Los motivos de Sánchez para mantener la legislatura

  • Una razón de peso es interna. Quiere que las elecciones sean lo más tardías que le sea posible porque además de mantener el poder, pretende utilizarlo para hacer un PSOE a su medida
  • Otra razón de peso es que los Presupuestos Generales del año que viene no le preocupan tanto como quieren hacer ver sus adversarios del PP y Ciudadanos

Pedro Sánchez sigue en sus trece. Los suyos aseguran que su plan es aguantar toda la legislatura, hasta el 2020 o, cuando menos, el otoño de 2019. El presidente no quiere un adelanto electoral. Y no solo porque fue lo que pactó para la moción de censura y la consiguiente investidura con Podemos, ERC, PNV e incluso el Grupo Parlamentario del PDeCAT en Madrid (acordó que solo se celebrarán pasadas las autonómicas, municipales y europeas de mayo y todos siguen en la misma idea, salvo Carles Puigdemont). Tiene, sin duda, varias razones más, de peso, para no hacerlo.

Aunque el propio presidente del Gobierno, fracturando su propio criterio de que debe decir siempre que aguantará la legislatura para que no le tomen por el pito del sereno, declaró hace unos días en Nueva York, antes incluso de que Quim Torra le lanzase su fallido ultimátum en el debate de política general del Parlament, que si el independentismo “prioriza el conflicto en lugar de la cooperación, la legislatura está acabada e iremos a elecciones”, sigue manteniendo sus planes de convocar las generales “lo más tarde posible”.

Una razón de peso es interna. Quiere que las elecciones sean lo más tardías que le sea posible porque además de mantener el poder –que disfruta más que un niño con zapatos nuevos–, pretende utilizarlo para hacer un PSOE a su medida, barriendo en la medida de sus posibilidades a los barones críticos como Susana Díaz, Ximo Puig o Emiliano García-Page a quienes, por ejemplo, les ha colocado delegados del Gobierno suyos que sostienen pulsos políticos con ellos sin recato. Incluso en la gestión autonómica, cuyas mejoras pretenden hacer ver que llegan de Madrid, gracias a Sánchez. O, por ejemplo, no consultándoles los nombramientos de responsables territoriales de la nueva RTVE, como le habían pedido que hiciese pensando en las autonómicas y municipales de mayo.

El hecho de que el lunes pasado se pusiera en marcha el equipo electoral de Ferraz ha sido una de las razones exhibidas por quienes pensaban que las generales podían coincidir con las autonómicas de Andalucía, que todavía pueden celebrarse a primeros de diciembre, sin descartar enero. Pero esa puesta en marcha del aparato, estrechamente vinculado al Ejecutivo por Iván Redondo –el hombre plenipotenciario del presidente en La Moncloa-, que conlleva ir haciendo desde ya encuestas electorales propias que sirvan a la estrategia del partido, no tiene nada que ver con Susana Díaz, quien lleva desde principios de año elaborando su propia estrategia hasta el punto de haber reservado vallas electorales para el próximo trimestre, lo que puso en alerta desde entonces a Mariano Rajoy y sigue teniendo muy en cuenta Pablo Casado para tener preparada su respuesta.

Cuando María Jesús Montero, la ministra de Economía, asegura casi al cien por cien que los comicios andaluces no coincidirán, sabe de lo que habla. No en vano es una ministra colocada en el Consejo de Ministros por acuerdo mutuo entre Díaz y Sánchez, dentro de la cuota andaluza de poder central. Y lo expresado por Puig tras verse el jueves con el presidente va en la misma línea de descartar cualquier veleidad de zig-zags en la estrategia general de comicios para el 19. Incluso en lo que le afecta al propio Puig, quien no descartaba adelantar sus comicios autonómicos junto a los andaluces para controlar el proceso frente a los embates “fraternales” del secretario de Organización, el también valenciano José Luís Ábalos a quien ayudó a forjar su carrera imponiéndole como secretario general valenciano tiempo atrás contra el criterio de sus allegados, que desconfiaban de él, y la presión de Mónica Oltra, la líder de Compromís y segunda suya en el Ejecutivo valenciano.

Otra razón de peso es que los Presupuestos Generales del año que viene no le preocupan tanto como quieren hacer ver sus adversarios del PP y Ciudadanos porque –como ya adelantamos en una crónica anterior– se prorrogan automáticamente el próximo uno de enero y considera que los de este año no son malos. No en vano, los hizo algo expansivos pensando en repartir inversiones de cara a las elecciones de mayo. Si acaso, al líder socialista le fastidia no contar con la subida del techo de gasto en 5.000 millones que destinaría a contentar a Podemos abordando inversiones en política social, que es el debate que le está boicoteando el PP con su mayoría absoluta en el Senado. Le basta con hacer variar aquellas partidas que la ley le permite (no puede cambiar los contratos, por ejemplo, de Defensa o los de inversiones en infraestructuras) para destinar a temas sociales partidas que ahora se destinan a otros sectores.

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En realidad, no abordar en serio unos futuros Presupuestos es algo que le conviene al PSOE para no colocarse en la tesitura de tener que votar (otra cosa son las declaraciones que se lleva el viento, la espuma de los días en que se mueve lamentablemente la política española) medidas que descontenten a derecha o izquierda. Y más sabiendo, como sabe, que necesita todos los votos. Por ejemplo, los del PDeCAT y los de Podemos a la vez. Y que las posiciones de esos dos partidos son irreconciliables. Al menos en Madrid. Porque en Catalunya, donde ya se ha descartado a la CUP para sumar los votos necesarios de los Presupuestos catalanes para el año que viene, la clave está en el PSC y En Comú Podem. Otro tipo de apuesta.

Finalmente, sigue viva la tercera razón de peso, aunque ya no colee tanto como cuando se llevó a cabo la moción de censura contra Rajoy: la de pararle los pies a Ciudadanos y Albert Rivera. Un dirigente del PDeCAT lo definía muy bien hace unos días: “No debemos olvidar que el perdedor fue Rajoy, pero el gran derrotado por la moción de censura fue Rivera”.

En esa estrategia coinciden PSOE, PNV, ERC, el PEdCAT y todos los que apoyaron a Sánchez, incluido el propio PP de Casado. Todos piensan que cuanto más se retrasen las generales, más tocado quedará Rivera. Y estiman que es lo mejor para sus intereses. Un argumento de peso frente al temor del ascenso del auténtico populismo que representa Cs, dicen en privado.

Incluso en el PP piensan que, aunque hubiese adelanto electoral, Sánchez puede aguantar hasta marzo sin problemas. Pero aunque no aprobase ni una sola ley, que más de una sacará adelante, salvo catástrofe inesperada, lo más razonable es que deje pasar las elecciones europeas, municipales y autonómicas de mayo. Lo veremos.