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Lo que nos preocupa y nos ocupa

  • "En el origen de este contrato social las mujeres estuvimos excluidas"
  • "La mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres está ligada inevitablemente a la ruptura del contrato sexual del patriarcado"
  • " Debe ser un objetivo primordial del sindicato poner los recursos necesarios para apoyar los procesos de negociación de los planes de igualdad"

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Firman este artículo, las sindicalistas: Paloma López Bermejo, Eloísa Gómez Gutiérrez, Raquel Hinojosa Carracero, Teresa Fernández Centeno, Begoña Molina Casasola, Tania Sánchez Aceña, Olena Podzolkina, Alba López Mendiola y María Antonina Araque

En las sociedades modernas se produjo una distribución social del trabajo amparada en lo que hemos venido llamando “contrato social”. Este contrato se ha ido modificando para hacerse relativamente más justo gracias, entre otros, al movimiento obrero.

En el origen de este contrato social las mujeres estuvimos excluidas, como explica la crítica feminista, sobre todo Carole Pateman con su concepto de "contrato sexual". Cuando se desarrollan las sociedades modernas, se establece un contrato social que ha interiorizado previamente un contrato sexual que distingue entre dos espacios: el espacio público, donde operan los derechos y la universalidad, en el que están los hombres; y el espacio privado o doméstico, al que por naturaleza pertenecen las mujeres.

Esto da lugar a una distribución del trabajo de cuidados y atención que al estar fuera de la esfera pública, porque no fueron sectores profesionales hasta hace muy poco, ha estado marginada de la valoración social y política. El mérito se da en el espacio público, en el privado, reservado a las mujeres, lo que se da es la naturaleza cuidadora de la mujer.

Cuando estos trabajos, primero domésticos, pasan a ser sectores laborales, entran a la esfera de lo público con toda la carga que arrastran como consecuencia del contrato sexual. Así, la precariedad y la segregación laboral en estos sectores están íntimamente ligadas a la lógica que valora de forma distinta lo público y lo “doméstico”, lo productivo y los cuidados. La mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres está ligada inevitablemente a la ruptura del contrato sexual del patriarcado, y a una pelea global por la igualdad dentro y fuera de las empresas.

Para el sindicato, la agenda feminista es una cuestión de justicia, pero también estratégica. Casi la mitad de nuestra afiliación somos mujeres. El feminismo tiene una capacidad enorme de movilización, si las mujeres trabajadoras la aprovechamos para dar un impulso a las reivindicaciones laborales que articulamos los sindicatos puede suponer la mayor política de clases desde el sistema público de pensiones.

En esta pelea global el sindicato tiene un instrumento fundamental, los planes de igualdad, que tienen naturaleza de convenio colectivo. Negociar los planes de igualdad requiere, entre otros, un cambio “cultural” por parte de  las empresas, que tienen que facilitar toda la información para poder abordar la negociación: datos de selección y contratación, formación, representación /infrarrepresentación femenina, salud laboral, retribución, datos extrasalariales, pluses, violencia en el trabajo, acoso, etc. Nos proporcionan un amplio paraguas de conocimiento que también nos debe de servir de apoyo para la negociación colectiva.

Además, los planes de igualdad establecen la evaluación y el seguimiento para saber si se alcanzan los objetivos previstos, como por ejemplo reducir la brecha salarial. La negociación de los planes de igualdad debe ir también acompañada de procesos de movilización y ejercer presión sobre aquellas empresas que no cumplan con su establecimiento o su cumplimiento.

Las administraciones públicas, incluidos los ayuntamientos, deberían ser las primeras en cumplir con la ley y establecer sus planes de igualdad. Debe ser un objetivo primordial del sindicato poner los recursos necesarios para apoyar los procesos de negociación de los planes de igualdad. Los planes de igualdad y la negociación colectiva son también ámbitos donde se mejoran las condiciones para las mujeres víctimas de violencia de género.

Son muchos los temas que debemos abordar desde la perspectiva de las mujeres trabajadoras y, para ello, queremos impulsar espacios de mujeres, abiertos y permanentes donde debatir, coordinar el trabajo y elaborar las propuestas. Alcanzar la igualdad en el plano de las relaciones económicas y laborales tiene un impacto directo en nuestros derechos como mujeres y es la condición para una sociedad más democrática e inclusiva.

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