El fracaso de la política

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Ignacio González bebe un refresco, ayer, día 5, en un restaurante de Madrid. / Efe

El País de ayer lunes incluía una interesantísima  entrevista a Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid nombrado a dedo por Esperanza Aguirre. Un ejemplo perfecto de dedocracia. González aprovecha la oportunidad que le ofrece el periódico de Prisa para abrir la puerta y enseñar la patita. Cuando estaba en la sombra de Aguirre, y desconocíamos qué pensaba, González daba miedo. Después de escucharle un par de docenas de respuestas a otras tantas preguntas, da pánico: si no le paran los pies, los madrileños se quedarán sin nada. Sin medicamentos, sin sanidad pública, sin patrimonio…

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González es el ejemplo perfecto del fracaso de la política. El fracaso de la política es, como usted imaginará, el fracaso de los políticos, de unos políticos que se niegan a hacer aquello para lo que fueron contratados: gestionar. ¿Gestionar? Nunca: es difícil, complejo, requiere talento y dosis ingentes de trabajo. Mejor prohibir, cerrar o imponer nuevas tasas. “En este país hay una tradición de acumular en casa medicamentos”, asegura un González que, en lugar de poner las pilas a quienes prescriben las recetas, implanta una nueva tasa a los ciudadanos enfermos.

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Los periodistas recuerdan a González que “los nuevos presupuestos prevén que seis hospitales más serán de gestión enteramente privada”, que “no quedará ninguno de gestión enteramente pública”, que “se abre la vía a que los centros de salud estén en manos de empresas (van a externalizar el 10% de los 400 centros de salud de la región)”... El Presidente de la Comunidad cree que “no se puede estigmatizar a la empresa privada como si fuera un ogro que viene a comerse a los madrileños”.

Pero lo mejor está al final de la larga entrevista, en el último párrafo: “Comprendo que es más noticioso decir que Sheldon Adelson es un mafioso que decir que es un empresario del juego y el tercero en cotización en la bolsa estadounidense”, dice un orgulloso González para cerrar la página 3 del suplemento dedicado a Madrid. La página 4 se abre, vaya por dios, con un reportaje sobre  Adelson en el que el magnate estadounidense dice, a modo de titular y a cuatro columnas, lo siguiente: “El Gobierno nos dirá en enero qué leyes va a cambiar a nuestro favor”.

3 Comments
  1. Mecacholo says

    Para no hacer huelga estamos…

  2. qq says

    Estuve leyendo ayer la entrevista, y de verdad es para echarse a temblar. Es muy recomendable echarle un vistazo para hacerse una idea de lo que se avecina. Y lo más escalofriante es ver cómo defiende su modelo de gestión sin despeinarse. Un modelo de gestión basado en que empresas privadas hagan negocio con los servicios de la población. Un ejemplo:

    P. ¿Le preocupa la posibilidad de que toda la escala médica de atención al paciente, desde la primaria, acabe dependiendo de empresas privadas?
    R. Eso no va a pasar, pero si pasase, ¿cuál es el problema? El paciente no paga nada. Se le garantiza un catálogo de servicios a cero euros. ¿Qué más da que quien le atienda tenga una bata roja, verde o blanca? Insisto en que eso no va a pasar, pero si pasase, lo que tenemos que garantizar a los ciudadanos es un catálogo de servicios según lo establecido por la Administración y que se lo prescriba de manera gratuita la sanidad pública. ¿Por qué prejuzgamos que los médicos pagados por una empresa privada son peores?

  3. Alberto says

    Estos señores, iba a escribir HDLGP pero mejor no lo escribo, no estigmatizan en cambio todo lo Público en general, ni nada de la Sanidad Pública en particular.
    Directamente lo machacan pulverizándolo a mera Caridad, qué digo, a Beneficiencia.
    Que ya me veo yo en esos hospitales y centros de salud «de gestión privada» pero construidos, dotados y mantenidos con dinero de todos, la frasecita: «El seguro (público) te da tal prestación pero por tantos euros más o haciéndote la targeta plusmadri, te sale gratis la escayola buena, si no tiene usted con apoquinar tal dineral en cómodas mensualidades.»

    Nos están dejando sin servicios públicos, les estamos montando con medios y presupuestos públicos los chiringuitos privados de sanidad y educación entre otros…
    Y no pasa nada o les aplauden. Nos mean y para muchos les gusta el baño de agua calentita, «con este frío, se agradece.»

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