Más allá del 20D: razones para la esperanza

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Alberto Garzón (IU) y Pablo Iglesias (Podemos) deberán unir fuerzas si quieren hacer frente al binomio PP-Ciudadanos tras el 20D. / Luca Piergiovanni (Efe)

Querido Moreno:

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Me pides informaciones, valoraciones e interpretaciones sobre la coyuntura política española apenas unos días después de comenzar la campaña electoral. No es fácil hacer entender al público italiano lo que ocurre aquí y sus significados de fondo. Lo haré en forma de tesis. Lo que se gane en claridad se perderá en matices, pero creo que es la única posibilidad de hacerme comprender en un escrito como este. Vamos allá.

1. Populismos. Un fantasma recorre Europa, el fantasma del populismo. Se ha convertido en el enemigo a batir y todos (el poder es masculino siempre) claman contra él. Derrotada la izquierda y desaparecida la hipótesis socialista, los que mandan tienen como objetivo vencer a aquellas formulaciones plebeyas que, de una u otra forma, se enfrentan a las políticas dominantes y tienen como centro el sujeto popular. El populismo, en Europa, siempre ha tenido este carácter polisémico: sirve tanto como insulto y como descripción y, más allá, descalificación. Su significado usual tiene que ver con las gentes y un modo de relacionarse con ellas que se llama demagogia. Sin embargo, una y otra vez renace y nos dice que hay un modo de organizar lo público que tiene y tendrá significaciones populistas, es decir, nacional-populares.

Podemos tiene algo que ver con esto y lo convierte en propuesta positiva. En el reducido mundo del Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) fue apareciendo una intuición verbalizada que definimos como “populismo de izquierdas”. Si mi memoria no me falla, detrás de esa formulación había tres personas: Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y yo mismo. Desde el 2008 lo fuimos perfilando y lo concretamos dos años después. ¿Cómo definir el populismo de izquierdas? Parafraseando a Nancy Fraser, hablaríamos de un proyecto emancipatorio en una época postsocialista. Laclau, Mouffe vinieron después, es decir, racionalizando y dando argumentos para esta etapa, pero nunca fueron fundamentales. El populismo de izquierdas fue un modo intuitivo y seguramente transitorio para definir una etapa histórica donde el proyecto socialista, no solo había sido derrotado, sino que  había desaparecido del imaginario y del sentido común de las clases trabajadoras de Europa.

2. Fase: ¿crisis de régimen? España ha vivido en los últimos años una crisis de régimen, en un sentido muy preciso: los de abajo no aceptaban ser gobernados como antes y los de arriba habían perdido la legitimidad para hacerlo. ¿Qué había provocado semejante cataclismo? Primero, la crisis económica, la gran recesión económico-financiera; segundo, las políticas de austeridad y de ajuste estructural impuestas por la Unión Europea bajo hegemonía alemana; en tercer lugar, las singulares políticas del gobierno español que aprovechó la crisis para modificar sustancialmente el modelo económico y social dominante, rompiendo con el pacto concretado en la Constitución española de 1978, a lo que habría que añadir, como dato sustancial, la crisis del propio Estado con el proceso secesionista abierto en Cataluña. Estas tres cuestiones están íntimamente relacionadas entre sí.

Luciano Canfora, no hace demasiado tiempo, ha hablado de partido único articulado para definir la clase política que se ha ido conformando en los países de la Unión Europea. Hay que seguir la secuencia. Hemos pasado del pensamiento único, es decir, de la hegemonía político-cultural, a la política única y, después del 2007, al partido único. ¿Qué nos recuerda esto? Nos recuerda al partido orgánico de la burguesía de Antonio Gramsci: la hegemonía de un bloque histórico organizada por el Estado capitalista.

