Cuando Madina quiso ser Podemos

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Jesús Cuadrado *

Jesús_CuadradoCuentan las crónicas que Alfonso Guerra se empleó a fondo para poner orden, para disciplinar a los diputados socialistas, frente a las  ensoñaciones republicanas a raíz de la abdicación. En la reunión del grupo parlamentario, a la que nunca acude, pidió la palabra, les recordó “quiénes sois”, les marcó la ruta con su elocuencia experimentada, les aquietó, les convenció, y le aplaudieron a rabiar. En la misma sala estaban presentes dos de los aspirantes más reconocidos para liderar al PSOE, Eduardo Madina y Pedro Sánchez, que, como me han confirmado, no participaron del debate, no aprovecharon la ocasión para mostrar sus capacidades de liderazgo. La escena me recuerda otra de la Ilíada, que de forma excelente recrea Alessandro Baricco. Allí, Agamenón, el jefe desprestigiado de los aqueos, le pide al viejo Nestor que hable a la tropa para levantarles el ánimo. ¿Por qué tiene que hablar él y no tú, que eres el líder?, le preguntan; porque a él le creerán, les responde. Así está el PSOE, con un Rubalcaba-Agamenón que pretende pilotar la transición sin gota de crédito, forzado a recurrir a un Alfonso Guerra-Nestor, y dos aspirantes, presentes en la asamblea, pero mudos.

¿Quién gobierna hoy la nave socialista? El pasado día 11, tras el desconcierto creado por el anuncio de la renuncia de Susana Díaz, El País de Cebrián marcaba ruta, una vez más. “El proceso congresual ha de proseguir de forma transparente, con una consulta en la que podrán participar todos los militantes, y el partido resolverá sobre las primarias para el candidato a la Moncloa. Un congreso y unas primarias no son incompatibles, aunque pueden necesitar un reacomodo de calendario”, se decía en un editorial. El subrayado, obviamente, es mío. Habilidad para reacomodar calendarios del grupo que domina el Partido Socialista que ya se ejercitó con la imposición de un adelanto electoral en 2011, la eliminación de las primarias y toda una serie de intervenciones hasta llegar a un inquietante 23%, que se ejercita de nuevo ahora con la elaboración de una hoja de ruta orientada a lo de siempre, a evitar un proceso de primarias abiertas, y libres, que “ellos” no podrían controlar. Ya pueden proclamar todas las encuestas, incluidas las del grupo Prisa, que los electores quieren primarias abiertas en el PSOE, que rechazan frontalmente a todo el aparato de Rubalcaba y sus acompañantes, incluidos sus candidatos, que este PSOE parece empeñado en hacer lo contrario de lo que le exigen los electores.

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Como con nitidez reflejaba una reciente encuesta de El Periódico, lo que ha desconectado al Partido Socialista del electorado es la incapacidad de liderazgo de sus actuales dirigentes, gastada ya la disculpa permanente de “la herencia”. Por eso es tan desconcertante la insistencia en recurrir a dos candidatos que forman parte de la actual dirección, tanto en el Grupo Parlamentario como en la organización del partido. No se puede esperar que a la gente se le borre de golpe la imagen repetida y exhibida durante estos años del grupo de poder y que la argucia funcione, ni siquiera recurriendo a eso de la “revolución generacional”. Si formas parte de una dirección desautorizada una y otra vez en las urnas, y con qué contundencia, no hay gaita generacional que te exima de la responsabilidad directa que contraes. Lo que importa es que le permitan al Partido Socialista una opción irrenunciable en democracia, el derecho a un nuevo liderazgo cuando el que tiene ha fracasado de forma inapelable. Y no hay atajos como los que el viejo grupo de poder, con Felipe González a la cabeza, practica con reiteración, intentando impedir cualquier liderazgo que no controlen.

Por eso son tan decisivas en este envite las “primarias abiertas”, por eso, como ya anticipa el editorial de El País, se busca el enredo de un congreso extraordinario, aún cediendo en el voto directo de los militantes con carácter previo, con el fin de volver al escenario de 2011. Elegir lo más controlable, evitar lo que no se domina, una norma básica de la ley de hierro de cualquier oligarquía, de cualquier poder que pretende eternizarse. El riesgo de esta estrategia es evidente: los españoles ya les tienen cogida la matricula, se han doctorado, como repiten los barómetros del CIS, en las argucias de la vieja política. Así, si de un 28% se puede pasar a un 23%, los electores pueden terminar convirtiendo al PSOE en el PASOK si se sigue en lo mismo.

