Decreto dignidad: ¿Fascismo en Italia? Una respuesta

  • Hace un par de días, leíamos en este medio un artículo titulado “¿Fascismo en Italia? Decreto dignidad”. El artículo estaba firmado por tres pesos pesados de la izquierda española: Manuel Monereo, Héctor Illueca y Julio Anguita.
  • Cada vez se habla menos de democracia, de redistribución de la riqueza a través de la expropiación de las grandes empresas y de la ampliación de derechos, y más de los temas que propone la extrema derecha

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*Miguel Urbán y Brais Fernández

Hace un par de días, leíamos en este medio un artículo titulado “¿Fascismo en Italia? Decreto dignidad”. El artículo estaba firmado por tres pesos pesados de la izquierda española: Manuel Monereo, Héctor Illueca y Julio Anguita. El texto hacía una valoración positiva del “decreto dignidad” aprobado por el Gobierno italiano y lo pone como ejemplo de una posible política antineoliberal, descartando que haya fascismo en Italia justamente por la aprobación de este decreto.

Lo primero que sorprende del artículo es que se mueve en unos niveles de concreción y abstracción que no se relacionan entre sí. El texto analiza el “decreto dignidad” como una medida concreta, separada de la política general del Gobierno italiano. Es un método analítico que no compartimos: de lo que se trata es de ser capaz de armar un análisis que relacione y explique una medida concreta dentro del marco general, esto es, dentro del proyecto político y de clase del actual gobierno italiano. Leyendo el artículo es imposible saber quién gobierna en Italia y en qué dirección: da la impresión de que es posible analizar una medida concreta al margen del proyecto de conjunto de la Liga y del M5S. Y, de repente, tras ese análisis del “decreto dignidad” sin relacionarlo con el proyecto del actual Gobierno italiano, aparece de forma brusca la conclusión final: el Gobierno italiano no es un gobierno fascista.

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Esa conclusión, así dicha, puede ser correcta. El Gobierno italiano no es todavía (1) un gobierno fascista. Todavía no ha prohibido y ni aniquilado las organizaciones civiles, aunque sostiene una política fuertemente anti-sindical y contra otro tipo de estructuras que mantienen espacios autónomos en la sociedad civil, como los centros sociales o las asociaciones en apoyo a las personas migrantes. Todavía no ha abolido las libertades formales ni reconstruido un nuevo tipo de Estado en el que encuadre al conjunto de la sociedad. Es, por caracterizarlo con precisión, un Gobierno populista autoritario, con una impronta fuerte de la extrema derecha, una base social compuesta en su mayoría por las clases medias depauperadas y, al contrario de lo que propone el artículo, profundamente neoliberal.

Es un error asociar mecánicamente el anti-neoliberalismo a medidas proteccionistas. El neoliberalismo, como explican Dardot y Laval, es una “nueva razón del mundo” que trata de reorganizar toda la vida social en torno a relaciones mercantiles. Para ello, necesita destruir todas las relaciones sociales que se oponen potencialmente a ese proyecto, segmentando y dividiendo a la clase trabajadora en colectivos e individuos que compiten entre si. El proteccionismo de la extrema derecha se enmarca plenamente en esta lógica: utilizar el Estado para disociar a la clase obrera entre “nativos” y “migrantes”, entre gente con derecho a ser protegida y gente amenazante. De hecho, el orden que imponen las políticas de austeridad, más allá de los recortes y privatizaciones que conllevan, son, como afirma el sociólogo Isidro López, la "imposición para un 80% de la población europea de un férreo imaginario de la escasez”. Un "no hay suficiente para todos" generalizado, que fomenta mecanismos de exclusión que Habermas definía como característicos de un “chovinismo del bienestar” y que concentran la tensión latente entre el estatuto de ciudadanía y la identidad nacional. De esta forma, se consigue que el malestar social y la polarización política provocadas por las políticas neoliberales de escasez se canalicen a través de su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o simplemente el "otro"), eximiendo así a las élites políticas y económicas, responsables reales del expolio. Porque si “no hay para todos”, entonces sobra gente: “no cabemos todos”. La delgada línea que conecta el imaginario de la austeridad con el de la exclusión que también representa la política de Salvini.

