25 años desatando la pandemia solidaria

  • "Esta crisis ha puesto nuevamente de manifiesto la necesidad de replantearnos el concepto de trabajo y sus dimensiones"
  • "En estos tiempos de emergencia, hemos visto cómo las entidades de la Economía Solidaria han puesto en práctica la cooperación, el apoyo mutuo y la solidaridad"
  • "En REAS Red de Redes llevamos 25 años en este camino, fomentando y haciendo posible la generación de marcos económicos justos, solidarios y sostenibles"

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Blanca Crespo Arnold, consejera de Comunicación de REAS Red de redes

La pandemia desatada por la covid-19 ha trastocado nuestros esquemas de vida, haciendo saltar por los aires las pocas certezas que sobre este mundo pudiéramos previamente tener. El escenario que se va abriendo paso no sólo es incierto, sino que ya vislumbra severos impactos sociales que, por desgracia, van a afectar a millones de personas. Pero, este panorama no es nuevo; supone una vuelta de tuerca más de un sistema destructivo y despiadado, donde la voracidad de unos pocos y el afán de lucro vienen arrasando desde hace décadas (si no siglos) con la vida de millones de personas, desplazadas y migrantes, precarias y explotadas, excluidas..., y de la vida misma, el propio planeta cuyos límites estamos extralimitando en un acto de negación egoísta y necio.

Lo exponíamos claramente hace algunas semanas, cuando intentamos encontrar algunas claves para interpretar y comprender esta nueva emergencia de la mano de la Carta de Principios de la Economía Solidaria. Nuestro actual sistema basado en el crecimiento ilimitado no atiende a los límites físicos y sociales del planeta, ocasionando la destrucción de nuestro ecosistema y el aumento del riesgo de propagación de nuevas enfermedades. El centro de nuestra actividad no puede ser el lucro sino el bienestar social por lo que tenemos que realizar un ejercicio crítico sobre cuáles son nuestra verdaderas necesidades. Así mismo, esta crisis ha puesto nuevamente de manifiesto la necesidad de replantearnos el concepto de trabajo y sus dimensiones ( humana, social, política, económica y cultural), visibilizando el trabajo reproductivo y el de cuidados esencial para la sostenibilidad de nuestras vidas.

Por ello, es necesario revertir el proceso actual, construyendo modelos de ciudad más habitables y resilientes, para la mejora de la salud ambiental y en pro de la biodiversidad, y llevar a cabo la transición ecosocial que nuestro planeta necesita.  En este proceso, hemos de garantizar las necesidades básicas de toda la población, a partir de un sistema público de calidad y una corresponsabilidad social de los cuidados y un reparto equitativo de las tareas entre el conjunto de actores sociales.

La Economía Solidaria como red de apoyo

En estos tiempos de emergencia, hemos visto cómo las entidades de la Economía Solidaria han puesto en práctica la cooperación, el apoyo mutuo y la solidaridad que les caracteriza, promoviendo iniciativas de diversa índole para hacer frente  la actual situación de crisis. Junto a ésta, hay un amplio magma social que como ésta lleva décadas cuestionando y amortiguando los embistes del capitalismo, así como construyendo las bases para un nuevo modelo. El movimiento por la emergencia climática y antes el ecologista, como también el feminista, las mareas por los servicios públicos, gratuitos y universales, las organizaciones defensoras de los derechos humanos y las libertades civiles... llevan décadas señalando este virus sistémico que recorre el mundo, alzando la voz y denunciando el sin fin de violaciones ambientales, laborales y sociales que perpetúa a diario. Pero más aún, este amplio y diverso panorama social lleva tiempo articulándose para construir alternativas, muchas de las cuales ya estaban atendiendo a las necesidades generadas por las múltiples crisis de las que venimos, y que la emergencia sanitaria no ha hecho más que disparar y multiplicar.

Es importante entender que todas las iniciativas que están proliferando vienen, de algún modo, cultivándose y larvándose de hace tiempo. El apoyo mutuo, la cooperación y la solidaridad difícilmente brotan sobre terreno yermo. Las redes y el tejido sobre el que se asientan vienen tejiéndose durante años, generando lazos de confianza en grupos de consumo ecológico, en redes informales de cuidados o en cooperativas de diversa índole. Gracias a la preexistencia de éstas, al saber acumulado de décadas de ensayo y error, está siendo posible sostener y escalar las experiencias que componen la maraña de iniciativas que ahora están dando respuesta y cubriendo los agujeros de un sistema que se ha mostrado más incapaz y sin sentido que nunca.

