El paro como experimento literario

Pascual García Arano *

“Cuando uno lleva veinte años en un curro y de repente te llaman a un despacho para darte una patada en las pelotas, algo se mueve por la zona que está, precisamente, encima de tus pelotas”. De esta manera arrancan las andanzas de Bruno Brumas –periodista en paro, como yo–,  en el experimento literario en el que se ha convertido La metralleta nacional, mi última novela. Cuando nos echaron a la calle, Bruno y yo emprendimos caminos distintos. Yo decidí poner en marcha un blog, como tantos otros, y Bruno abrir la agencia de detectives El Juez de la Horca.

Cuando hace ahora un año escribí mi primer artículo en Elsacaleches.com lo hice por la pura necesidad que sentía de expresarme con  libertad sobre las cosas, una sensación que ya había experimentado en la literatura y que hace años ya no recordaba en el periodismo. De ahí surgieron cerca de doscientas entradas con historias sobre la vida de fuera y sobre mi vida de dentro, sobre la política, sobre la Justicia, sobre la corrupción y el poder, sobre los débiles, sobre los funcionarios griegos, sobre el amor, sobre Wall y sobre Street. Las historias tocaban asuntos tan dispares como la crisis, la reforma laboral, la identificación de Gaspar Llamazares como Bin Laden por parte del FBI, el viaje de Zapatero a Estados Unidos para la Ceremonia de la Oración, la boda de la hija de Aznar, el proceso contra Baltasar Garzón, la expulsión de Jaime de Marichalar del Museo de Cera...

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Durante una sobremesa con el gran Aníbal Malvar (periodista, escritor y amigo) surgió el reto de convertir esas dispersas pinceladas en una novela, en una historia con su principio, su final, sus ambientes, sus personajes y su canesú. Lo cierto es que fue más sencillo de lo que había pensado. Con la ayuda de mi alter ego (Bruno Brumas), de Lilly, la chica que desparrama ilusión y ganas de vivir allí por donde pasa, y de Felisín, el becario de la agencia de detectives (me resultaría imposible escribir una historia verosímil situada en el presente sin la presencia de un becario), dimos vida a un universo disparatado, sincero, comprometido y con vocación de sonrisa, aunque, en la mayoría de los casos, de sonrisa helada.

El sendero por el que se mueve La metralleta nacional no es nuevo, aunque casi nadie lo transite ya. La crítica mordaz, la mala baba perfilada y certera, el folletón políticosocial, el puro desahogo moral, intelectual, tienen viejos e ilustres precedentes en este país, donde, lamentablemente, ahora sólo se llevan las opiniones envasadas al vacío, todas del mismo corte, con la misma sisa y el PH neutro. En unos años hemos pasado del Hermano Lobo al Gran Heramano, y así nos va.

Portada de la novela.

El título de la historia, La metralleta nacional, sí que tuvo desde el principio intención de homenaje al recientemente desaparecido Luis García Berlanga, el director de El Verdugo. Comparten La Escopeta y La Metralleta la mirada socarrona –a veces envenenada, a veces comprensiva– sobre estos días tan raros y tan cabrones –tan maravillosos de cuando en vez- que nos ha tocado vivir.

La elección del formato digital para su publicación venía impuesta por tres circunstancias. En primer lugar, parecía razonable que una novela nacida de un blog, de la red, se presentara y distribuyera en esos mismos soportes. Además, de esa manera podía garantizar el acceso gratuito a un trabajo realizado durante un año, un trabajo que no debía caer en saco roto. Y en tercer lugar, y no por eso menos importante, ¿quién iba a publicarla si me meto con todo cristo?

(*) Pascual García Arano es periodista y escritor. Sus anteriores novelas publicadas son Carta de ajuste (2006) y Doble cero (2009), ambas en la editorial Inéditor. La metralleta nacional se puede descargar gratis en Bubok.es.