AGUSTÍN MORENO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 01:40

Vídeo íntegro del homenaje a Ladislao Martínez. / Gregorio de la Osada Sánchez (YouTube)

En el auditorio Marcelino Camacho se celebró el sábado un homenaje intenso y emotivo a Ladislao Martínez. En él participaron un millar de personas. Intervinieron familiares, amigos y una veintena de representantes de grupos ecologistas, partidos políticos, mareas y movimientos sociales en los que participó porque nada le era ajeno. Grupos ecologistas como Aepden-Aedenat, Movimiento Antinuclear, Comisión AntiOtan y Ecologistas en Acción. Opciones políticas como Ecosocialistas IU, Izquierda Anticapitalista y Viento Sur, Podemos-Círculo 3E. Movimientos sociales como la Marea Verde y su instituto de Vallecas, la Plataforma antiTérmicas, la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II-Marea Azul, Fundación Renovables, Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Attac, 15M Tetuán, Área de Medio Ambiente de CCOO… Se leyeron poemas y textos, se proyectaron audiovisuales, nos emocionaron sus alumnos, sus amigos, su compañera, su hermana y su sobrina. Se cerró el acto con la actuación de La Solfónica y del coro de mujeres Entre Dos.

Recogemos dos de las intervenciones. La mía, por pura disponibilidad, y la de Marta, una de sus alumnas, por ser un auténtico manifiesto a favor de la educación como herramienta poderosa para la igualdad, para la vida, para la justicia y a favor del oficio de maestro.

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Cartel del homenaje a Ladislao Martínez.

Intervención de Agustín Moreno en nombre de su instituto, de la Plataforma de Vallecas y de la Marea Verde

Todavía nos sigue costando asumir la muerte de Ladislao Martínez. La muerte siempre sorprende y golpea, nos deja rabiosos y desolados. Con mucha rabia porque los dioses se llevan primero a los mejores, a los más necesarios y a los más buenos. Solo los buenos son capaces de reunir a tantos amigos y compañeros de luchas y de esperanzas como hay aquí.

Hablaré de dos dimensiones de Ladis: como docente y como defensor de la enseñanza pública. La vocación de profesor le venía de familia: sus padres y su hermana Pilar; hasta su compañera tuvo una primera etapa de profesora. De sólida formación científica, muy riguroso y con gran capacidad para motivar a los alumnos y que se interesaran por la Física y Química, la ecología, el mundo, la política y la vida. Porque sabía que la educación no es neutra, que se educa para la vida y para el cambio social o para el mercado. Y no digo más, porque para saber por qué era un extraordinario profesor no tenéis más que escuchar luego a sus alumnas y alumnos.

Era un gran defensor de la educación pública. Tenía claro que había que cambiar la escuela para mejorar la sociedad. Y que cuando un país que destruye su Escuela Pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes o la Cultura, está ya gobernado por aquellos que solo tienen algo que perder con la difusión del saber. Y es evidente que cuando no hay educación, cuando el saber no se socializa, no hay manera de romper el círculo vicioso de la sumisión.

En el IES le gustaba moderar las frecuentes asambleas que hacemos y lo hacía con la solvencia y eficacia que le caracterizaba: parece mentira que en 30 minutos pudiéramos debatir y acordar tantas cosas. Era un miembro activo de la Plataforma por la Escuela Pública de Vallecas, lugar de origen de la Marea Verde y de las camisetas verdes que él siempre se ponía todos los miércoles en el centro. Camisetas que, por si alguien no se ha dado cuenta aún, han pasado a ser una bandera en defensa de la escuela pública.

Participaba en la Marea Verde en la base y en las asambleas generales cuando podía. Nada sectario, partidario de las decisiones horizontales y poco amigo de las burocracias, realizaba todas las huelgas que se convocasen. El sitio más seguro para encontrarse con Ladis era una manifestación por una buena reivindicación.

En fin, siempre reivindicando en la calle y mejorando en la escuela, que es como mejor se defiende lo público: creyendo que todos los alumnos pueden mejorar y dando lo mejor de sí mismo. Llevaba muchos años en nuestro instituto, que es un centro de difícil desempeño de la profesión docente, podría haber concursado e irse a otro más próximo a su casa o más cómodo, pero mantuvo su compromiso con Vallecas y con su gente.

Era tan importante su trabajo como profesor que fue el último hilo que le sujetó a este mundo. Desde el comienzo del curso todo su objetivo era aguantar, seguir haciéndolo bien, resistir día a día. Le vi el viernes, 5 de diciembre, había cogido la baja dos días antes e iba a cerrar cosas: llevaba unos exámenes a su compañero de departamento. Tuve la suerte de darle un abrazo horas antes de su muerte sin saber que era una despedida. Me dijo: si me han quitado de la actividad política y no puedo dar clases, se me va a hacer muy duro todo. Faltaba un cuarto de hora para el recreo, pero no se quedó a tomar un café.

