Los ecos de la corrupción

María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, ayer, saludando a los asistentes al 18 Congreso del Partido Popular en su recta final. / pp.es

El congreso del PP cierra filas ante los ecos de la corrupción, titulaba el pasado sábado el diario El País en su portada, a cuatro columnas. Los ecos de la corrupción. Si tenemos en cuenta que el Diccionario de la Real Academia Española considera “Rumor o noticia vaga de un suceso” una definición válida de la palabra “eco”, podríamos pensar que la corrupción política se está convirtiendo en una noticia “sin firmeza ni consistencia”Es decir, algo vago. Una voz que se agota. Un rumor que se pierde.

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Nada más lejos de la realidad. Prácticamente en el mismo momento en que Mariano Rajoy abría la boca en el 18º Congreso de su partido, (“Confío en que dentro de poco [la corrupción] pase a ser historia, el juez del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana leía la sentencia del caso Gürtel: Correa, Crespo y El Bigotes, condenados a 13 años de prisión, y la exconsejera de Turismo del PP Milagrosa Martínez, a nueve años. Horas después eran Ana Mato y el propio PP quienes se sentaban ante el tribunal acusados de haberse lucrado con la Gürtel.

Los ecos de la corrupción no son historia. Son el presente. Lo cual no parece afectar a unos  líderes populares visiblemente crecidos en su 18º Congreso. “¿Pero quién ha pensado que vamos a ser como los Pimpinela de Vistalegre?”, ironizó su flamante secretaria general María Dolores de Cospedal. “División en Vistalegre, aquí paz”, decía en el Telediario la brillante vicesecretaria de estudios y programas del PP Andrea Levy. “Los populistas del chavismo dibujan un país en negro y usan en beneficio propio el dolor que la crisis llevó a muchas familias”, dijo Rafael Hernando, portavoz popular en el Congreso de los Diputados incapaz de expresarse como un homo sapiens. “Son los mismos que hoy andan en una plaza de toros a botellazo limpio y dispuestos a sacrificar a un niño, en una cruenta y virtual batalla de tronos que representa lo peor de la política”, sentenció el hombre que quiso dar un puñetazo a Rubalcaba.

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¿Pimpinela? ¿Beneficiarse del dolor de las familias? ¿A botellazo limpio? ¿Dispuestos a sacrificar a un niño? ¿Lo peor de la política? Yo creía que lo peor de la política era la corrupción. Es decir, el PP de los últimos años. Pero no todo el mundo piensa lo mismo: ahí tiene los aplausos y homenajes en el 18º Congreso a Rita Barberá, la mujer expulsada del partido por corrupción. Tampoco son de la misma opinión los nueve empresarios implicados en la Gürtel valenciana: admiten que financiaron de forma ilegal al PP en las elecciones municipales y autonómicas de 2007 y en las generales de 2008. Incluidos varios actos de ese Mariano Rajoy que habla de la corrupción en pasado.

El PP se financió ilegalmente. El PP es un nido de cínicos que hablan de colaborar con la justicia y de celeridad en los tribunales pero se niegan a declarar en el juicio de la Gürtel. “Estamos gobernados por las derechas más corruptas e incompetentes”, resumió de manera certera Gregorio Morán en las páginas de La Vanguardia el mismo día que resonaban los ecos del PP. Que son los ecos de la corrupción. Porque no se entiende el PP de Mariano Rajoy sin la corrupción, su seña de identidad, su ADN.

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