El estado del PSOE

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Jesús Cuadrado *

Jesús_CuadradoDespués del debate del Estado de la Nación, sigue teniendo interés preguntarse por el estado del PSOE. ¿Qué le pasa al Partido Socialista? Por ejemplo, ¿qué puede motivar que hoy muchos electores andaluces digan que piensan votar, y aprueban, al PSOE que lidera Susana Díaz, pero rechazan sin paliativos al que lidera Rubalcaba? Es una novedad, un hecho insólito, pero así lo refleja un denso estudio de opinión de la Universidad de Granada publicado hace unos días. De hecho, según la encuesta, los andaluces dan aún peor nota a la labor de oposición que realiza la actual dirección socialista que al propio gobierno de Rajoy. Relacionen este dato con esto: Rubalcaba se arrepiente de haber apoyado una propuesta de Rosa Díez sobre Cataluña minutos después de haberla votado, olvidando una regla básica del liderazgo, que más importante que ganar un debate es “cambiar el propio debate”, establecer sobre qué se debate. Tanta indefinición, tanto “cambio de marchas”, termina reflejándose en un rechazo, ya consolidado, de la opinión pública.

¿Por qué esta incapacidad para salir del pozo electoral en el que el Partido Socialista cayó en las elecciones de 2011? Suena a ingenuidad la apelación constante a la herencia recibida, no sólo porque en los despachos de Ferraz y de la dirección del grupo parlamentario siguen los mismos desde hace años, sino, sobre todo, porque la comparación con países con una experiencia similar desmiente ese argumento. Así, y a pesar del rescate del país con el gobierno socialista, el PS portugués ha remontado diez puntos desde entonces y lidera todas las encuestas, mientras en Reino Unido ocurre algo parecido con los laboristas. No sucede en ningún país de Europa que, ante el hundimiento en las encuestas del gobierno, el partido de la oposición siga igualmente hundido. ¿Por qué? La diferencia más obvia con Reino Unido y Portugal está en que allí los candidatos que perdieron las elecciones, también con contundencia, se responsabilizaron del resultado y permitieron una renovación de liderazgo en sus organizaciones. Hoy resulta evidente que la decisión de Rubalcaba de no dimitir la noche del 20-N lastra las posibilidades electorales de los socialistas. Sólo en el marco viciado de la política española puede darse, con un resultado de catástrofe en las generales de noviembre de 2011, el despropósito de un candidato al que ni se le pasó por la cabeza la posibilidad de facilitarle el futuro a su partido asumiendo la responsabilidad del desastre y dimitiendo, como, por supuesto, hicieron Brown en Reino Unido y Sócrates en Portugal.

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¿Qué bloquea al PSOE? El Partido Socialista ha caído en la trampa de las “camarillas” que con precisión describe Joseph Nye como el poder basado en una lealtad fuerte que deriva en asociaciones que se limitan a “hacer circular una y otra vez la opinión general del grupo y acaban sucumbiendo a su pensamiento colectivo”, a los intereses particulares de la fracción que representan. Como ejemplo, hace unos días pudimos ver una vez más la escenificación de esta práctica con la designación de Elena Valenciano para encabezar la candidatura a las europeas; después de “autoperfilarse” para el puesto, ellos mismos informaron que la elección se resolvió en una cena de la propia dirección con los “barones” del partido. No es muy diferente la forma en la que otro miembro de la dirección, Ramón Jáuregui, comunica personalmente a los medios que sí, que su nombre se “baraja” para la lista europea. Todo esto, después de haber publicitado las primarias abiertas como un gran avance en la modernización del PSOE. Así se proyecta una imagen de grupo cerrado, no muy diferente de la institución de la “serrata” (el cierre) que se practicaba en la Venecia del siglo XIV, una ley que consistía en impedir que nadie nuevo, de fuera de las familias que ya dominaban la ciudad, pudiera entrar a formar parte del Gran Consejo. Se dice que, desde que esta república aprobó esa norma, Venecia pasó de ser la economía más dinámica a convertirse en el museo que hoy atrae a tantos turistas. La dirección socialista practica una similar endogamia que mantiene secuestrado al partido, que lo incapacita para ejercer el liderazgo social transformador al que se debe.

