Actualidad de ‘I due Foscari’, de Verdi

Carlos García Valdés

Un momento de la representación de 'I due Foscari' en el Palau de les Arts de Valencia.

La ópera verdiana, situada en la Venecia del siglo XV, nunca ha sido olvidada pues renace con periodicidad en los escenarios y en las grabaciones de estudio y en directo. Lord Byron proporcionó el argumento literario y el maestro de Busseto puso la inigualable música. Composición previa a los más reconocidos éxitos de Giuseppe Verdi, pues ha de fecharse en 1844, “I Due Foscari” siempre me ha parecido un salto en el hacer del genial autor. Es verdad que faltan algunos de los rasgos característicos de sus obras, por ejemplo la presencia de las cuatro cuerdas cantantes entre los protagonistas (tenor, barítono, soprano y bajo), cosa que se alcanzará más tarde (“Rigoletto” o “Trovador”), y que se apuntó previamente en “Ernani”, pero también es cierto que los personajes están magníficamente trazados y son perfectamente identificables, ideando unas personalidades que han quedado para el resto de los tiempos.

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El drama se centra en la falsa acusación y condena de Jacopo Foscari, hijo del Dux, Francesco. Toda la ópera se basa en el escaso periodo que transcurre entre la votación de la pena de muerte  por homicidio y traición, la estancia en prisión, la conducción al cadalso y el advenimiento, tardío, de la revelación de su inocencia. La exigencia de renuncia por el Consejo de los Diez al padre culmina la tragedia. Pero este espacio está relleno de unas intervenciones superiores y, ciertamente, emocionantes. He aquí sus protagonistas.

Francesco Foscari es barítono. Los más grandes han interpretado el papel con singular éxito y diferente estilo. Entre los mismos he de referirme, en un cierto orden cronológico, a Gian Giacomo Guelfi, Piero Cappuccilli, Renato Bruson y Leo Nucci. De cuantas grabaciones son merecedoras de cita, quiero traer a colación otras tantas que se corresponden con los artistas mencionados. La primera es la editada por Myto, en 2007, referida a la representación en La Fenice en el día de fin de año de 1957. Dirigida  por Tullio Serafin, con la orquesta del teatro, acompañan a Guelfi la gran Leyla Gencer y Mirto Picchi. De relativo buen sonido para la época, no es el gran Francesco Foscari que cabía esperar, aunque no cabe duda que Gian Giacomo Guelfi sabía cantar. Pero su expresión no tendrá la emoción de otros posteriores. De este registro destaca, sin lugar, la gran soprano turca.

A partir de aquí, la ópera de referencia tiene, en cada década, grabaciones sobresalientes. Y así, en 1977 la casa Philips, de la mano de Lamberto Gardelli, que dirige la ORF Symphony Orchestra, edita su versión de estudio, todavía hoy difícilmente superable. Piero Cappuccilli dota de sentimiento y energía a un Dux martirizado por el devenir y temible cuando se defiende del expolio final. El reparto es excelente y más que adecuado, mérito de la elección efectuada por el director. José Carreras, en su plenitud, canta un atribulado y luego resuelto hijo como nadie lo ha hecho hasta la fecha y Katia Ricciarelli da un matiz de valentía y rabia a su Lucrezia Contarini imposible de igualar desde entonces. Porque si la adecuada similitud puede predicarse de otros intérpretes, como veremos, en cuanto a la Ricciarelli no hay nada que hacer. Su registro no ha encontrado parangón a día de hoy.

En diciembre de 1984 se graba en Torino, con la orquesta titular, una versión ciertamente magnífica de “I Due Foscari” (Nuova Era, 2008) estando en el podio Maurizio Arena. En la época en que Renato Bruson lo cantaba todo, no podía dejar pasar este papel excelso para su cuerda. Y, en efecto, lleva a cabo un Dux soberano, pleno de acento, sin contención, con amargura y sin regatear esfuerzos. En definitiva, una de las superiores interpretaciones que han sido llevadas al disco compacto. No se queda atrás el otro Foscari, es decir el tenor Nicola Martinucci, redondo en su decir y, tal vez, en un pequeño peldaño inferior a Carreras que es mucho decir. Lorenza Canepa es otra cosa. Ni es la Gencer ni, desde luego, la Ricciarelli, pero salva el difícil rol con dignidad.

La última grabación dada a conocer de esta joya de la música cantada es el DVD de Major (2012) dentro de la edición del bicentenario denominada “Tutto Verdi”, con los títulos y las representaciones en directo más representativas. La toma se llevó a cabo en el teatro Regio de Parma en 2009 y en ella sobresale el incombustible Leo Nucci. No cabe duda que cuando un cantante se cuida y canta lo que debe, cuando hay materia prima, los resultados no pueden ser mejores. Este es el caso de Nucci. Su Dux es extraordinario. Llena el escenario con su presencia y le confiere una dignidad difícil de superar. La batuta de Donato Renzetti, con la orquesta titular del coliseo,  entendió perfectamente al supremo artista, dejándole hacer. De hecho, su “Questa è dunque l`iniqua mercede” (Acto III, escena IX) está interpretada a su aire, con sumo acierto, con una emoción, un desprecio y una contundencia más allá del papel. Sus compañeros de reparto se encuentran en un escalón por debajo. Bien Roberto De Biasio, de voz clara que trata de aproximarse al primer Carreras. Tampoco nada malo puede decirse de Tatiana Serjan que saca con soltura el rol de la Contarini pero sin lograr la intensidad de sus colegas en grabaciones anteriores.

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Plácido Domingo, durante la representación de 'I due Foscari'. / Captura de YouTube

Plácido Domingo acaba de abordar el papel de Francesco Foscari, estrenando el mismo en la Ciudad de las Artes de Valencia. Creo, sinceramente, que se ha equivocado. A diferencia de otras más tolerantes, la crítica de Álvaro del Amo, al que siempre recuerdo desde “Cuadernos para el Diálogo”, fue demoledora y con razón. Incluso su incondicional biógrafo Rubén Amón no lo ha visto nada claro. Domingo no puede seguir empeñado en cantar cuantos personajes de barítono se le ocurran. Si triunfó en “Luisa Fernanda” y, desde luego, en “Simon Boccanegra”, esto ha sido un regular fiasco. Sigue en pie su ejemplar transmisión con el público, es cierto, pero hay veces en que esto no basta aunque el respetable, entusiasmado, se le entregue.  Esta es una de esas ocasiones. Su canto fue confuso y, en ocasiones, difícil de seguir. La vocalización deficiente y la contundencia en las escenas clave más que discutible. Tengo una grabación del acontecimiento y me niego a hablar de sus acompañantes pues ni siquiera le hicieron justicia respecto a sus méritos pasados. Ahora veo que quiere abordar próximamente, como más significativos, entre otros, nuevos personajes de barítono como el Germont padre de “La Traviata” y el Conde Luna de “El trovador”. Que la suerte le -y nos- acompañe. ¡Ojala el empeño no se traduzca en una nueva frustración! Sinceramente, Plácido Domingo no lo merece.