Montoro: economía, impune, de la burla y el dolor

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Pedro Costa Morata *

Pedro-Costa-MorataQue es al dolor, la miseria y la desesperación a lo que nos lleva esta crisis y, sobre todo, la gestión que de ella vienen haciendo nuestros gobiernos y ministros económicos debe de ser, a estas alturas de la inanidad y del fracaso, el punto de referencia en el que anclar toda reflexión crítica; y, de forma relacionada, inquirir por qué es así y no de otra manera, y si es que no había posibilidad alguna de sortear el crash iniciado en 2007-2008 sin instalarnos en estos niveles de drama que, creyéndolos descartados, afectan sin embargo a gran parte de la población.

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Aunque, al tiempo, hay que preguntarse si es que los actores de esta gestión viven en realidad como tal drama el desempleo, la pobreza y la degradación generalizada de las condiciones de vida a que hemos ido llegando a cambio de las políticas de manotazos, recortes en logros y conquistas y promesas gratuitas sobre bienestares descartados. Más parece que no hay nada de eso: ni por extracción social ni por formación ni por vocación, los guionistas de la tragedia se muestran sensibles, comprometidos, competentes. La respuesta nos la da la frialdad de estos dirigentes cuando aluden a las miserias que nos envuelven: su discurso hueco y hasta burlón al responder sobre el desastre, las sonrisas insoportables con que suelen acompañar la argumentación defensiva, que viene a consistir en logros ilocalizables, cifras increíbles, ataques a discreción o alusiones a la herencia recibida…

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Tal, el ministro Montoro, don Cristóbal, que reúne muy bien en su personalidad, sus pompas y sus obras cuanto de negro tiene el momento. Que “España se ha situado a la cabeza del crecimiento en la UE” tiene tanto de tontería como de perfidia: no solamente porque el crecimiento no tiene por qué, en gran número de casos y situaciones, crear empleo, sepultando en nuestro caso –el de la “recuperación” que se viene atribuyendo el PP con sus políticas económicas antisociales– en el dolor y la humillación a una cifra de españoles como no se conocía desde la posguerra; sino y sobre todo porque ese crecimiento, por otra parte insignificante, es ahora mismo el indicador que encubre un sistema en proceso estricto y permanente de reformas por las que se perjudica a la mayoría de la población con la destrucción mantenida de empleo, el desempleo inamovible, el subempleo pujante, la contratación usuraria… Procacidades que, no obstante, no impiden a nuestros ministros proclamar que “estamos saliendo de la crisis económica”.

Que esto vaya acompañado de la salvación –inmerecida, discutible, innecesaria– de una banca rapaz a la que un Estado proclive y entregado ha destinado ingentes recursos (60.000 millones de euros, al menos) que podrían haber servido para contener y acortar el drama (sin dejar de atender los intereses legítimos de los afectados), completa el esquema e ilustra la estrategia de sufrimiento con la que el poder liberal ha manejado la catástrofe (tras provocarla). Por supuesto que saldremos de la crisis mucho más pobres que cuando entramos, y sin esperanza de recuperar el pasado, incluso habiéndonos quedado tan lejos de los estándares de nuestros vecinos en cuanto a lo que entendemos por “Estado de bienestar”; y que el sistema económico –banca, entidades especulativas múltiples, grandes inversores logreros y empresas privilegiadas– se habrá reforzado endureciéndose, para garantizarse un futuro de mayor prosperidad y seguridad, con menos sobresaltos.

El “cuatrienio negro” del PP habrá sido, pues, por encima de cualquier otro calificativo o enunciado, el cuatrienio de las políticas del dolor, obra de activos e inmorales agentes del cambio convencidos de que la economía revuelta es la oportunidad para proteger a los propios, debilitar a la mayoría fragilizada y agudizar las diferencias entre la pirámide y la base de la estructura social.

