El ajuste nos lleva a la recesión

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La evolución de los distintos indicadores adelantados por áreas geográficas apuntan a una desaceleración generalizada, tanto del crecimiento económico global, como del las principales áreas geográficas. Se acelera la desaceleración global que en los últimos meses reflejaban los indicadores adelantados de la OCDE, y los índices que se utilizan como variables proxies del crecimiento económico futuro a corto y medio plazo. Nos vemos abocados a una recesión económica, tal como algunos previmos en 2010, frente al consenso de mercado.

En el caso de Estados Unidos, si completamos los indicadores de la OCDE, que tienen un valor científico muy limitado dada su composición, con el indicador adelantado de la FED, el índice CFNAI, que en los últimos meses se ha desplomado, y se aproxima de nuevo a la recesión económica, es decir, la media trimestral del mismo se acerca al nivel crítico de -0,7, por debajo del cual la FED baja tipos de interés, ya no puede, o implementa expansión cuantitativa, que ya ha tocado a su fin.

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La Zona Euro en su conjunto está experimentando desde abril una importante disminución en el momentum económico, tal como recoge el indicador adelantado de la OCDE. Todos los países clave experimentan una fuerte desaceleración, pese a los datos de Alemania y Francia en el tercer trimestre de 2011, un 0,5% y un 0,4% respectivamente. El indicador EuroCoin referente a la Zona Euro, publicado mensualmente por el CEPR, correspondiente al dato de octubre, y como era de esperar, apunta a un crecimiento tendencial intertrimestral de largo plazo negativo, concretamente -0,13%, muy alejado del máximo de abril de 2010, próximo a +0,80%, siendo el dato más bajo desde septiembre de 2009. La política de consolidación fiscal, con una gran caída del gasto público, reducción de salarios, y una carrera por reducir el déficit público a una velocidad excesivamente rápida, están provocando que los mercados de deuda reaccionen con fuertes ventas de activos soberanos, llevando al borde de la intervención a países como Italia o España.

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Lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasa por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario mundial, que además conlleve una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufran la correspondiente quita.

Las autoridades monetarias, BCE o la FED, han preferido expandir sus balances respectivos, buscando que el exceso de liquidez pudiera generar inflación y la reactivación del crédito. Pero la expansión cuantitativa produce un aumento de la propensión al riesgo,  infla los mercados financieros, sin que ello se traduzca en un aumento de la renta del país. Pero es que además, en el actual contexto de sobreendeudamiento, la política monetaria es mucho menos eficaz a la hora de afectar a la actividad económica de lo que los inversores piensan. Así, por ejemplo, el principal efecto de un cambio en la base monetaria, como consecuencia de la expansión cuantitativa de la FED, es cambiar la velocidad monetaria y los tipos de interés a corto plazo. Sin embargo, una vez que los tipos de interés a corto plazo caen a cero, las expansiones adicionales en la base monetaria simplemente inducen un colapso proporcional en la velocidad de circulación del dinero, y la economía entra en la trampa de la liquidez, que es el escenario en el que estamos ahora.

La realidad española es aún más problemática. A todos los problemas de liquidez, solvencia y sobreendeudamiento del sector privado, se añade la coyuntura del mercado laboral. Los últimos datos macroeconómicos revelan ya un estancamiento, con un crecimiento nulo en el tercer trimestre de 2011 y una EPA que arrojó una tasa de paro de más del 20% y un nivel de desempleados que superaron los 5 millones en la serie desestacionalizada. Los datos de consumo, ventas de viviendas, ventas de automóviles o consumo de cemento o electricidad, muestran esta atonía del sector privado, que ha dejado de invertir ante la realidad de que una buena parte de la deuda privada no se podrá repagar. El incremento de costes financieros de la deuda soberana, con una prima de riesgo de más de 450 pb, una fuerte caída de la bolsa y el desplome de los indicadores opináticos, nos llevarán a la recesión ya a finales de 2011. Ya ni los economistas más fanáticos del ejecutivo pueden disimular que la realidad no puede esconderse más, y hay que asumir que la economía española está próxima a la intervención por parte del BCE y el FMI.

La mayor rémora es la situación del sistema financiero que está contagiando y reafirmando la urgencia de la necesidad de una quita de deuda privada, de forma ordenada, a nivel europeo.

La toxicidad de todos los activos inmobiliarios, especialmente el suelo en las carteras de buena parte de Cajas de Ahorro y banca mediana, siguen lastrando a dichas entidades, generando una restricción de crédito que va a provocar la quiebra de familias y empresas de tamaño medio y pequeño. La resistencia del sector financiero a reducir el tamaño del mismo, y la miopía política del ejecutivo en dar salida a este stock, nos va a transportar a épocas pretéritas en renta per cápita y pérdida de riqueza sin parangón.  A todos estos problemas, hay que añadir que la nueva normativa sobre valoración del suelo inmobiliario obligará a la banca a valorar el suelo como rústico, si ésta es su calificación en la actualidad. Eso generará unas necesidades de capital adicionales que se podrían cuantificar en más de 28.000 millones de euros.

Una posible solución a la quita de deuda privada en el sector financiero debería pasar por un reparto de las cargas entre acreedores y deudores al 50% y que supondría elevar hasta el 6 por mil las aportaciones de las entidades financieras y del FROB al nuevo fondo de garantía de depósitos unificado, con unas necesidades de capital de más de 100.000 millones de euros.

Con todas estas premisas, y alejándome de las previsiones más optimistas, el crecimiento de la economía española en 2012 experimentará una caída del 0,6%, desglosándose en una reducción de la demanda interna de 1,3 p.p y una aportación positiva de la demanda externa de 0,7 p.p. El consumo privado (-0,4%), público (-2,8%) y la inversión privada (-3,5%), serán las claves que explicarán el desplome de la actividad, que reflejarán la coyuntura del sistema financiero, la restricción de crédito y el colapso de los mercados mayoristas de crédito europeos.

En resumen, la ortodoxia neoclásica nos está llevando a una recesión fuerte y prolongada, tras las turbulencias en el mercado de deuda soberana, que está trasladando el riesgo de la deuda privada a los mercados de deuda pública, independiente del nivel de cada país. En España, los graves problemas de toxicidad inmobiliaria han secado el crédito y se han agotado las vías por las que un mercado productivo y laboral muy enfermo podrían generar crecimiento no solo a corto plazo,  sino a medio y largo plazo.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director ejecutivo de Inurrieta Consultoria Integral.
2 Comments
  1. borja says

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

  2. carlos says

    Los Springfield y Shelbyville que existen en España http://bauldelsastre.blogspot.com/2011/11/cafe-para-todos.html

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