En este caso, el Gobierno italiano ha impulsado una medida levemente proteccionista: sorprende también como el artículo “infla” y celebra el alcance de un decreto muy superficial, más declarativo que efectivo, y obvia que la CGIL (el principal sindical italiano) ha criticado al decreto, porque, entre otras cosas, permite que los empresarios del sector de la hostelería y del turismo paguen a los trabajadores con cupones para hacer las compras. Por cierto, mientras tanto, el gobierno italiano prepara un decreto que bajará fuertemente la carga impositiva a las empresas y una tasa única del 15%, eliminando los cinco tramos que tiene el impuesto de la renta, lo que podría suponer la pérdida de 60.000 millones de euros para la hacienda italiana, una medida que solo favorece a los ricos y a los muy ricos. El acuerdo de gobierno entre el M5S y la Lega está repleto de retórica proteccionista y neodesarrollista, con promesas contra los tratados comerciales y europeos más neoliberales y en favor de la inversión estatal y las medidas de corte social, pero cargadas todas de fiscalidad regresiva, un enfoque xenófobo transversal (los italianos primero) y poca concreción. Donde sí hay concreción es, sin embargo, en la construcción de nuevos centros de internamiento de extranjeros, en la revisión de las misiones de salvamento marítimo en las costas italianas, en el aumento de la criminalización de las ONG de rescate en el Mediterráneo, con el ilegal cierre de puertos y en la expulsión de 500.000 migrantes. Por ello, es fundamental para comprender la política económica y social de un gobierno analizar el conjunto de su deriva, no presentar de forma aislada y parcial una medida. Este método “particularista” impide, entre otras cosas, que pensemos un proyecto político propio desde la clase obrera, y nos condena a un ejercicio estéril e impotente, en el que la izquierda se limitaría a una posición de observador en la que “apoya”, “rechaza” o “critica” las iniciativas de los gobiernos capitalistas.

Por otro lado, un gramsciano tan cualificado como Monereo (con el que hemos coincido en aspectos tan importantes como en la crítica a la capitulación de SYRIZA ante la UE) no debería olvidar que la reacción muchas veces adopta elementos de “transformismo”: esto es, hacer algunas concesiones a fracciones de las clases dominadas para extirparles la posibilidad de construir un poder social autónomo e independiente. El proyecto proteccionista de la extrema derecha necesita dotarse de una base social que les permita maniobrar dentro del capitalismo global. En estos momentos, hay una disputa entre sectores de las clases dominantes y uno de ellos apuesta por intentar una recomposición en clave nacional: sólo así podemos entender el alineamiento del Gobierno italiano con Trump y Putin frente a la UE que representa Merkel. No hay ninguna proyección anti-neoliberal en estos proyectos políticos: lo que hay es una batalla por como gestionar el neoliberalismo.

En ese sentido, urge abrir un debate en una izquierda en shock por el auge de la extrema derecha a nivel global. Estando de acuerdo en que hay que huir de la sobrecaracterización de todos los fenómenos monstruosos como fascismo (pero sin obviar como la historia se trasmuta al presente con formas nuevas), parece que empieza a surgir en ciertos sectores de la izquierda una cierta fascinación por los temas que plantea la nueva extrema derecha: proteccionismo, soberanía nacional y política anti-migración. Muchas veces, al no abordar estos problemas en el marco de la reconstrucción de un proyecto basado en la auto-organización autónoma de la clase trabajadora, con aspiraciones hegemónicas y portador de una propuesta de sociedad ecosocialista y feminista, puede parecer que de lo que se trata es de “disputarle” las propuestas a la extrema derecha, en uno de esos ejercicios sin futuro consistentes en mimetizarse con el adversario para “robarle” sus éxitos. Esa táctica le puede funcionar a la derecha cuando copia los aspectos más superficiales de la izquierda, pero lleva a la izquierda a su impotencia total y a su auto-destrucción. Si hay un ejemplo desgraciado es precisamente el italiano, en donde el PCI se hizo el “harakiri” a cambio de nada, tratando de imitar los partidos socioliberales tan de moda en aquellos tiempos. Es preocupante que gente que vio el suicidio de aquel coloso proponga ahora, de forma todavía incipiente, una táctica que encierra a la izquierda en los marcos que fijan los adversarios, estructuralmente a la defensiva.