He dicho Estado capitalista y no lo retiro. Como decía el viejo sardo, no hay clase dominante sin Estado ni poder que se pueda perpetuar. Lo nuevo tiene que ver con la Unión Europea entendida como forma política de dominio. Nada de lo que hoy realiza el partido único articulado sería posible sin la UE. Se ha creado un soberano no democrático que tiene la facultad de decretar el estado de excepción y que se impone sistemáticamente a la soberanía popular. Hay dos poderes: el que manda, organizado por la UE y hegemonizado por el Estado alemán, y el otro, el que nos dejan, el residuo, la soberanía popular. ¿Cuáles son los ejes de la política del partido único? En primer lugar, la defensa rotunda de las políticas neoliberales dominantes en la UE y consagradas en los diversos tratados; en segundo lugar, el alineamiento estricto a la política exterior norteamericana, organizada y ejecutada por la OTAN. Más Unión Europea significa más dependencia de EEUU y mayor implicación con su política internacional. El TTIP y la OTAN son las dos caras de un Occidente que debe hegemonizar el mundo; en tercer lugar, esta forma específica de organizar el poder que Occidente representa tiene como objetivo frenar, bloquear y negociar el mundo multipolar en proceso de construcción. Convendría convertir las grandes palabras en realidades operativas. Vivimos una gran transición geopolítica; en su centro lo que está en cuestión es la hegemonía de Occidente y, tarde o temprano, esto tendrá consecuencias económicas, políticas, geoculturales y, sobre todo, político militares.

3. Fase: ¿restauración o ruptura? No hay que engañar ni engañarse, este momento histórico está determinado por una lucha dura, y muchas veces cruenta, entre continuidad y cambio, restauración y ruptura. Se puede decir que la costumbre nacional de nuestras clases dominantes ha sido la restauración: cada vez que su poder ha sido cuestionado de fondo, ofrecen una restauración para compartir el poder con una nueva clase política a cambio de que esta acepte la hegemonía de los que mandan realmente.

El 15M fue una sublevación popular democrática, pacífica y, en muchos sentidos, ingenua frente a los poderes dominantes. De pronto, el Rey se vio desnudo y, con él, todo el régimen. La ciudadanía se enteró de que había una clase dominante que se había hecho inmensamente rica extorsionando derechos y libertades de la mayoría social. Se enteró de que los dos grandes partidos, PP y PSOE, eran dependientes de los poderes económicos y que la corrupción era el mecanismo para que el sistema se perpetuara. Se dieron cuenta, además, de que todo el cacareado crecimiento económico tenía los pies de barro y que, al final, se pudo mantener por un endeudamiento creciente de las empresas y de las familias. Fueron conscientes de que la supuesta Europa democrática, socialmente avanzada y pacífica era un instrumento de dominación al servicio de los poderes económicos, garantizado por el Estado alemán.

Se podría decir, y así lo dijimos algunas personas, que había un conjunto de demandas sociales desagregadas que necesitaban urgentemente un referente político alternativo y que expresaban cambios sociales y culturales que ya no cabían en los marcos políticos dominantes de un régimen que, de una u otra manera, había ido organizando la vida pública en los últimos cuarenta años.

En ese contexto nace Podemos.

4. Naturaleza de Podemos. Lo que hoy conocemos como Podemos es la expresión, en muchos sentidos, del 15M, pero no puede ser reducido a él. Podemos recoge este impulso social y lo traduce en fuerza política. En medio, la capacidad de decisión de un grupo muy pequeño de hombres y mujeres con la audacia necesaria para definir políticamente un movimiento social. La llamada “hipótesis Podemos” tenía que ver mucho con esta situación del país: una grave crisis política, económica y social; crisis de representación y rebeldía social. Ante una situación así, se pensó que era posible una estrategia de asalto, de maniobra para llegar al gobierno y, desde ahí, iniciar un proceso de ruptura democrática en el país. Lo que cristaliza la crisis de régimen es Podemos, que cambia la agenda, los modos y las formas de hacer política y, más allá, sintetiza un malestar social que pone en crisis las políticas dominantes. No era poco y hoy tendemos a olvidarlo.

