Sí al Manifiesto Internacional de Economistas contra la austeridad

Alejandro_InurrietaLa visión tan pequeña, mezquina y provinciana que estamos percibiendo en esta campaña electoral en España ha dejado a un lado los graves problemas que acechan a la UE, algo que el Reino Unido va a sustanciar en un referéndum. Estos problemas ya se han manifestado y van a seguir ahí, gane quien gane la contienda electoral el próximo 26J. Tal vez por eso, conviene viajar un poco, como decía el clásico, para curar el nacionalismo de banderita que tanto aparece cada vez que hay una efeméride futbolística.

Dentro de este viaje hacia la inteligencia y hacia el sentido común, es imprescindible analizar si la actual arquitectura económica y política de la UE es sostenible en el tiempo y, si no es así, qué se podría hacer para modificarla. Escuchando a un eurodiputado conservador británico que hace campaña por el Brexit (salida del Reino Unido de la UE) sorprende la virulencia dialéctica contra los poderes fácticos que, a su juicio, dominan la UE: los bancos y las grandes multinacionales. Este discurso, otrora bandera de la mal llamada ultraizquierda, ahora lo enarbolan los conservadores que sin sectarismos ven la ruina política, económica y social que supone permanecer en este club tan déspota, ineficiente, anquilosado, insensible y hasta cierto punto, corrupto.

La manifestación más palmaria de esta incompetencia institucional ha sido la receta de política fiscal contracíclica en un momento de recesión de balances impuesta por Alemania, agencia de transmisión de la banca germana, muy infectada de productos financieros basura (subprime norteamericanas entre otras) y que ha desestabilizado a países enteros como Grecia, pero también España o Portugal. Esta toma de posición tan beligerante ha sido poco contestada desde la academia europea y también desde los partidos políticos tradicionales, como la socialdemocracia alemana u holandesa, que han seguido a pies juntillas las lecciones erróneas de Bruselas, quien, sin duda, ha llevado a la ruina a gran cantidad de consumidores, empresas y países, siempre bajo el paraguas de la consolidación fiscal.

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Tras estos años de plomo, la economía europea sigue en la UVI y así se mantendrá porque la herida es muy profunda. Más allá de dogmas sobre las bondades de la liberalización y desregulación, que se han demostrado falsos, no ha surgido ninguna corriente económica o política seria para contrarrestar el discurso oficial que ha permitido este enorme trasvase de rentas desde los percentiles bajos y medios hacia los más elevados. Este movimiento, sin duda, explica la enorme desigualdad existente hoy en la UE y las crecientes tasas de pobreza relativa que asolan a enormes zonas de España, Italia, Grecia o Rumanía y Bulgaria.

El caso de Grecia es paradigmático y hoy es objeto de burla y desprecio por parte de los dos grandes partidos en España. Los que causaron la ruina en Grecia (Nueva Democracia y Pasok) hoy echan en cara a Tsipras que haya tenido que hacer todo lo que le ha impuesto Bruselas y el FMI a Grecia, curiosamente lo mismo que ellos habrían implementado al día siguiente, si el pueblo griego les hubiese votado otra vez. Ahora, el desencanto social recorre Europa, ya que se constata que bajo el paraguas del lobby bancario germano y centroeuropeo, así como el poder omnímodo e insaciable de las grandes multinacionales, los nuevos tratados de comercio TTIP, y otros, harán posible la entrada de nuevos operadores que gestionarán de forma privada el último reducto del Estado del Bienestar público: sanidad, servicios sociales y educación.

Frente a la idea de que no hay nada que hacer, un grupo de economistas diversos, en muchos casos sin adscripción política, pero con enorme prestigio como Galbraith hijo o Pikkety, han dado un paso para despertar una conciencia crítica frente a la inacción actual y presentar una alternativa, al menos teórica, sobre otra política económica es posible. Más allá de quien capitalice políticamente este manifiesto, en España también se han puesto en marcha tibios mecanismos universitarios para demostrar que no hay una única política económica posible, sino que es factible, y deseable, un cambio drástico. Es cierto, que todo cambio de política pasa por un nuevo enfoque de la UE, lo que en esencia supondría un proceso constituyente que necesitaría del concurso de todas las fuerzas políticas y sociales que quieren cambiar, de verdad, este sinsentido en el que se ha convertido Europa.

Por esa razón, hemos dado el paso muchos economistas no adscritos a ninguna fuerza política, pero que estamos comprometidos con la revolución pendiente en la UE: romper el monopolio de la financiarización de la economía y dar paso a una nueva economía real sin corsés de los lobbys que habitan en Bruselas y que redunde en una mejora de la producción, de las condiciones laborales y con una visión mucho más social que apoye al ciudadano y a la empresa que produce y no al rentista y monopolista que está ahogando la propia libertad económica real. Pero, al mismo tiempo, esta nueva política tendrá que velar porque el drama de los refugiados no se vuelva a producir y que, por tanto, Europa vuelva a ser tierra de acogida, solidaridad y productividad real, fruto del esfuerzo inversor en I+D, en relaciones laborales justas y en unas instituciones que representen a los ciudadanos y no a grupos de poder que hoy se están riendo de todos los europeos.

Por todo ello y para poder decir a mis hijos que se intentó, este manifiesto al menos trata de despertar conciencias libres, donde antes había resignación. Si tenemos que ser objeto de escrutinio mediático, bienvenido sea; al menos, algún adepto a la causa del multilateralismo  habremos ganado. Otros se quedarán en lo mezquino y en el miedo a que vienen los malos. Pero yo ya estoy muy mayor para tanta estupidez.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.