Vistalegre II ha muerto

  • El actual contexto político y la estrategia de Podemos distan mucho de lo aprobado en la Asamblea Ciudadana de 2017

“Cuando fuimos los mejores, los bares no se cerraban cada noche en firme, a la hora señalada. Cuando fuimos los mejores, las camareras nos mostraban la mejor de sus sonrisas en copas llenas de arrogancia. Cuando fuimos los mejores, nuestro otro yo nos acechaba, mercaderes de deseos, habitantes de la nada”. Loquillo y los Trogloditas publicaban en el año 2006 el álbum Hermanos de sangre en el que incluían este himno a la amistad, a la añoranza de que cualquiera tiempo pasado fue mejor: Cuando fuimos los mejores.

Desde que, ya de noche, cuando algunos bares a punto estaban de cerrar, los resultados de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del domingo se iban conociendo, Twitter se ha convertido en un hervidero. Esa generación que hace cinco años se consagraba como adalid de la nueva política, insignia de acercar las proclamas de las plazas durante el 15-M a las instituciones, aquellas que se tomaban por asalto, entonces, cuando fuimos los mejores, se arremangaba para iniciar un debate en redes sociales, un debate que en realidad nunca ha parado, y hacer públicas las divergencias, los “te lo dije”, los “ya sabía yo que iba a pasar esto”. Palomitas: en cualquier momento llega la lección más sesuda del politólogo de turno, con varita mágica, que analice, quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos… Con permiso de Siniestro Total.

La vieja nueva política, en todo lo suyo, carga munición para las batallas dialécticas de los próximos meses, para esto que se ha de llamar “la reconfiguración de la izquierda”, una vez que los resultados han sido catastróficos para Podemos. Para IU. Para Unidas Podemos. Las voces críticas que, en cinco años, se han multiplicado contra la dirección de Pablo Iglesias por fascículos y por escalones, son conscientes de una evidencia. Ha llegado el momento tantas veces anunciado. Ahora sí, se inicia un nuevo ciclo político. ¡Aquí fue Troya!

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Podemos ha obtenido unos resultados muy negativos. Muchos focos iluminan el proscenio, esperando que Iglesias recite un emotivo monólogo final. No ha sido así, el secretario general asegura que le queda tarea para rato. Primero, ayer, en rueda de prensa abierta a todos los medios de comunicación, 10 minutos, después, en charla distendida en La Sexta, bastante más larga, Iglesias asegura que hace falta autocrítica, pero que sigue con sus planes: intentar formar gobiernos de coalición con el PSOE en cualquier nivel de la administración que sea posible. Ahora se dice así, en palabras del líder morado: “Necesidad de configurar un bloque de gobernabilidad progresista”.

En diferentes ciudades, Unidas Podemos (o derivados) puede ser una fuerza necesaria para que el PSOE llegue a las alcaldías y evitar gobiernos de derechas y ultraderechas. En comunidades autónomas, también: Canarias, Baleares, Comunidad Valenciana, La Rioja… Lancha de salvamento ante el hundimiento de la formación morada en la mayor parte de las regiones. 20 diputados se esfuman en Madrid, donde Más Madrid se ha quedado con el gato al agua de las izquierdas del PSOE. Pierde los dos diputados en las Cortes de Castilla-La Mancha, donde José García Molina era, hasta hace poco, vicepresidente segundo de la Junta y el representante público de mayor rango de Podemos, ejemplo de: “Allá donde gobernamos, gobernamos mejor”. La ciudadanía castellano-manchega ha puesto nota: suspenso. García Molina dimite fulminado la misma noche electoral.

Castilla y León, Extremadura, Asturias, Aragón, Baleares, Cantabria, Canarias, Navarra, Asturias, La Rioja. La sangría de votos y diputados autonómicos es patente en todo el territorio. También en los ayuntamientos del cambio. Se pierde Madrid, Barcelona, Zaragoza, Ferrol, Santiago, A Coruña… La relación con Iglesias de los alcaldes del cambio había empeorado desde hace tiempo, tan solo hizo campaña en Barcelona y Ferrol.

Queda Cádiz. José María González ‘Kichi’, el anticapitalista, se convierte en el alcalde de Podemos. Casi consigue la mayoría absoluta. Kichi, precisamente, se muestra crítico con la estrategia de Iglesias y apuesta por un “gobierno a la portuguesa” en el que Podemos, desde el Congreso, llegue a acuerdos programáticos con Pedro Sánchez, pero desde fuera del gobierno, manteniéndose en la oposición.

Iglesias reconoce “una mala implantación territorial” de Podemos. Todas las miradas, en este sentido, hacia la Secretaría de Organización que regenta Pablo Echenique. Las voces críticas se empiezan a escuchar; los periodistas temen que las izquierdas no den tregua y les dé por solucionar “la reconfiguración del espacio ante el nuevo ciclo político” en pleno periodo estival.