Es el dolor, este dolor del acoso de la pobreza y el atraso, lo que destaca en su obra Luis Martínez de Velasco, profesor de filosofía que dedica desde hace años sus esfuerzos a desmenuzar las perversiones de la economía liberal. En El espejismo de la economía. Análisis de una ciencia bajo sospecha (Editorial Fundamentos, 2014), este autor opta de forma destacada, para montar su análisis, por poner en evidencia esa antropología de combate del liberalismo que es aviesa, acientífica e interesada, y que se resume en el axioma de cuño 'hobbesiano' de que “el hombre es un lobo para el hombre”; y que el sistema asume para justificar sus agresiones y disimulos en los planos teórico y empírico, ignorando vehementemente el impulso solidario y compasivo, tan natural en los humanos, al menos, como pueda serlo el egoísta. Y en segundo lugar, apela al paradigma 'keynesiano', liberal pero rechazado y aborrecido por conservadores y neoliberales, para señalar (aparte de la honradez intelectual y política básica del destacado economista británico) la corrupción de las doctrinas neoclásica y marginalista, que han ido pujando tras la Segunda Guerra Mundial hasta conseguir el bloqueo de ese 'keynesianismo civilizado', sustituyéndolo por una barbarie doctrinal lanzada a la reconquista de la tasa de ganancia al precio –crisis y traumas al canto– que fuera necesario.

Montoro, que ya ejerció de ministro cuando su partido logró usufructuar el poder sin escrúpulos en 1996-2004, ha pasado de economista profesor, suponemos que clásico, a profesar una economía neoclásica revanchista y abalanzada sobre las oportunidades de la historia. En su regreso al Gobierno, cuando la crisis ha representado tan fielmente la fábula del zorro en el gallinero, nos persuade de que ignora casi todo sobre el buen hacer económico (que siempre cabe), optando por medidas de castigo para no conseguir ninguno de los objetivos que se le exige: mejora del empleo, mantenimiento del poder adquisitivo, perspectivas sociales despejadas… Nada puede aliviar su caricatura el que proceda de una universidad católica sino que más bien refuerza su tendencia a la exhibición sobrada de exultación hipócrita; y parece interesado en labrarse una imagen de personaje malvado, cuya sonrisa, contrahecha por el ejercicio, lacera y subleva.

Parece darle lo mismo mentir que disimular o calumniar, ciñéndose en la práctica a esa pauta neoliberal de culpabilizar a las víctimas de los desmanes que comete sobre ellas un poder –combinado por intereses económicos y agentes políticos– que para nada oculta su agresividad y vesania. Martínez de Velasco, en la obra citada, alude a que el resultado de la aplicación del esquema liberal, que relativiza cuanto tiene que ver con la decencia moral, “entroniza una absoluta falta de empatía para con nuestros semejantes y el resto de seres que habitan el planeta”.

Tal, sí, el ministro Montoro, don Cristóbal, que goza sin disimulos en su gestión errática, pero sobre todo cruel, en esta fase histórica de tan intensa depredación capitalista. Que en nombre de este sistema, triunfante sobre el dolor de tantos por el arte criminal de tan pocos, profese la burla para ocultar su desfachatez –con “los salarios suben, los impuestos bajan”, o “España empieza a asombrar al mundo”– no es lo de menos, y recuerda el acertado juicio que Keynes, cuya economía era moral a fuerza de sensata, emitía sobre las políticas consistentes en bajar los salarios para subir los beneficios, que atribuía a cabezas “injustas y estúpidas”.

(*) Pedro Costa Morata es ingeniero, sociólogo y periodista.
1 Comment
  1. pedro arencibia martin says

    señor.montoro.hoy dia 13 de nobiembre.acaba de desir que a los funcionarios.les ba a suvir la paga una cuarta parte.y alos pensionistas ni agua.a usted no le da VERGUENSA SUBIRLE A ESA POBRE GENTE NADA MÁS QUE UN.-O.%25.SAVE QUE LE DIGO QUE PARA LAS ELECCIONES BAN ATENER 8.5 MILLONES DE VOTOS MENOS O SEA QUE PERDERAN LAS ELECCIONES.POR CULPA SULLA SEÑOR MONTORO EL PP.PERDERA LOS PROCIMOS COMICIOS.Y SE LO DISE UNO QUE A SIDO VOTANTE DE USTEDES.ADIOS SEÑOR MONTORO LO UNICO QUE LE DIGO QUE ES UNA VERGUENSA TODO LO QUE ESTA PASANDO CON EL PP.ADIOS.Y ASTA SIENPRE.

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