Esa lógica va provocando que el enfoque más favorable para el desarrollo de un proyecto emancipador desaparezca progresivamente: cada vez se habla menos de democracia, de redistribución de la riqueza a través de la expropiación de las grandes empresas y de la ampliación de derechos, y más de los temas que propone la extrema derecha. Y lo que es más grave, se habla de los problemas que le interesan a la extrema derecha tal y como le interesan a la extrema derecha. Esa lógica, que paradójicamente se presenta como “obrerista”, acepta la imagen que la nueva derecha ha construido sobre la clase obrera, a la que pintan como racista, corporativa y resentida.

No nos parece un enfoque ni muy real ni muy útil para la acción política emancipadora. Si entendemos la clase como una relación social y un proceso de construcción en el que se establece una dialéctica virtuosa entre luchas y posición económica, veremos que el gobierno de Salvini y Di Maio se alza precisamente sobre la destrucción y atomización de la clase obrera, reducida a una masa laboral sin capacidad de defender sus intereses, con su tejido institucional debilitado y donde la gente de clase trabajadora, como sujetos políticos, son meros electores individuales en un mercado en el que las diferentes fracciones de las élites luchan por imponer su proyecto. El Gobierno italiano trata de mantener esa situación y de construir “un pueblo” en el que apoyarse de manera estable: un pueblo que incluye a los empresarios como protagonista esenciales (no olvidemos el apoyo de las patronales del norte de Italia, de las más poderosas de Europa, a la Liga), algunas migajas para sectores de trabajadores nacionales y la exclusión del “pueblo” de los trabajadores de origen migrante, que quedarían bajo una especie de “ley de familia”, esto es, excluidos y sin derechos. La trampa es total. Al enfrentar a un sector de la fuerza de trabajo contra otro, se hace real precisamente lo que (en teoría, desde estos “planteamientos”) se quiere evitar: los salarios de toda la clase obrera bajan, precisamente porque al excluir a un sector, la clase capitalista crea un ejército de reserva que utiliza para empujar los salarios a la baja. Una autentica estafa: lo que perjudica a un sector de la clase, termina perjudicando a toda.

La izquierda española no debería cometer el error de mirar hacia ejemplos fracasados. Hay un hilo en la tradición del movimiento obrero oficial que reaparece una y otra vez, y es el que busca proteger a una fracción de la clase obrera en alianza con un sector “nacional” de los empresarios. Una idea que representaba a principios del siglo XX un viejo sector de la socialdemocracia alemana que proponía una alianza con su burguesía para armar una política colonial, beneficiando a la aristocracia obrera alemana. Una idea que también representó un sector del viejo partido comunista italiano, que en los años 50 y 60 trataba de proteger a los trabajadores del norte frente a los trabajadores pobres del sur que subían a trabajar en las nuevas fábricas. Los resultados, en ambos casos, fueron desastrosos para toda la clase y para toda la sociedad.

En esta nueva etapa histórica, una prioridad es crear nuestra propia agenda partiendo del movimiento real que está marcando un camino hacia la superación de lo existente. Sería un error garrafal que, en un momento de inflexión para la izquierda española, el balance que hiciésemos del ciclo fuera que “hemos sido poco adaptativos” y buscásemos adaptarnos a un marco en el que estamos derrotados de antemano. Si queremos construir una política capaz de confrontar con la nueva extrema derecha y con los poderes financieros, urge mirar a los ejemplos reales de cómo construir una clase y un proyecto emancipador, como la huelga del 8M, la PAH o las luchas laborales como las de Amazon, en vez de las migajas que ofrece el populismo autoritario neoliberal y luchar de una vez por todas por construir un proyecto política acorde a estos tiempos de crisis, ira e inseguridad. Hacia donde miramos también indica hacia donde queremos ir.

1) Italia puede ser uno de los países europeos donde los movimientos de carácter neofascista y escuadristas tienen mayor presencia e implantación social, como muestra el aumento veritiginoso en los últimos años de los ataques y atentados fascistas.

