Un Madrid sin Patio, un Madrid sin Maravillas

Pablo Padilla *

Pablo_PadillaMucha gente siente pavor cuando oye hablar de “casas okupas”. Siempre habrá gente a la que le aterrorice más un grupo de personas que arrancan un edificio de las garras de la especulación y lo dotan de vida que los miles de edificios vacíos que asolan nuestras ciudades. Pero son los menos. A la mayoría nos parece incomprensible que se permita el deterioro y el desuso de estos inmuebles mientras existe una evidente carencia de equipamientos deportivos, culturales y artísticos que impiden su disfrute a quienes apenas tienen recursos.

Los hay de muchos tipos: grandes, pequeños, clásicos, modernos, de titularidad pública o  privada, en el centro o en la periferia, oscuros o luminosos, más amables para la ciudadanía o para quienes vienen del activismo, pero todos los centros sociales comparten una característica: no son del agrado de las élites que nos roban a diario y condenan a la juventud al paro, la precariedad o el exilio.

Y tienen otra cosa en común: han dado -y siguen dando- soporte a infinidad de proyectos que surgen desde abajo y que responden a las necesidades de los que se quedan fuera, a los anhelos de quienes no se resignan y actúan con el convencimiento de que nuestras ciudades y nuestros barrios pueden ser lugares donde no tengamos que pelear por sobrevivir y podamos vivir dignamente.

El movimiento feminista, ecologista o antimilitarista, y sus conquistas, habrían sido impensables sin centros sociales donde poder reunirse, guardar material, organizar charlas, debates y encuentros, donde financiarse y difundir sus actividades. Y el 15M no podía ser menos. El mayor estallido de movilización social en este país desde la Transición también encontró en los centros sociales la mejor base de operaciones posible. Antes de irrumpir en las plazas y en las calles, antes de ser tendencia día sí y día también en las redes y en el panorama político, las plataformas y colectivos que convocaron la manifestación del 15 de Mayo de 2011 se organizaron, entre otros muchos sitios, en centros sociales.

El Espacio Polivalente Autogestionado Patio Maravillas, donde Democracia Real Ya y Juventud SIN Futuro realizaban -y siguen realizando- sus asambleas, fue uno de ellos. Quizá a mucha gente no le suene este nombre pero el Patio Maravillas lleva más de siete años denunciando las injusticias, construyendo democracia y defendiendo los derechos sociales de las mayorías. Son siete años de alegrías por cada victoria obtenida y cada proyecto sacado adelante, siete años de derrotas y tristezas por cada golpe, literal y metafórico, recibido.

Tras el desalojo, en 2010, del edificio ubicado en la calle Acuerdo, el proyecto se trasladó a la calle Pez, a pocas manzanas de distancia en el barrio madrileño de Malasaña. A la mudanza se unieron las decenas de colectivos que ya en ese momento poblaban el Patio, lo dotaban de vida y acondicionaban el espacio para garantizar la seguridad de los usuarios y responder a las necesidades del barrio y de la ciudad en general.

Para muchos, el Patio Maravillas, junto a otros espacios, sigue siendo el centro neurálgico de la proliferación de proyectos que han surgido en torno a esa fecha clave en el imaginario político que es el 15M. Así podemos encontrarnos la asesoría laboral de la Oficina Precaria, las actividades de Yo Sí Sanidad Universal, las asambleas de No Somos Delito, reuniones de la Asamblea de Vivienda al mismo tiempo que encontramos proyectos de autoempleo o de difusión cultural y asambleas de los círculos de Podemos o de los grupos de trabajo de Ganemos Madrid. Como veis, vida no le falta.

A principios de este mes de octubre, resonó por los rincones de Madrid la #AlertaPatio: la nueva propiedad del edificio, la inmobiliaria Nivel29, ha interpuesto una demanda penal con la que pretende borrar de un plumazo esta incesante actividad. Quieren desalojarlo para, con la connivencia del Ayuntamiento, seguir imponiendo un modelo de ciudad que expulsa a los vecinos de sus barrios porque sólo está pensado para el turismo y las grandes fortunas.

En su Madrid sólo hay sitio para los de los sobres, las olimpiadas fallidas y los grandes casinos, por eso intentan cargarse proyectos colectivos llenos de alegría, ilusión y rebeldía como el Patio Maravillas. Quieren ignorar la labor social que desempeña y el apoyo ciudadano recabado durante años de actividad política. Ellos, tan alejados de nuestras vidas, no lo entienden pero, ¡ay de quién nos toque!

INVITACIÓN: El próximo 25 de Octubre, el Patio Maravillas invita a las buenas gentes de Madrid a una convocatoria para demostrar que si algo está en ruinas, lejos de ser el centro social, es el modelo de ciudad de la mafia que nos gobierna.

(*) Pablo Padilla es sociólogo y miembro de Juventud SIN Futuro y la Oficina Precaria.

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