Desde Andalucía, la formación liderada por Teresa Rodríguez, tan criticada tras los resultados del 2-D, se hace fuerte, pues el porcentaje de voto obtenido entonces es superior a los obtenidos este domingo en las autonómicas. Andalucía recuerda: no gobernar con el PSOE. El fantasma Castilla-La Mancha no recorre los pasillos de Princesa. Y ponen como ejemplo al Bloco de Esquerda de Portugal que, siguiendo esta estrategia, ha subido en las elecciones europeas.

Pero la estrategia de la dirección es la que es, la que viene defendiendo desde hace meses: buscar un gobierno de coalición con el PSOE. Sánchez e Iglesias tienen la línea de comunicación abierta, tal y como ha reconocido el segundo: hablaron hasta el pasado sábado, jornada de reflexión. Iglesias es consciente de que, tras los últimos comicios, Unidas Podemos queda debilitada en las negociaciones de gobierno, pero apela a que la correlación de fuerzas a nivel estatal se expresan en el Congreso, y no en parlamentos autonómicos o ayuntamientos. “No pediremos más de lo que nos toque”, aseguran.

Las negociaciones entre fuerzas políticas para establecer la gobernabilidad a distintos niveles están interrelacionadas. Sánchez aspira a gobernar solo, pero también arrojaba ayer un recado a Albert Rivera: que los naranjas levanten los cordones sanitarios. PSOE y Ciudadanos podrían llegar a algunos acuerdos territoriales para dejar fuera a la ultraderecha de Vox, y eso podría afectar a la gobernabilidad del Estado. Las miradas puestas en la Comunidad de Madrid, Gabilondo, claro vencedor, cuchichea con Ciudadanos.

Iglesias confía en que el acuerdo llegado tras las elecciones generales de abril para constituir la Mesa del Congreso entre socialistas y Unidas Podemos puede ser buen ejemplo de entendimiento entre ambas fuerzas, así como los meses previos a las elecciones, desde la moción de censura de hace un año, periodo durante el cual Gobierno y Unidas Podemos desarrollaron un acuerdo que iba más allá de lo presupuestario que permitió llevar a cabo medidas de calado social, como la subida a 900 euros del SMI.

“Hay que hacer autocrítica”, asegura Iglesias, tras el varapalo de este domingo. Para ello, informa de que convocará un Consejo Ciudadano Estatal en las próximas fechas. Hay voces que señalan, sin embargo, a que hace falta un Vistalegre III, una Asamblea Ciudadana que revise los postulados de Podemos para el nuevo ciclo político. Desde Podemos Andalucía, por su parte, ven insuficiente abrir ese debate solo a los consejeros ciudadanos. Reclaman un debate que baje a las bases y no se limite a una consulta ciudadana, un referéndum interno telemático.

Y es que un repaso del documento político vencedor de la Asamblea celebrada en febrero de 2017, la que se hizo llamar Vistalegre II y que revalidó a Iglesias al frente de Podemos, evidencia el cambio de rumbo de la política española, sometida durante los últimos años a un ritmo y estrés vertiginoso y demuestra que está desfasado. La actual estrategia política que defiende hoy la dirección y la defendida hace más de dos años en la antigua plaza de toros de Carabanchel dista mucho. El momento político es distinto. En el cónclave morado, una de las diferencias entre los proyectos de Iglesias y Errejón era la proximidad al PSOE, el segundo mucho más favorable.

Desde antes de la moción de censura, Iglesias ya era partidario de un cambio de estrategia con respecto al PSOE y de entrar en gobiernos compartidos, sin embargo, fue la moción que despidió a Mariano Rajoy de la Moncloa y saludó a Sánchez el momento en el que esa línea se subrayó con permanente: Podemos ofreció entrar al ejecutivo que sustituía al del PP, Sánchez prefirió gobernar en solitario. Iglesias demostró su habilidad como parlamentario, convirtiéndose en uno de los mayores artífices de una mayoría alternativa, encaje de bolillos, para echar a la derecha del poder ejecutivo.

Más tarde, llegó el acuerdo de presupuestos en el que ambas fuerzas parlamentarias demostraron buen entendimiento. Presupuestos que no se materializaron, tras la negativa de los independentistas, entre otros grupos, a votar a favor, lo que anticipó las elecciones generales al pasado 28 de abril. Iglesias demostró, no obstante, su capacidad de interlocución con la pluralidad de la Cámara e intentó que saliera ese acuerdo presupuestario por encima de todas las cosas. Capacidad de interlocución que le llevó hasta la prisión de Lledoners, donde los presos políticos independentistas esperaban el inicio del juicio que hoy, a falta de pocos días de finalización, se celebra en el Tribunal Supremo.

