bilingüe precisamente para no convertirse en guetos.

Lo cierto es que parece que el propósito de la derecha conservadora está siendo utilizar el inglés como un elemento discriminatorio y de ventaja comparativa para las clases sociales más altas. Generando segregaciones y guetos que pueden convertir la educación en un riesgo para una parte del alumnado, en vez de ser una oportunidad para todos y todas. Además de intentar utilizarlo también políticamente como arma arrojadiza contra los idiomas propios en determinadas comunidades autónomas. Como analiza César Rendueles, “seguramente la herramienta de discriminación social más ambiciosa que se ha ideado en España es el programa de bilingüismo de la Comunidad de Madrid (CAM), una auténtica pesadilla elitista”.

3. El coste del bilingüismo.Estos programas están suponiendo un gasto considerable que podría emplearse en otras partidas y utilizan recursos económicos que se detraen de otros programas educativos (compensación de desigualdades, atención a la diversidad), lo que supone un atentado a la equidad educativa. El programa ha producido también un coste negativo sobre las relaciones laborales y la composición de las plantillas en los centros. A medida que el proyecto va creciendo, el profesorado no habilitado en inglés comienza a verse desplazado, a pesar de lo competentes que sean como docentes. Magníficos profesores y profesoras son reemplazados por docentes inexpertos que, no obstante, dispone de un nivel C1 de inglés.

Además, los recursos para formar a docentes han ido descendiendo desde que se puso en marcha el programa. Desde que comenzaron los recortes educativos, la habilitación se la costea cada profesor. La pregunta es ¿acaso va a mejorar el nivel académico porque todos el profesorado hable mejor inglés? ¿Va a mejorar por ello la calidad del sistema educativo y se va a reducir el fracaso escolar? El inglés no tiene por qué ser un elemento selectivo, al mismo nivel que la capacidad científica y didáctica, para la idoneidad docente.

4. El negocio del bilingüismo. En paralelo, a la implantación del bilingüismo, se ha desarrollado el gran negocio de la evaluación del inglés a través de exámenes por empresas externas. Unas pruebas que, en vez de asignar a las Escuelas Oficiales de Idiomas, se encargaron a corporaciones autónomas asociadas a universidades inglesas y que cobran por cada examen entre 40 y 100 euros. Dado que han pasado más de 200.000 alumnos y alumnas solo en Madrid en diez años, imaginemos el negocio que pagamos la ciudadanía para acreditar el nivel de bilingüismo. Estos exámenes son innecesarios por su nula repercusión en la mejora del proceso de enseñanza y aprendizaje, además de no ajustarse al currículo del curso.

5. Colonialismo mental.Por último, procede aclarar que el término “bilingüe” es, cuando menos, engañoso. Porque sólo se refiere a determinados idiomas, “del norte”, generalmente el inglés. Como dicen MacedoDendrinos y Gounari: “Igual que las políticas coloniales del pasado, la ideología neoliberal, con la globalización como su símbolo, continúa para promocionar políticas lingüísticas que lanzan al inglés como una ‘súper’ lengua que debe ser adquirida por todas las sociedades que aspiran a la competitividad en el orden económico del mundo globalizado”. La pregunta es si ésta debe ser la finalidad de la educación obligatoria para niños y niñas de 6, 8, 10, 12, 14 o 16 años. Recordemos que la Constitución establece que “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales” (art. 27.2).

6. Otra educación plurilingüe es posible. Este modelo de educación bilingüe que se está implantando de forma masiva, sin estudios en profundidad que valoren sus efectos y tan cuestionado por la comunidad educativa, se ha extendido como una moda en el panorama nacional, de tal forma que los grandes partidos políticos, tanto de carácter conservador como socialdemócrata, incluyen la promesa de extenderla en sus programas. El hecho de que el nivel de manejo en una lengua extranjera en el Estado español sea muy bajo comparativamente con otros países, no tiene por qué implicar que la solución pase por incrementar su aplicación en el currículo usándolo como lengua vehicular desde edades tempranas.

Es necesario un debate serio y riguroso, y con participación de toda la comunidad escolar, partiendo del hecho demostrado de que la alternativa evidente es la inmersión, largas estancias en otros países, bibliotecas bilingües en los centros educativos, intercambios de estudiantes, etcétera. El aprendizaje de idiomas necesita ayudar al alumnado para pensar en la lengua adquirida como si fuera la nativa. Para conseguir esto hacen falta recursos en forma de becas y dotaciones a los centros. No se trata de cuestionar la importancia de una mayor capacidad de comunicación con personas de otros países (no solo con ingleses), sino de abordar esa comunicación desde otro enfoque, más global, más integrador, que no tenga tantos efectos negativos, segregadores y colonizadores en el desarrollo educativo.