*Miguel Urbán es eurodiputado de Podemos y Brais Fernández forma parte de la redacción de Viento Sur. Ambos son militantes de Anticapitalistas

 

8 Comments
  1. Casio says

    Vamos a ver, la critica al movimiento de Salvini es acertada en todos sus puntos, el aviso a los peligros de aceptar dialectica identitarias en vez de de clase, tambien etc.
    Pero no se pueden desechar ciertas cuestiones planteadas por Melenchon y Aufstehen como meras contaminaciones de la extrema derecha. Hay que repensar la inmigración desde la izquierda a partir de hechos, y no de prejuicios. Hay muchas inmigraciones. Si nos declaramos de izquierda hay que dejar bien claro que los DDHH son lo primero, y que los refugiados politicos y quienes huyen de persecucion tienen toda nuestra solidaridad, sin peros. Pero otra cosa es la inmigración economica. Lo que se plantea es lo siguiente: el instrumento de poder con el que pueden contar las clases populares para su defensa es el estado, el capital tiene multiples mecanismos. El mercado de trabajo, su formación y constitucíon esta dejado a la libertad de fuerzas del mercado, se trata de recuperar su control y eso signfica decidir cuando se abre y cuando se cierra en función de la relaciones de fuerza en el interior del estado porque no hay otro agente de cambio que pueda manejarse en el entorno global. Eso no significa en absoluto que los inmigrantes que estan dentro de nuestras fronteras no tengan que se protegidos y considerados como nuestros iguales. El debate no ha hecho mas que empezar.

    1. migstor says

      Estoy completanente de acuerdo en ese matiz y me alucina en estos días se esté extendiendo por gente inteligente como Alabao, Emmanuel Rodríguez o I. López una acusación de complacencia con la xenofobia en partidos como Aufstehen que no tiene ningún fundamento.

      Lo cual quita que la templada crítica de Brais y Miguel Urbán a la inanidad política del artículo de Monereo y demás sea completamente pertinente y si no hay una réplica valiente por los autores del artículo inicial se va a ver la ausencia de interés por debatir.

      Pero ojo, a este marasmo de peronismo/ gobernismo/tacticismo/bonapartismo/eurocomunismo con deriva parda de la dirección y élites de Unidos Podemos no se le puede responder botando todo lo que se les asigne. Es un estúpido juego de espejos: Se permite en el Siglo XX que el liberalismo pervierta y robe los valores de república, democracia, soberanía , ciudadanía. Ale, para ellos. Y a día de hoy ¿Las únicas opciones son seguir regalando esos valores o comprar las falsificaciones neofascistas?

      No es que haga falta debate es que hace falta hasta la intención. Y desde luego en Unidos Podemos no la hay. Sólo panfleto y piolet.

      Y en cuanto a la inmigración, lo peor es que haya un doble discurso tan falso. Hay que poner las declaraciones de Iglesias al lado de las de sus consejeros y referentes.

      Por lo demás en cuanto al panfleto original y la réplica, bueno, a años luz. Lo de Monereo , Illuecas e Anguita yo no le veo explicación.

  2. florentino del Amo Antolin says

    Magistral, Brais y Miguel lo dejan verdaderamente claro. Demasiadas veces se entra en los discursos prefabricados del neoliberalismo y sus distribuidores informaticos; creando obreristas aislados, que cuando llegan las urnas… son capaces de gobernar con el 32 % de los votos. Abrazando el poder, ejecutivo, legislativo, judicial, empresarial y el informativo… Si le unimos la salsa bipartidista de tantos años. El resultado es negativo y desolador, la regresión en derechos, fué siempre en paralelo, cuando aquella supuesta izquierda timorata le hizo la reconversión industrial a la UCD; sentando a ciertos sindicalistas en el hemiciclo, reventando la transmisión de las aspiraciones sociales y privatizando empresas estatales, con sus trabajadores y sus derechos.
    Quisieron arrimarse electoralmente al centro, quemaron siglas, personas… Para el final caer en la sombra silenciosa un bipartidismo depredador y devaluante, de tantas luchas emancipadoras dignas de tener siempre presente. Se olvidaron de la redistribución de la riqueza creada, atraves del sudor helador de unos trabajadores, creyentes en su emancipación… ¡ Fuimos vendidos al neoliberalismo tardofranquista… Y aquellos lideres son hoy día lobbistas enrriquecidos, vitoreados por el poder instaurado y sus máquínas desinformativas hacen el resto. Sí, hablar más de los temas que propone la extrema derecha,con colaboraciones en la sombra al integrísmo ultra nacional catolico.
    A los dos ( Miguel y Braís ). Aquí, estamos peor que en Italia. Allí, jugaron al futbol con la cabeza del Ducce. Aquí,tienen mausoleo privado, hecho con los exclavos del franquísmo, que robaron a los asesinados, las escuadras de los vencedores sublevados… 80 Años de silencio y una complicidad asquerosa, que determina el tiempo en el cual estamos chapoteando en las aguas turbias y toxicas. ¡ Flotamos con las narices tapadas !.