Que el PSOE tenga un serio problema de credibilidad trasciende al propio partido. Cuando el sistema de partidos ha entrado en crisis, cuando, como argumenta Moisés Naím en su tesis sobre “el fin del poder”, los grandes partidos tienen cada vez más dificultades para competir con organizaciones más pequeñas, no les será suficiente con pasear las viejas banderas e iconos en cada campaña electoral. Cierto, hoy tiene menos costes de oportunidad para los electores votar a un partido pequeño, incluso recién creado, como anuncian todas las encuestas que ocurrirá. Muchos votantes, desanimados por lo que ven en el Partido Socialista, encuentran atractivo votar a unos porque les convencen por ser creíbles contra la corrupción, a otros por su decisión y eficiencia en la batalla contra los desahucios, o a quienes les parecen más de izquierdas, en unos casos, o más centrados en otros, o a un juez al que encuentran creíble frente a un poder judicial bananero, o a un partido que denuncie sin complejos el asalto a las Cajas, o a aquellos que sí se atreven a proponer la supresión de las diputaciones. Si el partido socialista va a poder articular una alternativa de centro-izquierda en España, dependerá de su capacidad para mover el centro político, donde se ubican millones de electores, hacia la izquierda, de su inteligencia para construir una identidad común fuerte que cohesione grupos con aspiraciones diferentes. Eso es imposible con un partido basado en el modelo de las “camarillas” y con un liderazgo desprestigiado y con tendencia a seguir cada liebre suelta.

Aunque eso no se ha tratado en el debate del Estado de la Nación, es hoy una prioridad absoluta en España recuperar la confianza en dirigentes y partidos políticos; de hecho, es imposible la salida del pozo sin la regeneración profunda del actual sistema de partidos, con cambios de verdad en su organización y funcionamiento y en sus métodos para seleccionar, vigilar, pedir cuentas y “ascender, o degradar, a sus líderes”, como señala Moisés Naím.  Muchas cosas tendrían que cambiar en este PSOE secuestrado para que pudiera liderar un proceso regenerador de ese calado, pero el significado de una primarias abiertas de verdad, aunque son sólo una pieza más, tiene que ver con esto. Su mayor hándicap está en que, por la desidia del Comité Federal del pasado enero, se han encargado de organizarlas quienes no las quieren ver “ni en pintura”, quienes tienen como estrategia, no la regeneración del PSOE, imprescindible para recuperar el aprecio de la gente, sino esperar que el PP se hunda tanto en las europeas que se le pueda ganar, “aunque sea por un voto”, sin necesidad de que el Partido Socialista recupere el electorado perdido el 20-N. Así, después de retrasarlas todo lo que han podido, proponen un reglamento que sólo se entiende si lo que se intenta es desanimar la participación del mayor número de electores, frente a lo ocurrido en Francia e Italia, allí con normas seguras y sencillas ya experimentadas. Lo que ocurre es que unas primarias de verdad son un obús contra la línea de flotación del “aparato” de cualquier partido, no sólo del Partido Socialista, y asistiremos a todo tipo de resistencias y estratagemas, como esa proliferación de candidatos de la propia dirección, como Patxi López, Pedro Sánchez o Eduardo Madina, de momento. Pero cuidado, si los electores detectan que se intentan unas falsas primarias, un paripé, el daño para el PSOE puede ser definitivo. Aunque también pudiera ocurrir, como con Borrell y Segolene Royal, que fracasaran los intentos para unas primarias controladas.

O decide un “selectorado”, como el que ha elegido a Elena Valenciano, o un amplio electorado que rescate al PSOE. Se verá.

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.
9 Comments
  1. Piedra says

    Muy buen artículo

  2. Pablo Iglesias says

    No le falta razón a Jesús Cuadrado, o se renueva el PSOE o seguirá con Rubalcaba en el 20N y encima parece que están satisfechos Valenciano y compañía.

  3. Antonino says

    No van a sacar del pozo al PSOE los que lo han hundido. No le veo solución.

  4. isidoro callejo says

    yo creo que mientras no cambien de lideres el PSOE no funcionara .Jesus tiene toda la razon

  5. isidoro callejo says

    tiene toda la razon Jesus Cuadrado mientras no cambie la cupula del PSOE no se solucionara nada

  6. Evilasio says

    Pues hombre, que este señor hable de nada, que hundió el PSOE de Zamora. En fin, Cuadrado, majo, deja de hacer daño.

  7. Tomañas says

    Sinceramente, no creo que ni las primarias salven al PSOE. El actual sistema de partidos no sirve para solucionar los problemas de los ciudadanos, están al servicio de los grandes y ricos y lo demuestran cada vez que tienen una oporunidad: crisis tras crisis.

  8. Tomañas says

    Se me olvidaba. Evilasio, al PSOE de Zamora no lo undió Cuadrado, sino la camarilla que lo dirige hoy, lo dirigió ayer y antesdeayer: los Madrid y sus peones Plaza, Félix y cía. Mucho me temo que serán los que lo sigan dirigiendo pues ya no quedan casi militantes que se han ido asqueados de tanto caciquismo e ineptitud: ahí están los resultados electorales.

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