Lo que Podemos subestimó fue la capacidad de reacción del sistema y el creciente alejamiento de la realidad de la izquierda institucional ante una coyuntura como la presente. La reacción del sistema fue durísima. El partido único articulado reaccionó con todos los registros posibles; a su vez, el complejo mediático televisivo se puso a su servicio y las cloacas del Estado comenzaron a organizar la agenda. Aun así, había que intervenir más y más a fondo. La aparición de Ciudadanos fue ingeniería de nivel superior: frenar a Podemos por la derecha y el centro y construir una fuerza capaz de ir, en las propuestas socioeconómicas, más allá del PP. Descubrimos que la derecha económica y política española era mucho más fuerte y más dura que la latinoamericana.

Para entender bien la naturaleza de Podemos hay que comprender, al menos, tres grandes asuntos: primero, es un partido en construcción. Crear una partido nunca es fácil y Podemos es un complejo social, político y cultural extremadamente heterogéneo, contradictorio y difuso. No hay que extrañarse, así ha sido siempre, el empezar nunca es fácil. Hay un espacio político propio, en muchos sentidos, nuevo y definido por liderazgos fuertes. La plataforma político cultural expresa una rebelión frente a las formas y modos de hacer política dominantes fuertemente determinados por una aspiración a una democracia participativa y responsable. Podemos integra y sintetiza con muchísima dificultad todo este mundo heterogéneo donde al final pesa mucho, paradójicamente, los liderazgos más o menos carismáticos.

En segundo lugar, es un proyecto que se desarrolla en un ciclo electoral muy largo. Organizarse en medio de las elecciones en una sociedad como la nuestra es muy difícil. Tienes que construir organización, favorecer la participación y eludir a los arribistas; articular programas y propiciar fórmulas eficaces para cambiar la vida de la gente. Podemos lo ha hecho como ha podido y no ha sido fácil. Ha tenido que combinar voluntad de mayoría con formas de resistencia social; estrategia de gobierno con las dinámicas de los movimientos sociales; ser síntesis de emancipación y no terminar siendo escuela de políticos en busca de trabajo. Por decirlo en pocas palabras, no ser como los que mandan y no morir en el intento.

En tercer lugar, Podemos es un territorio en disputa. Los de arriba saben y los de abajo intuyen que es la única fuerza capaz de cambiar el régimen político del país. Para decirlo de otra forma, o Podemos protagoniza el cambio político en España o la restauración borbónica y oligárquica se impondrá duraderamente. Se puede estar de acuerdo o no con esto que digo, pero si hay alternativa política, ésta depende de Podemos. Cuando afirmo que se trata de un territorio en disputa, no lo digo solo por las diversas almas que coexisten en ese complejo mundo que es Podemos. Se trata de una disputa también externa, diré que irremediablemente externa, que les ocurre y ocurrirá a las fuerzas que de verdad impugnan al sistema. Tener una izquierda con el 7 o el 8 % del voto no inquieta demasiado a los que mandan; estamos hablando de otra cosa, de la capacidad del sistema para integrar a una fuerza con voluntad de ser alternativa de gobierno y de poder.

Lo hemos vivido en nuestro país varias veces en los últimos 30 años: ante una fuerza alternativa, el sistema reacciona siempre con violencia, poniendo rápidamente en pie toda una plataforma política y mediática de descalificación, exclusión e ignominia. Podemos la ha sufrido en grado superlativo solo comparable con la IU de Julio Anguita. Simultáneamente el sistema dialoga buscando la homologación y la “normalización”, esa es la tarea de los medios. Ser como los que mandan, normalizarse con los supuestos básicos del sistema y no transgredir los límites de lo políticamente correcto. El recurso final es más sofisticado, los poderes fácticos te hablan directamente al oído, te mandan el mensaje del poder y te hacen una oferta “que no puedes rechazar”.

