Con Wert llegó el caos

Imagen de la manifestación celebrada por la Marea Verde en las calles de Madrid en octubre de 2011. / Efe
Imagen de la manifestación celebrada por la Marea Verde en las calles de Madrid en octubre de 2011. / Efe

Aunque parezca que se va por su propio pie, hace tiempo que Wert era un cadáver político. Del protagonismo inicial que le llevo a enfrentarse con todos los sectores del mundo educativo, de la cultura, con Cataluña, con Bruselas… pasó al silencio. Ya había cumplido su papel entre mal clown y pararrayos de las críticas al mismo Mariano Rajoy; era mejor que no hablase mucho para no desatar escándalos, ni compareciera en actos para no recibir el desprecio de intelectuales, artistas o de brillantes estudiantes con camisetas verdes.

En cualquier país realmente democrático hubieran cesado a un ministro enfrentado con todos, que crea bronca política a diario con sus provocaciones y que se mantenía con obstinación como el peor valorado de la democracia. Le ha  salvado la pereza política de Rajoy para tomar decisiones.

Publicidad

Con la llegada del PP al poder empezó el gran saqueo del gasto social. Y se necesitaban kamikazes para dar la cara y justificar el latrocinio de lo público. Solo en educación se recortaron 7.764 millones de euros en cuatro años, bajando el gasto educativo de más del 5% hasta el 4,31% del PIB. Las consecuencias fueron muy duras en la enseñanza pública: abandono de la atención al alumnado con necesidades educativas especiales, aumento del número de alumnos por clase, despido de más de 50.000 profesores, recorte de becas de todo tipo, el tasazo universitario y, en la formación profesional, aumento de la jornada lectiva, etc. La respuesta fue un proceso de movilización con numerosas jornadas de huelga y grandes manifestaciones de la comunidad educativa (profesorado, estudiantes, familias). De él nació la Marea Verde como un movimiento social para impedir el deterioro de la enseñanza y exigir una escuela de todos y para todos.

Wert se encargó de elaborar una ley que consagrase los recortes y esta jibarización de la educación pública. Es la LOMCE, una ley clasista y segregadora (reválidas e itinerarios excluyentes) que impulsa la privatización de la educación al servicio de la red concertada, financiando incluso la separación por sexos, y que potencia la asignatura de religión. La ley logró concitar el rechazo de todos los grupos parlamentarios que, además, se comprometieron a derogarla en cuanto se produzca un cambio político.

En relación a la universidad, las agresiones han sido múltiples: recorte de 1.523 millones de euros en cuatro años, gran subida de tasas y reducción de becas, con la expulsión de 45.000 estudiantes de la universidad y la consiguiente pérdida de talento que decían defender, o el intento de aplicar un nuevo modelo de carreras y titulaciones (3+2) que elitiza la universidad. El nivel de discrepancias se expresó en los continuos enfrentamientos con la conferencia de rectores.

En el terreno cultural, Wert ha continuado en su papel de caballo de Atila. La brutal subida del IVA del 8 al 21% ha hundido al sector y ha provocado un divorcio con el mundo de la cultura, expresado en mil críticas y desplantes. La asistencia del ministro a cualquier entrega de premios o gala, como los Goya, se convertía en un movimiento de rechazo de la política cultural del gobierno del PP.  Curiosamente, con el único sector con el que se ha llevado bien es con el mundo de toro.

Para rematar tan desastrosa trayectoria hemos conocido que ha usado un edificio del Estado español en sus viajes privados a París para encontrarse con su novia. Parece un pequeño detalle comparado con lo anterior, pero demuestra que Wert concibe la política como un cortijo para privilegiados en vez de como un servicio a la ciudadanía. En esta línea, tanto él como su pareja y segunda del MECD han recibido sendos retiros dorados en la OCDE. Es el pago por los servicios prestados y por el entusiasmo aplicado en desmontar la educación pública y destrozar la cultura.

Es difícil encontrar un balance tan nefasto como el de Wert. Y se va dejando la educación manga por hombro: comienzo de la aplicación de la LOMCE, resistencias y objeción de cada vez más comunidades autónomas por los cambios políticos producidos el 24 de mayo, centros que no saben cómo aplicar la ley, familias y profesorado que se oponen a cambiar los libros, editoriales que amenazan a instituciones políticas con llevarlas a los tribunales, aumento del boicot a las pruebas externas… En fin, una ley empantanada y un auténtico caos que habría que atajar lo antes posible por el bien del futuro  del país. Y para ello tenemos hecho algo muy importante: las bases para una ley elaborada en el Encuentro Social de Debate por una Nueva Ley Educativa. Con la alternativa a la LOMCE preparada, solo queda que las fuerzas de progreso ganen las próximas elecciones generales. No me cabe ninguna duda de que Wert ayudará al cambio político, porque la ciudadanía, cuando se encuentra con una gestión tan disparatada y prepotente, solo puede decir ¡Nunca más!