25 años en el camino

En REAS Red de Redes llevamos 25 años en este camino, fomentando y haciendo posible la generación de marcos económicos justos, solidarios y sostenibles, una larga trayectoria que nos ha situado como el principal agente de la Economía Solidaria en el Estado español, y que es producto del trabajo y la creación colectiva de quienes dan vida a esta red. Estamos orgullosas de haber articulado  una amplia y sólida red en todo el Estado, que cobija a 15 redes territoriales y 4 sectoriales, aglutinando a unas 800 entidades y empresas y  con la participación de 44.000 personas: 19.000 contratadas y 24.000 voluntarias y con unos ingresos anuales de más de 700 millones de euros.

Como decía Carlos Askunze, presidente de la red confederal, “una característica esencial en la identidad y en el crecimiento de REAS Red de Redes ha sido su capacidad de contagio, así como su tesón a la hora de enredar a personas, territorios, sectores económicos, iniciativas diversas... Enredar economías solidarias para tejer espacios de transformación personal y colectiva al servicio de las personas, la comunidad y el medio ambiente. Y funciona, esta estrategia funciona. Porque el trabajo en red y la intercooperación nos hace más fuertes, con mayor capacidad de incidencia social, política y económica... Y nos hace también mejores, como personas y como organizaciones”.

En este marco, además de todo el corpus teórico que está conformando junto a otras economías críticas y transformadoras un nuevo marco teórico en materia económica, se están desarrollando importantes iniciativas prácticas en el campo de la producción, distribución y consumo, que ofrecen alternativas necesarias para miles de personas; alternativas que están presentes en prácticamente todos los sectores: las finanzas, energía, telefonía, seguros, alimentación, vivienda, comunicación…, haciendo cada día más posible vivir dentro de los márgenes de una economía solidaria. Y no sólo esto, lo que es quizás más importante, más allá de dar solución de una manera ética, solidaria y respetuosa a las diversas necesidades cotidianas que todas tenemos, con todo ello estamos contribuyendo a la creación colectiva de nuevos imaginarios, más inclusivos, justos y sostenibles, imaginarios que cada día son más respaldados y compartidos por la ciudadanía en general.

La senda para transitar a otro modelo

Si algo hemos aprendido de estas semanas de emergencia es la importancia de lo público y lo común como garante real de las condiciones de vida de las personas y cómo los cuidados deben tener un papel central en nuestra sociedad. Así mismo, la solidaridad y el apoyo mutuo que se mueven más allá de las administraciones públicas se han revelado como un resorte esencial para situaciones de crisis, donde las empresas de la Economía Solidaria han demostrado ser referencia así como organizaciones resilientes a la altura del contexto de cambio político y social actual.

El coronavirus es un desafío global para el conjunto del planeta en el momento actual, pero no podemos olvidar que esta crisis venía precedida de un modelo insostenible a todos los niveles. La crisis también es el capitalismo y hay que transitar de la mano de otros modelos, como los que proponen la Economía Solidaria y Economías Transformadoras así como movimientos como el ecologismo social y el ecofeminismo, que buscan un nuevo paradigma para la sostenibilidad de la vida.

“Somos la salida” a la crisis endémica del capital, como venimos afirmando estos días en la campaña de Balance Social que recientemente hemos sacado, donde invitamos a nuestra base social y empresarial, como también a aquellas empresas que quieran conocer el impacto  de sus prácticas y encaminar su actividad a la transformación social que tanto ahora necesitamos, a someterse a esta herramienta de evaluación y transparencia para poder mejorar nuestras practicas año a año y poder comunicar el carácter diferencial de nuestra actividad y sus beneficios sociales y medioambientales. En el  panorama incierto actual es importante visibilizar las certezas que nos revelan las buenas prácticas de la ESS y otros movimientos y agentes sociales, una muestra clara de este modelo en alza que en crisis como la actual se presenta más necesario que nunca. Es preciso, por tanto, conocer y apoyar, desde el movimiento así como desde las administraciones públicas, planes de acción específicos a favor de la ESS con impacto a medio y largo plazo.

Sólo así podremos articular un movimiento sólido y capaz entre aquellos agentes sociales transformadores que enfrentamos colectivamente las crisis en que estamos insertas, desde el apoyo mutuo  y la cooperación, y que ponemos en el centro las necesidades reales y el cuidado, como marcan nuestra conciencia feminista, ecológica y solidaria. Somos la salida a crisis endémica de este modelo económico y ahora tenemos la oportunidad de transitar de manera masiva y decidida por el modelo que venimos construyendo desde hace décadas, ya conocemos el camino. Sigamos pues apostando por la senda de la solidaridad, es cuestión de seguir recorriéndola conjuntamente y contagiar a nuestro entorno con esta pandemia solidaria.

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