En todo el mundo, como demuestra Moisés Naím en El fin del poder, donde se imponen las “primarias abiertas” es por una razón elemental, por ser la mejor opción a la hora de romper aparatos de partido que tienden a calcificarse, a eternizarse. Sus detractores suelen argumentar, como ha hecho González, que éstas anulan la soberanía de los militantes frente a los electores. En esto no está solo, le acompañan otros muchos, y no sólo del Partido Socialista. La cuestión es que hoy, mucho más que hace años, los partidos que se dirigen a los de casa y se olvidan de la calle lo pagan en las urnas; tiene razón Carme Chacón, “sólo cuando confiemos en la gente, la gente volverá a confiar en nosotros”. El intento de evitar las “primarias abiertas” va en la dirección contraria y, si lo consiguen, el PSOE lo volverá a pagar caro en las urnas.

El mayor daño que esta paralización inducida desde dentro puede hacer al PSOE afecta a sus señas de identidad. Frente al fenómeno Podemos, muchos en el partido socialista han reaccionado como si los numerosos electores que han captado se los hubieran robado; votos que habría que recuperar, dicen, imitando lo que esta nueva fuerza política hace. Todo sería tan simple como esto: Podemos ha utilizado un discurso de izquierdas, el Partido Socialista se ha derechizado y, en consecuencia, se debe recoger su discurso, que es “el nuestro”, y así recuperaremos a “nuestros” votantes. Ser Podemos, esa es la cuestión. No sé que será de esa nueva fuerza política, pero, si se compara con otras surgidas en Europa en un caldo de cultivo similar, no está ahí por accidente, se nutre de una energía real, que existe y es poderosa. En gran parte, Podemos ha sido impulsado por la incapacidad de liderazgo en el PSOE, por el despropósito de ir a unas elecciones, después de varios avisos de los electores, con un liderazgo rechazado masivamente. He leído con atención las ofertas electorales del grupo de Pablo Iglesias y no creo que sean la razón por la que han recibido tantos votos. Mi impresión es que las razones de su éxito están, más que en elementos deliberativos (“programa, programa”), en una pasión política muy arraigada hoy en España, la irritación con los liderazgos políticos vigentes, a lo que ha contribuido especialmente la dirección del PSOE. Es ahí donde tiene que bucear el Partido Socialista, y no en excursiones ideológicas que sólo muestran la falta de convicciones firmes.

Si en el PSOE se empeñan en organizar un congreso con el objetivo de apartar de nuevo “las primarias abiertas”, contribuirán a consolidar un mapa político con varios grupos de izquierdas que se terminen canibalizando en el mismo espacio electoral. ¿Hay mejor escenario para el futuro del PP? Las mayorías de gobierno, salvo que Julio Anguita y su frente de izquierdas, salida del euro incluida, tenga alguna posibilidad, siempre se ganan en el centro, que por supuesto existe. En Italia, con Matteo Renzi, hemos asistido en muy poco tiempo a una buena prueba de laboratorio sobre el asunto. En las últimas elecciones generales, la fuerza política que allí recogía el sentimiento generalizado contra la “vieja política”, el Movimiento 5 Estrellas, consiguió tantos votos como el PD. Pasado poco más de un año, y después de unas “primarias abiertas” ganadas por un candidato, Matteo Renzi, abiertamente enfrentado al viejo aparato de partido, la opción socialdemócrata domina con claridad la escena política italiana, como se ha comprobado en las elecciones europeas, en las que le ha doblado en votos al grupo de Beppe Grillo. No son los partidos socialdemócratas los que están en retroceso en Europa, son, entre ellos, los que son incapaces de regenerar sus liderazgos, como hasta ahora ha ocurrido en España. En ese dilema discurre hoy la crisis del PSOE. Veremos.

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.
5 Comments
  1. Antonio says

    Pues, sí, sr. Cuadrado definitivamente el PSOE ha decidido suicidarse. RIP

  2. Magdalena Valerio says

    Buenas noches, Jesús. En honor a la verdad quiero informarle de que el diputado Pedro Sanchez sí que intervino en la reunión del Grupo Parlamentario Socialista del pasado martes. Yo misma estaba presente y pude escucharle. Asimismo, comentarle que ni forma parte de la Dirección del Grupo, ni tiene – en este momento- ningún cargo orgánico en el PSOE. Un cordial saludo.

  3. Luis says

    Matteo Renzi ha alabado la reforma laboral de Rajoy, así que no sé en qué sentido puede ser ese hombre de izquierdas. Renzi no da más que la impresión de ser un Zapatero o Tony Blair recalentado, un estafador electoral sin principios ni convicciones (de izquierdas, al menos).

    Así de triste es la situación, que ser simplemente de izquierdas es ser extremista y bolivariano, aunque eso precisamente (una política de izquierdas) es lo que quiere el electorado, que no es precisamente extremista. Pero el PSOE renunció hace mucho ser de izquierdas, de ahí su fracaso.

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