Noticias de IU: ¿Una nueva (re-re) fundación?

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Alberto Garzón compareciendo ante los medios el pasado domingo. / Carlos Díaz (Efe)

Todo tiene el aroma de lo “ya visto”, de lo infinitamente repetido y nunca cumplido. Son las mismas formas, parecidos estilos y hasta los mismos personajes. La repetición es tan continua que parece una regularidad, un modo de ser de una organización. Coincide hasta el modo de hacerse público. Alguien filtra a los medios (mejor dicho, al medio) con la consabida grandilocuencia, una información que es conocida y discutida desde hace años y a la que se le da el conveniente tono escandaloso para presentarlo como una novedad radical. Esto obliga al defensor de la propuesta, es decir, a Alberto Garzón a, inmediatamente, desdecirse, matizar y hasta confundir y confundirse. Lo ya visto.

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Se trata, la historia se repite, de una enésima propuesta de (re)fundación. Para algunos que la hemos defendido durante más de una década nos produce aburrimiento y hasta un cierto cansancio. El problema central es también viejo y se llama credibilidad. ¿Es creíble la enésima propuesta de refundación de una formación política que cada vez tiene menos votos, menos militancia y menos influencia social? La clave es esta: en un momento en que se acelera el cambio social en el país y se abre una crisis de régimen, IU, literalmente, está al borde de su desaparición como fuerza política capaz de influenciar la vida pública. Resulta conmovedor, y hasta heroico, sentir emoción y hablar de salvación de una fuerza política que ha obtenido los peores resultados electorales de su historia en un momento en que el sistema de partidos empieza a cambiar y que emerge un bloque en torno a Podemos que consigue más de 5 millones de votos, es decir, el mejor resultado electoral de una fuerza política a la izquierda del PSOE desde la instauración de la Monarquía constitucional.

El tipo de formación e ideario político que Alberto Garzón propone tiene también la apariencia de lo ya conocido. Se puede decir que lo que se propone está en casi todas las asambleas de IU desde sus inicios y no aporta novedad alguna. Es más, está, en muchos sentidos, por detrás de lo aprobado en la X Asamblea de IU. Este es el núcleo del cual hay que partir. Para ser creíble, esta enésima propuesta de refundación tiene que ser veraz, es decir, partir de los obstáculos reales políticos, orgánicos y culturales que han impedido las transformaciones que IU necesitaba y que, una y otra vez, se aprobaban en sus asambleas. Se ha ido estableciendo como hábito que se pueden aprobar unas cosas en los congresos o asambleas y luego no cumplirlas y que puede haber, hasta ese punto se ha llegado, una dirección política que esté en desacuerdo con la estrategia aprobada en la misma asamblea que la ha elegido.

Hay un dato que no se debe ocultar para que el desengaño no acabe siendo también permanente. En la naturaleza de la propia organización se da una suerte de contradicción estructural entre el ideario que se aprueba y defiende y la práctica de lo que cotidianamente se hace. Para ser radicales, en el sentido de Marx, el ideario se ha convertido en ideología, es decir, en falsa conciencia que sirve para legitimar y ocultar lo que realmente se hace, que tiene poco o nada que ver con lo que se proclama. La discusión real que había en la dirección de IU antes del surgimiento de Podemos no era otra que la búsqueda de un acuerdo con el PSOE para echar al PP del gobierno, es decir, generalizar lo que ya se estaba haciendo en Andalucía. Poco importaba que esto nada tuviera que ver con lo aprobado en la X Asamblea y con las aspiraciones de la militancia.

El proyecto histórico de IU, conviene recordarlo ahora, partía de una idea central: construir una nueva formación política con voluntad de gobierno y de poder, desde un proyecto autónomo, diferenciado e independiente del PSOE. Esa fue y es la gran aportación de Julio Anguita y que hoy, guste más o guste menos, está intentándolo realizar Podemos. La IU refundada  por enésima vez deberá posicionarse con claridad sobre este problema, diré que sustancial y radical. Para decirlo con más rotundidad, ¿la supuesta organización a re-crear quiere ser una especie de CUP a la española o una fuerza alternativa con voluntad de gobierno y de poder? Podremos hacernos de nuevo trampas y decir que las dos cosas a la vez o que una después de otra, pero no seremos capaces al final de resolver en positivo los dilemas de una organización política como IU.

Al final, estamos de nuevo en lo vivido tantas veces, reducir el debate a una discusión sobre siglas. La palabra clave es fundación, fundar, comenzar de nuevo, empezar desde el principio (nunca se debe partir de cero) desde la imperiosa necesidad  en un país que cambia, de un gran partido de masas, democrático-socialista, eco-feminista, con voluntad de gobierno y poder, capaz de impulsar un nuevo régimen político y una nueva clase dirigente en el país desde una estrategia nacional-popular. Eso significa medirse con Podemos, debatir, dialogar para fortalecer una propuesta real de cambio; en definitiva, elegir ser parte del movimiento de cambio en el país o actuar frente a él, buscando en la diferencia la razón de ser y la orientación estratégica.