(*) Enrique Javier Díez, Rubén García Martín y Agustín Moreno son profesores y participan en el Área de Educación de Izquierda Unida.
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amanda | Martes, 28 Marzo , 2017 || puntuación:1
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En contra de lo que afirma el artículo, creo que dar la oportunaidad a los niños de educarse en dos idiomas es una maravilla, otra cosa es que no tenga los medios que necesita, pero como planteamiento es estupendo, es dar una educación mirando al futuro a un mundo cada vez más global y comunicado y además nos guste o no el inglés es el idioma de referencia en la técnica y la ciencia.
Me temo que quien ha escrito este artículo se ha dejado llevar por cuestiones políticas pero no sabe o no quiere saber, lo que es adquirir competencias en un idioma. Pregúntenle a cualquiera que desee expresarse correctamente en un idioma, qué dificultad tiene de mayor, comparado con aprenderlo de niño es una inmensidad.
Yo aprendí de pequeña, hasta los 8 años, dos idiomas por obligación, porque mis padres trabajaban en el extranjero.
hoy en día, todavía mantengo la competencia casi bilingue en francés a pesar de que hace muchos años que no resido en francia. Sin embargo, en inglés, que he estudiado con el método tradicional tengo una competencia bajísima.
Con respecto a los contenidos que se imparten en Inglés, yo estudié dichos contenidos en Español, y aparte de que muchos se han quedado obsoletos, apenas me queda una culturilla general, la misma que cualquiera puede adquirir hoy en Internet.

En cuanto al colonialismo, no deben olvidarse aquellos de vocación historico política que nuestro propio idioma es fruto del colonialismo y no veo a nadie rasgándose las vestiduras, pidiendo a gritos recuperar nuestros lenguajes prerromanos.

Ezkertiarra | Martes, 14 Febrero , 2017 || puntuación:0
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Keila, ¿has leído el artículo? Claro que hay diferencia de nivel entre grupos bilingües y no, ¿qué crees que se denuncia en el apartado “Una segregación explícita”?
El caso es que, unos porque lo dan en inglés y otros porque se juntan todos los que tienen más problemas, se están cargando el contenido de todas las asignaturas afectadas por los problemas bilingües.

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[…] Bilingüismo: ni se aprende inglés ni ‘science’ […]

lucy | Domingo, 12 Febrero , 2017 || puntuación:3
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Yo también tengo dominio del idioma, mis hijos estudian en inglés con el programa British y de contenidos ni parecidos a los que se imparten en un centro en el que las ciencias se dan en español, en concreto mi hijo la historia que sabe la ha visto en casa.
Ha pasado al instituto sin tener los contenidos que hay en el currículum, y cuando luego acaban la ESO no hay bachiller bilingüe por lo menos en los institutos que me tocan de referencia.
En cuanto a que las publicaciones son en inglés, es cierto, pero tendrá que sacar la carrera en algún sitio y si el contenido previo es inglés va a ir bastante escaso, y lo digo por experiencia.

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[…] Fuente original: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2017/02/04/bilinguismo-ni-se-aprende-ingles-ni-… […]

lu21 | Jueves, 9 Febrero , 2017 || puntuación:-1
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Totalmente de acuerdo con todo lo mencionado, sin embargo si que estoy a favor del bilingüismo, un bilingüismo bien dado, es decir el que imparten los denominados Brithis.
Es inadmisible que nos “obliguen” a todo el profesorado a tener el B2, para poder tener más privilegios, traducido en más posibilidades de trabajar.

Keila | Jueves, 9 Febrero , 2017 || puntuación:-31
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Soy madre con un buen dominio del inglés, llevo a mis hijos a un cole bilingüe y no entiendo a la gente que dice que no funciona. Habrá casos y casos, pero en el mío los profesores están siendo extraordinarios, puedo asegurar que dominan a la perfección el idioma y, sinceramente, prefiero que las ciencias que aprendan mis hijos sean en inglés. De poco les van a servir aquí, más cuando el 90% de las publicaciones científicas son en inglés. Un poco de sentido común y dejémonos de tópicos, eso de que los profes no saben y los alumnos no aprenden…Donde no aprenden nada es en las clases no bilingües, con el ambiente que hay los profesores no pueden explicarles nada. Creo que si se evaluase el aprendizaje bilingüe frente al no bilingüe, habría muchas sorpresas…

ana | Martes, 7 Febrero , 2017 || puntuación:-103
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El problema no es el bilinguismo. El problema es que hay profesores que NO tienen NI idea del otro idioma porque NO se puede contratar a nativos. Ese es el problema.

Mr Peña | Lunes, 6 Febrero , 2017 || puntuación:13
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No puedo estar más de acuerdo. Especialmente con el factor segregador. Estas aulas no son el reflejo de nuestra sociedad y crea conflictos no solo entre profesores sino, aún peor, entre alumnos.
Profesor en centro plurilingüe durante 6 años.

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