La muerte de Vistalegre II

El propio título del documento político defendido por Iglesias en el cónclave de 2017 evidencia que ha quedado desfasado: Plan 2020: ganar al PP y gobernar España. La estrategia para ganar las elecciones generales previstas para 2020, algo truncado por la moción de censura y el adelanto electoral de Sánchez, pasaba por generar un “bloque social y político alternativo en nuestro país” que hiciera frente a “la triple alianza”, constituida por PP, Ciudadanos y, curiosamente, PSOE, con quien ahora pretenden gobernar.

Temporalmente, antes de las elecciones generales del 2020, para Podemos estaba en la hoja de ruta tomar posesiones en el ámbito autonómico en 2019, es decir, en las elecciones que acaban de ocurrir. “Comenzaremos ese camino con victorias autonómicas en 2019 para, al año siguiente, ganar las próximas elecciones generales”, rezaba el documento político. A la vista está que la previsión no se ha cumplido. “En 2019 tenemos que conseguir que Podemos y nuestros aliados estén presentes en todos los Ayuntamientos de nuestro país y en el Gobierno de varias autonomías”, sin embargo, se han perdido posiciones. En lo municipal, Podemos no se presentó en 2015 como fuerza municipal, sí que participó en distintas confluencias, que han perdido los ayuntamientos clave.

Las elecciones generales se adelantaron a las autonómicas y municipales. Aun así, según reconocía el texto aprobado: “El objetivo político es tejer una red de contrapoderes de base que anude las luchas sociales, para contribuir a generar un nuevo sentido común mayoritario como condición de posibilidad para un impulso constituyente. Y pensar las próximas elecciones generales como un momento constituyente”, los resultados de los comicios de abril situaron a Unidas Podemos como cuarta fuerza política en el Congreso, con el sorpasso de Ciudadanos.

También se ponía deberes organizativos Podemos en aquel ya lejano Vistalegre II. “Hacer de los círculos, de los espacios de trabajo y de los órganos, espacios más acogedores, más divertidos, más femeninos y más eficaces”, sin embargo, los círculos de Podemos cada vez han tenido menos presencia en la toma de decisiones de la organización y numerosas han sido las críticas de algunas personas integrantes. La participación en los mismos, ha menguado notoriamente.

En la misma línea relativa a las tareas organizativas, los de Iglesias reconocían, del pasado, “que en ocasiones nos hemos parecido en exceso a los viejos partidos a los que tanto hemos criticado. Hemos padecido diferencias que se han enquistado, discusiones entre personas y no siempre en torno a propuestas tan diferentes, debates en los medios que deberían haberse dado en otros espacios, y dificultades de funcionamiento de las Comisiones de Garantías Democráticas”. “Nos hemos parecido demasiado a los viejos partidos”, un error que Iglesias volvió a reconocer dos años después tras su reaparición después de su baja por paternidad en un acto junto al Museo Reina Sofía. Por otro lado, la Comisión de Garantías Democráticas también ha recibido distintas críticas reiterativamente.

En el mismo documento, se reconocía la necesidad de convertir Podemos en “una organización descentralizada y plurinacional”. Para conseguir esto, entre otras propuestas, figura que “la decisión sobre cómo acudir a las siguientes elecciones municipales y autonómicas se tome de manera soberana en cada territorio por parte de la correspondiente Asamblea Ciudadana”. Todavía resuena la bronca entre la dirección estatal de Podemos y la andaluza por presentarse a los comicios de diciembre bajo la marca Adelante Andalucía.

Aquel documento político se impuso durante el proceso congresual de 2017 con un 50,78% de los apoyos, frente al 33,68% que consiguió el documento Recuperar la ilusión, del sector de Íñigo Errejón, y el 13,11% de Podemos en Movimiento, apoyado por Anticapitalistas. En total, en la votación, se recogieron un total de 155.190 votos. Un nivel de participación nada desdeñable.

Una apisonadora ha pasado por el panorama político español desde entonces. Todo ha cambiado, como si de un remake de la canción de Mercedes Sosa se tratara. El documento que resultó elegido en la última Asamblea Ciudadana de Podemos, a la vista está, está desfasado. La dirección ya no puede seguir esa hoja de ruta por motivos diversos: desde el incumplimiento de algunas de las promesas a nivel interno, hasta las circunstancias políticas estatales impredecibles en aquel contexto. Se puede decir: Vistalegre II ha muerto. La estrategia que, tras los resultados de estas elecciones, siga la dirección de Podemos difícilmente se puede ver reflejada en la decisión de los inscritos.

Continúa el debate en redes sociales. Los artículos de análisis y de opinión se suceden, las tertulias hablan del fiasco de Unidas Podemos. Los trastos rebotan, de cabeza en cabeza. Algunos piden un Vistalegre III. Otros, un debate profundo. Unos ven en los malos resultados electorales, la posibilidad de refundar a izquierda. Errejón anuncia el nacimiento de “una nueva izquierda”, sorprendentemente. “Cuando fuimos los mejores y la vida no se pagaba, en todas las esquinas nuestra juventud se suicidaba”, termina, Loquillo, su canción.