El FMI enfría el optimismo de Rajoy en funciones

Alejandro_InurrietaLa reunión de primavera del FMI ha pillado a Rajoy y sus Ministros en funciones, y además en un proceso de descomposición por corrupción que cada vez es más insostenible.  Al Ministro De Guindos le habrán comunicado por Skype en Washington que tendrá que asumir las funciones también del macroministerio de Soria, quien se va a encargar de buscar los papeles de sus empresas offshore.

En este intervalo, y sin que el ejecutivo pueda llevar a cabo ninguna medida de calado, va a volver a elaborar un nuevo Plan de Estabilidad, por supuesto inventado, que le dejará como legado al nuevo inquilino de la Moncloa, que si nadie lo remedia, volverá a ser Rajoy. Este Plan de Estabilidad será simplemente un corta y pega de las previsiones que publica FUNCAS, ya de por sí adaptativas, ya que en España los sucesivos gobiernos son incapaces de prever por si mismos el cuadro macroeconómico de cada año, lo que dice muy poco de las élites administrativas económicas que rigen el Ministerio de Economía.

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Lo que nos ha dicho el FMI es que ya no vamos tan bien, aunque todavía sacamos pecho del liderazgo de crecimiento en la UE. Así, este año, todavía creceremos un 2,7%, en un alarde de optimismo teledirigido, frente al 3,0% anterior, lo cual a día de hoy esta nueva previsión deberá ser corregida a la baja otra vez cuando se elaboren los presupuestos de 2017. No hay que olvidar que nos han anunciado que deberemos ajustar el gasto en más de 10.000 millones de euros este año, aunque parece que habrá laxitud ante el temor, otra vez, a un vuelco electoral que pudiera tumbar la irracional política económica de Bruselas.

No hay que olvidar que España tiene que purgar la bola de deuda pública y privada que atesora, algo más de 400% del PIB  y que seguirá lastrando el crecimiento económico y que resulta coherente con la senda de crecimiento que dibuja el FMI hasta el año 2021, cuando se alcanzará un aumento del PIB del 1,6%, aunque previsiones a plazos tan largos son un ejercicio de simple voluntarismo. Pero la realidad económica que pinta el FMI es que la UE se aproxima a una era de estancamiento estructural de la economía, alrededor de una cifra cercana al 1,5%, lo que sin duda provocará que se cronifique el desempleo estructural en países como España, donde la tasa de paro a largo plazo no baja del 16%, lo que sin duda generará el éxodo de una buena parte del capital humano, y no permitirá cerrar la brecha del déficit, una sima en la situación social de muchas familias.

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El sistema financiero mundial, pero el europeo en general, adolece de los niveles de solvencia suficientes para aguantar un nuevo envite recesivo, como ya apuntada Aristóbulo de Juan en un reciente artículo en El País.  La realidad de la política económica de la UE es ha fracasado en su envite contra la  deflación, el crédito y el desempleo. La compra masiva de deuda inútil simplemente ha llenado el balance del BCE de basura financiera que nunca se podrá colocar a ningún inversor, y que no está teniendo ningún efecto en la economía real, más allá de mantener las primas de riesgo y los tipos de interés a largo plazo artificialmente bajos. Pero esta situación, además, esconde un maquillaje contable en las instituciones financieras que atesoran activos valorados de forma arbitraria y que permiten cumplir contablemente con los criterios de capital propio, pero cuya rentabilidad real y su riesgo, dista mucho de poder ser contemplados como una garantía de futuro.

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Si el sistema financiero está gripado, también es debido a que la economía real está completamente parada, ya que las cifras de comercio mundial y las tasas de inversión globales apuntan a un estancamiento generalizado, con sensibles caídas del crecimiento potencial en países claves, como EEUU, Japón o incluso Alemania. Por todo ello, cobra vital importancia que las instituciones multilaterales y los propios gobiernos fuesen honestos a la hora de llevar a cabo sus previsiones, pues todas ellas están infladas para que no se hunda el motor de la maquinaria: los mercados financieros que inyectan dosis de rentas a los incautos que todavía se creen las cotizaciones de las empresas en Bolsa o caen las redes de los vendedores de bonos públicos, bajo la promesa de que nunca quebrarán o que nunca perderán valor.

Pero cada vez es más difícil hacer creer a los agentes que las previsiones que presenta el FMI tienen algún valor, lo mismo que las que presentará De Guindos el martes con el nuevo cuadro macroeconómico para el periodo 2016-2018. El viento de cola que traía España, precios del crudo, turismo y tipos de interés, poco a poco se va agotando y nos encontraremos de bruces con la realidad económica de un país con el sistema financiero muy frágil, probablemente el más vulnerable,  junto al de Italia y Alemania, y un potencial de crecimiento cada vez más bajo. La crisis demográfica, de empleo y salarios que está lastrando nuestro sistema de pensiones, se agravará en los próximos ejercicios y si no se toman medidas drásticas de ingresos, entraremos en una espiral muy peligrosa.

España, al margen de estos factores, tiene problemas añadidos, como son la parálisis de la administración central en aspectos clave como la formación de parados, pero también regionales, como Andalucía, cuyo marasmo y retraso administrativo es colosal, lastrando una economía ya de por sí muy frágil y abandonada desde hace décadas. Por tanto, la rebaja de crecimiento para este año y el próximo no hace más que situar a España ante el espejo que se tendrán que mirar quienes ganen las próximas elecciones y si logran formar gobierno, tendrán dos opciones: o cumplen el déficit, con una entrada en recesión, o alargan la agonía y permiten sobrevivir un par de año más con la escasa inercia económica que nos queda.

El relato del PP de que España crece más que la media solo esconde un fracaso del que poco se habla. España es el único país de los grandes de la UE que no ha recuperado todo el crecimiento perdido, al menos el estadístico, desde 2008 hasta hoy. Lo mismo ocurre con el empleo, cuyas previsiones de creación de más de 900.000 puestos de trabajo en el próximo bienio, son simplemente hilarantes. El mejor termómetro es la recaudación de cotizaciones, que a pesar de la caída del desempleo en los dos últimos años, apenas ha crecido en 2000 millones de euros, cifras incompatibles con una creación significativa de empleo a tiempo completo con salarios dignos.

En resumen, prepárense para lo peor, porque los errores de previsión acumulados hasta la fecha, no serán nada con lo que vendrá tanto en 2016, como especialmente en 2017. Con en el comercio mundial parado, los países emergentes en serias dificultades y con un volumen de deuda impagable, lo que sin duda va a desencadenar una nueva crisis financiera de solvencia, lo publicado por el FMI y los retoques cosméticos que traten de hacer los funcionarios del Ministerio de Economía, no podrán esconder que España se encamina hacia un nuevo periodo largo de estancamiento económica y ralentización en la creación, incluso, del empleo basura que tanto gusta a los precursores y defensores de la reforma laboral, tan contestada en Francia donde todavía queda dignidad y sindicatos muy combativos.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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