5. Izquierda Unida. La política es siempre dura y, muchas veces, cruel. La coyuntura, lo dijo Lenin alguna vez, te puede subir a lo más alto o hundirte durante mucho tiempo. Combate y resistencia durante años pueden perderse por no saber interpretar la coyuntura y no intervenir acertadamente en ella. IU, cuando pudo, no quiso y hoy lucha desesperadamente por sobrevivir. Es injusto, pero la realidad es extremadamente terca. Al final, había una posibilidad pero no se supo aprovechar.

Debe quedar claro una cosa importante: sin IU, sin lo que ésta representa, la tradición de donde viene y sin sus recursos humanos y organizativos, no habrá posibilidad de construir una alternativa nacional popular sólida en nuestro país. No entender esto es equivocarse. Podemos e IU son complementarias y, en un sentido histórico, insuficientes para desplegar un proyecto viable frente al sistema. IU se equivocaría si convierte a Podemos en su enemigo y centra su campaña en diferenciarse de él. La clave será convertirse en una fuerza útil para un nuevo proyecto de país, defendiendo la unidad y la convergencia entre las varias izquierdas.

6. Coyuntura. No es fácil valorar las encuestas electorales cuando hay un número tan grande de indecisos. Parecería que la partida se juega entre cuatro grandes actores. Uno, el PP, iría por delante y los otros tres irían bastante igualados y a la zaga del primero. El dato más sobresaliente es que las fuerzas que impulsarían una nueva restauración ganarían sobradamente las elecciones. Me refiero a una posible alianza PP-Ciudadanos que podría contar, en ciertas cuestiones, como la catalana, con el apoyo de un PSOE en retroceso.

Ser realista no significa ser pesimista. El bloque democrático-popular, democrático-plebeyo puede alcanzar resultados muy importantes para la nueva fase que estas elecciones abrirán en el país. La izquierda a la izquierda del PSOE puede tener una fuerza grande y especialmente significativa para una etapa que estará marcada por la inestabilidad. La suma de Podemos, IU y otras fuerzas le darán un peso parlamentario mayor que en cualquier otra etapa y con enorme capacidad para sintonizar con los movimientos sociales y sindicales del país.

Si, como prevén las encuestas, el partido único articulado gana las elecciones del día 20, lo que viene para nuestro país será extremadamente duro. Lo primero, será un ajuste económico brutal que puede rondar los diez mil millones de euros. Lo segundo, una enésima reforma laboral con el contrato único en el centro, es decir, más precariedad y más poder patronal. Tercero, la privatización del sistema de pensiones. Y en cuarto lugar, la guerra. Para algunas almas cándidas puede parecerles excesivo, pero si el partido único articulado gana, habrá que definir cómo participamos en la guerra en Oriente Próximo. Rota y Morón, bases norteamericanas en España, jugarán un papel extremadamente importante.

7. Nuestro partido orgánico. Querido Moreno, voy terminando. Seguramente te he creado más dudas que certezas. Para los que sentimos pasión por nuestra patria, son momentos fundantes. No diré que todo es posible, pero podemos estar haciendo historia desde los y las de abajo. El partido orgánico ya existe: hay, al menos, una quinta parte del país que está por un cambio protagonizado por las personas comunes y corrientes, por la plebe. No es poco. De lo que se trata ahora es de traducir el partido orgánico en un partido nuevo, hacer nuestra Svolta di Salerno al servicio de un nuevo proyecto de país.

Como siempre, no será fácil y no hay garantías. El viejo topo sigue horadando la tierra. Mi viejo amigo Lucio Magri me lo repitió muchas veces: “no olvides, Manolo, que el topo es un animal casi ciego”. Efectivamente, hace falta una brújula que nos guíe en el desierto de la vida. Esa brújula tiene que ver con Carlos Marx y Federico Engels.