MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ | Publicado: - Actualizado: 16/5/2017 09:32

Miguel_Sánchez_OstizHay países que se rigen por firmes o cuando menos sólidos principios democráticos y por una referencia clara de respeto a las leyes. Me temo que España no se encuentra del todo en ese caso: el nuestro es un estado de Derecho más para unos que para otros, débil, más convención de conveniencia que una realidad que dé plena seguridad a todos los ciudadanos. En España está visto que el fundamento más claro del régimen político instaurado bajo la presidencia de Mariano Rajoy no es la ley, sino la arbitrariedad de los gobernantes y la impunidad para ellos y sus cómplices y beneficiarios de todas sus actuaciones abusivas, sectarias, clasistas; algo que nos acerca poco a poco a un régimen autoritario, de todo lo de nuevo cuño que queramos, pero autoritario.

Aquí encontramos una impunidad en las actuaciones de gobierno o los hechos cometidos a su amparo, que, en muchos casos, no es sino una clara tendencia a la inmunidad, a la voluntad de quedar fuera del alcance de la ley o de convertir las irregularidades o los abusos en esta. El sustraer a los jueces cuestiones de orden público y convertirlas en asuntos administrativos es una clara muestra de esa voluntad. Y tienen conciencia de haber venido para quedarse, como sucede en otros regímenes y países que ellos critican. Esa es otra, los demonios están siempre fuera. No hay espejos, la autocrítica está proscrita. Basta reparar en sus reacciones cuando son atrapados de manera flagrante en actos cuasi delictivos o cuando menos indecorosos con descaro.

Los fundamentos de la impunidad son normalizar las conductas públicas y privadas irregulares, faltas de ética, abusivas, contrarias a derecho, hacer que sean socialmente admitidas, verdaderas reglas del juego, excluirlas de la denuncia en los medios de comunicación de mayor alcance. En pocas palabras, han conseguido subvertir la ley y hacer de la mentira verdad a base de votos y de aplausos, y de silencios. Al gobernante, por principio, se le consiente todo. Como mucho se arroja a algún pagano a los leones togados porque se sabe que tardan lo suyo en morder y en digerir la presa. Sin el apoyo social esto no se sostendría y se sostiene porque lo hay, manifiesto, extendido, patrióticamente orgulloso. Es demasiado burdo para que no corresponda a una tradición hecha tara social incurable y por el momento invencible.

Por su parte, los políticos profesionales que gobiernan o que merodean a la sombra del poder, han demostrado tener una confianza ciega en que, hagan lo que hagan, no va a tener consecuencia negativa alguna, en que van a ser justificados, aplaudidos, votados, absueltos, con todos los pronunciamientos favorables y recibir a cambio trofeo y recompensa.

¿Que el presidente de gobierno y los miembros de su gabinete mienten? No pasa nada. Es más, esto antes se señalaba con ruido de vestiduras rasgadas, ahora ni eso, se ve que los harapos no hacen ruido o que no hay nada para rasgar. El caso del Yak-42, tan bochornoso que se comenta solo, es un buen ejemplo: no pasa nada, estaba ahí desde hace 14 años y, salvo para los familiares de las víctimas, andaba medio olvidado, y ahora les da igual, más patrañas, más sacos de humo.  ¿Infringe el Gobierno sentencias del Tribunal Constitucional? Los medios afines al régimen o no lo denuncian o al día siguiente callan, como si obedecieran órdenes o consignas, y el Gobierno conspira sin recato para hacerse con su control. El Partido Popular parece ser un paladín de defensa de la ley y el orden, cuando en la práctica acata leyes y sentencias cuando le conviene, y cuando no hace caso omiso o se defiende con chicanas y marrullerías procesales. Exige, pero cumple a duras penas.

A lo largo de cinco años han reunido un apretado ramillete de motivos para dimisiones en cadena que no se han producido. El defendella y no enmendalla es otro de los fundamentos de este estado de cosas y una ciega confianza en que el arrastre de los días y su velo de olvido lo absolverá todo. Esto es algo más que la ceguera moral denunciada por Bauman en uno de sus últimos ensayos, junto con la construcción de un mundo de una pavorosa desigualdad social. Bauman era molesto, todas las voces críticas lo son, inquietaba, denunciaba lo que la propaganda del sistema oculta, ponía en tela de juicio las ruedas de molino.

Qué les importa lo que digan o dejen de decir, fuera de los medios por ellos controlados, e incluso dentro, los filósofos, los pensadores, los juristas que creen en el derecho y no en la fuerza o en que el gobierno está por encima de la ley y esta a su exclusivo servicio. A ellos, con Rajoy a la cabeza, parece que con el Marca les basta. Además tienen pensadores de cámara a su servicio, para callar o justificar sus tropelías. Para el resto les basta con el programa de difamaciones de la Sexta y sobre todo con su audiencia, porque ese programa no sería nada sin una audiencia a la que se le da lo que pide, a la que se le adoctrina y enseña a pedir lo que se le da. Es de una tristeza demoledora… El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,/ sino de siempre escribió Luis Cernuda en un poema, de hace mucho, claro, desgarrado en extremo: «Es lástima que fuera mi tierra». No tienes otra.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana.

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