Hay muchas preguntas que no tienen respuesta. Pero quiero creer que en la decisión de Ladis pesaron varias cosas. Por un lado, su profunda convicción de que la lucha por una vida digna incluye el derecho a una muerte digna. Por otro, la valentía de decidir él hasta la última jugada: era un luchador incansable que quiso vencer a la enfermedad antes de que ésta le derrotara. Por último, un gesto de humanidad y de generosidad implícita en su decisión hacia su compañera Carmen y los demás, aunque nos cueste entenderlo.

Solo nos queda asumir la situación desde el respeto. Antes decía que nos deja desolados, porque su ausencia nos va a costar llenarla. Pero hay que conjurarse para hacerlo. Para demostrar a la muerte que no ha vencido, porque siempre permanecerá en nuestra memoria por su ejemplo, aportación, testimonio, por su integridad moral, por su coherencia y por tantas cosas. Y porque, como dice un proverbio africano, “las huellas de las personas que caminaron juntas, nunca se borran”.

Esta mañana del 31 de enero me ha parecido verle entre la multitud, a lo lejos, discreto como siempre, confundido en el pueblo. Hubiera jurado que era él y me dio alegría. Creo que le vamos a sentir muchas más veces a nuestro lado defendiendo cualquier buena causa.

Ladis Instituto Vallecas
Ldislao Martínez, primero por la izquierda, durante una protesta de profesores y alumnos a la entrada del Instituto Villa de Vallecas. / Ecologistas en Acción

Intervención de Marta Escanciano, alumna de Ladis, en representación del alumnado de su instituto

Ladis, nuestro querido profesor de presencia imponente. Al principio parecía un tipo duro, con su barba, sus jerséis y sus camisas de cuadros pero pronto descubrías que tras esa apariencia había una persona de gran corazón.

“Si lo supierais todo, yo no tendría trabajo”, nos decías cuando nos quejábamos de que no sabíamos hacer algún problema difícil. Tu manera de enseñar era especial: querías que pensásemos, no sólo que aprendiésemos. No te servía que nos supiéramos las cosas de memoria, teníamos que demostrarte que las entendíamos, que éramos capaces de razonar. Y eso que lo que tú enseñabas no era precisamente una asignatura fácil.

Muchos alumnos no conocíamos tu activismo ecologista, pero lo que sí sabíamos de memoria era tu pequeño ritual diario antes de empezar la clase: “Subid las persianas de atrás y apagad la luz”. Al principio nos parecía una manía, pero después entendimos lo que eso significaba. Esta era una de tus pequeñas enseñanzas diarias. Así enseñabas tú, con tu ejemplo.

Siempre luchando por obtener mejores condiciones en el instituto, el primero en ponerte la camiseta verde, la azul. Nunca quisiste dejar un barrio humilde, un barrio de gente obrera, de chavales que quizás no sean los mejores alumnos y que por eso precisamente necesitan de los mejores profesores. Te recuerdo diciendo: “Hace 10 años yo tenía grupos de 20 alumnos. Así sí”. Y nosotros nos mirábamos pensando que siempre nos toca lo peor, pero con la certeza de que lo mejor lo teníamos enfrente: tú.

Todos nosotros recordamos cuando, en cursos anteriores, si hablábamos mientras explicabas nos decías: “Una, a la de tres te vienes conmigo en el recreo a limpiar tubos de ensayo”, y si “estábamos muy rallantes”- como tú afirmabas- la frase era: “Nos lo estamos pasando tan bien que nos vamos a quedar en el recreo”. Siempre nos hacías sonreír, pero también conseguías tu objetivo: que nos calláramos al instante. O casi. Tampoco olvidaremos cuando nos cruzábamos contigo en el pasillo y nos saludabas con un: “Hola, flores de pitiminí”. O cuando, en años pasados, recurrías al “enanito chivato de detrás de la pizarra” para intentar que comprendiéramos mejor lo que acababas de explicar.

Ignoramos por qué te has ido, pero lo que sí sabemos es que lo hiciste demasiado pronto, dejándonos muchas preguntas sin resolver, a las que prometiste que irías contestando en cursos posteriores. Para muchos de nosotros eras NUESTRO profesor, así con mayúsculas, al que recurríamos en caso de tener algún problema, fuese cual fuese. No sé si volveremos a tener un profesor como tú, un maestro, que nos guíe no sólo dentro del instituto sino también fuera de él.

Gracias por todo lo que nos has ayudado, todo lo que has luchado por los demás, por nuestro futuro: el de todos y cada uno de nosotros.

Por último, queremos que sepas que tu voz sigue sonando en cada aula, en casa pasillo, en definitiva en cada rincón del instituto. Te recordaremos cada vez que veamos una camiseta verde, una manifestación o un artículo sobre el medio ambiente. Gracias de todo corazón, Ladis. Hasta siempre.

  • Ramón

    Excelente y muy al parecer, no lo conocía personalmente, merecido homenaje.A seguir el camino y conseguir más buenos.

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