  3. lochenbach says

    «Cada vez se habla menos de
    democracia, de redistribución de la riqueza a través de la expropiación
    de las grandes empresas y de la ampliación de derechos, y más de los
    temas que propone la extrema derecha»

    Ese es el problema, que la ultraderecha es la que está hablando de los temas que preocupan a la mayoria de la clase trabajadora y que no son precisamente las guerras culturales que ocupan a la izquierda.

    1. migstor says

      El fascismo siempre usa de forma falsificadora presuntas soluciones a los problemas que resulta que causan sus amigos, cuyos intereses SIEMPRE defienden. Si no has aprendido eso aún tienes un problema.

      Y Unidos Podemos tiene tarea que hacer aquí de sobra , democratizandose por dentro y recuperando aunque sea una micra de su radicalidad inicial. Si ya no pueden enmendar sus errores, al menos trabajando por que el gobierno al que sostienen haga algo medio regular en vez de jugar a blanquear a la extrema derecha de Italia, país donde los referentes y excompañeros políticos de Anguita, Illueca y Monereo jugaron tanto al compromiso histórico y el consensito interclasista… que acabaron en la nada y dejando a la DC, Berlusconi, Renzi y ahora Salvini como «defensores de los trabajadoores»

      En vez de sujetársela a Salvini, más vale que le saquen a Sánchez que reforme la reforma laboral, la ley mordaza, etc

      Ese es el problema, que la inanidad política de estos tipos habla a la inanidad de sus bases.

      1. lochenbach says

        A mi no me tienes que convencer, conozco la historia del siglo XX y se perfectamente lo que es el fascismo. Pero eso no cambia el hecho de que buena parte de la clase trabajadora europea esté comprando el discurso de la ultraderecha.

        1. migstor says

          No tengo intención de convencerte de nada, sólo te replico. Y respecto a lo que dices ahora, comprar el marco de la ultraderecha sólo agrava la situación.

  4. ninja45 says

    En Spañistán, la derechona postfranquista o sea los fascistas, tienen una amplia
    representación en la abogacía del Estado de Desecho, el Tribunal de Cuentas, la
    Audiencia Nacional, la Fiscalía que afina, el Tribunal Inconstitucional y el
    Tribunal Supremo. Tratar con ellos en general y con un ultranacionalista español
    en particular, es lo más parecido a tratar con un depredador salvaje que sólo
    quiere cazar y dominar un territorio. No estamos diciendo que sean intrinsicamente
    salvajes, lo que decimos es que si han incorporado unos mecanismos mentales
    particulares a su vida, es porqué tienen una falta de evolución a escala de
    conciencia individual, incluso una falta de evolución espiritual. Una vez que
    asumes como piensa esta gente, te das cuenta de que es absurdo esperar que nunca
    cumplan con los acuerdos establecidos. Y además hemos de añadir otra
    característica, esta sí, bastante específica de los unionistas españoles y es su
    mentalidad grupal y de seguimiento de «un caudillo o líder de la manada». Fijaros
    bien en lo ocurrido en los últimos meses. Lo hemos visto aquí en Cataluña, donde
    miles de ellos han estado silenciosos y escondidos durante años, sin decir ni
    «mu», incapaces de dar la cara y de defender sus posturas mirando a los ojos de
    sus interlocutores. En cambio, cuando el poder represivo del estado español se ha
    desatado sobre los catalanes que fuimos a votar el 1-O y miles de policías y
    guardias civiles invadieron el país y empezaron a apalear gente indefensa, los
    falangistas se envalentonaron y salieron de sus madrigueras como ratas. Algunos,
    la mayoría, a manifestarse por las calles con la rojigualda, cargados de
    prepotencia y chuleria española, y otros, los mas «ultras» (y cada vez son más),
    a agredir, siempre en grupo, a personas aisladas e indefensas.
    Si me pegan, me divorcio. Som República !!*!!

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