Patriotas

La ministra de Defensa, María dolores de Cospedal, saluda al nuevo jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Fernando Alejandre
La ministra de Defensa, María dolores de Cospedal, saluda al nuevo jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Fernando Alejandre, tras su toma de posesión. / Fernando Alvarado (Efe)

Fernando Alejandre alerta a los españoles contra “las mentiras, difamación, falsedad y derrotismo”, y pide que mantengamos vivos conceptos como “patria, sacrificio y honor”. De esta manera tan apasionada Alejandre nos advierte contra aquellos que “tratan de pervertir los principios que aprendimos y hacer que olvidemos la trascendencia de servir a España con todas nuestras fuerzas”.

¿Quién es este patriota? Se preguntarán muchos de ustedes. Pues ni más ni menos que un general del ejército, el flamante nuevo jefe de la cúpula militar de nuestro país. Está claro que al señor Alejandre se le llena la boca de patria cuando dice “¡España!”. Pero no todos los nacidos en este país tienen por qué albergar los mismos sentimientos patrióticos. O no tienen por qué entender el patriotismo de la misma manera.

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Para mí, por ejemplo, patriota es aquel que paga impuestos, que defiende los servicios públicos, que no se corrompe, que no ensucia las calles, que es partidario de la acogida de refugiados e inmigrantes, y que defiende el modelo de selección de Del Bosque (tiqui taca) frente al de Camacho (testiculina). Yo soy un patriota, o al menos eso creo, o por lo menos eso intento.

El discurso con que Alejandre estrenó su cargo de jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) me pareció más en la onda de Camacho que en la de Del Bosque. Brochazos de chusquero, con todos los respetos. Un militar moderno, del siglo XXI, debería ser rebelde como un motero, imprevisible como un delantero, incontrolable como un tuitero, innovador como un rapero y, por supuesto, tan apasionado como justiciero. ¿Patria, sacrificio y honor? Faltaría más. ¿En contra de las mentiras, la falsedad y la difamación? Qué menos. Pero como estamos en 2017, no hubiese estado de más que adelantase algo de faena: vamos por este camino, de aquello ni hablar, los datos son estos y las cifras aquellas. Profesionalidad antes que nacionalismo.

Me hubiese gustado escuchar al general Alexandre explicar a un grupo de talaveranos, vecinos de una ciudad sin futuro ni inversiones con un 35% de paro, por qué los españoles tendremos que pagar de penalizacion a la empresa Airbus 243 millones de euros por trece aviones que al parecer ya no queremos. O por qué admitimos la caridad de Amancio Ortega, 320 millones de euros a la sanidad pública para combatir el cáncer, al tiempo que la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, se compromete a subir el presupuesto militar desde el actual 0,92% del PIB hasta el 2% antes de 2025, un aumento del gasto sin precedentes desde el franquismo. Alrededor de 12.000 millones de euros anuales.

Ideas, no solo cifras. A los militares, a los modernos también, el patriotismo se les supone. Tienen que demostrar, como el resto de la gente, que en su trabajo son eficaces, prudentes, honrados y, sobre todo, que están junto a los ciudadanos, a su servicio, a sus órdenes. Son nuestra Defensa, no la de Cospedal, la de PP o la del mismísimo Gobierno. Son un ejército popular o no son nada.