‘San Andrés’: guión, actores, director… todo catastrófico

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Cartel promocional de ‘San Andrés’.

¿Qué sería del verano sin sus imágenes de atascos, playas atestadas, termómetros disparándose, sin esos trascendentales reportajes televisivos sobre el calor que hace y, por supuesto, sin su peli de catástrofes? Este año toca la falla de San Andrés, que se va al carajo y genera en California (ya saben que, junto a New York y Washington, todo lo chungo siempre pasa allí) un devastador terremoto de magnitud 9. Y esto es todo lo que les espera: un cachas, dos horas de metraje, aire acondicionado, refresco, gafas 3D y edificios desmoronándose. Hay que gente que llama a eso entretenimiento.

El cine de catástrofes es un género eminentemente veraniego. Recuerdo que la primera película de este estilo que me marcó fue La aventura del Poseidón, estrenada un año antes de que yo naciera, con un repartazo de los de entonces y con Gene Hackman haciendo de cura. La vi muy pequeño y recuerdo poco de ella, pero sí de pasarlo mal. Más que con la ola gigante, con la cantidad de gente que moría achicharrada.

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El género catastrófico, de tan simple y repetitivo que es, tiene dos argumentos básicos: la catástrofe producida por la naturaleza o la catástrofe producida por la ambición o la idiotez humana. Ejemplos de la primera: terremotos, inundaciones, tornados, meteoritos, volcanes, animales asesinos… En este tipo de argumentos podemos meter ataques extraterrestres. Ejemplos de la segunda: rascacielos, trenes, aviones… que se van al garete. En este tipo de argumentos podemos meter catástrofes nucleares y bichos convertidos en monstruos manipulados genéticamente. A veces los dos argumentos se juntan en una sola película, por ejemplo en Titanic, que junta la arrogancia humana que se topa con la naturaleza en forma de iceberg muy tocho.

Las pelis de catástrofes llevan décadas entre nosotros, es un género que lleva ahí casi desde los inicios del cine. Y aunque es caro, los productores (los estudios) lo adoran especialmente. La primera reseñable es San Francisco, de 1936, Chicago y Huracán sobre la isla, las dos de 1937, y Huracán, de 1939. En los cincuenta destacó El hundimiento del Titanic, de 1953, y la mítica Cuando ruge la marabunta, del 54. Ese mismo año se estrenaba en Japón un nombre clave para el género: Gozdilla.

Pero realmente fueron los setenta los que vivieron el gran boom de las pelis de catástrofes. Fue gracias a un nombre fundamental: Irwin Allen, apodado “el maestro del desastre”. De él son, entre otras, la citada La aventura del Poseidón y El coloso en llamas, uno de los films de catástrofes más entretenidos y, desde luego, con mejor reparto de la historia.

De los setenta también son toda las saga Aeropuerto (que derivó en sus tronchantes parodias ochenteras), Hindenburg, Terremoto, El puente de Casandra, El enjambre y Meteoro, todas ellas con repartos de campanillas. En esta era dorada del cine de desastres nacen también dos película magistrales que sí pasan con nota a la historia del cine: El último hombre vivo y La amenaza de Andrómeda.

Pero tras la resaca de éxitos de los setenta, en los ochenta el género decae completamente y no trae nada reseñable a excepción, quizás, de El día después, film entretenido sobre una hecatombe nuclear y protagonizado con esmero por el gran Jason Robards.

En los noventa el género renace gracias a otro nombre clave: Roland Emmerich, padre de bodrios como Indepencende Day, Godzilla, El día de mañana y 2012. Amenaza ahora con Independence Day: Resurgence. También de los noventa son títulos tan olvidables como Deep Impact, Armageddon y Deep Blue Sea.

En los 2000 el género se renueva con una película tan brillante como La guerra de los mundos, de Spielberg, y también es la década de Twister, Un pueblo llamado Dante´s Peak, Volcano y Estallido.

¿Y qué pasa con San Andrés, el estreno de este fin de semana? Pues que es una caca. La película no tiene guión, es más de lo mismo. Peor que eso: es la nada. Y encima nos la endiñan con un reaccionario y vomitivo discurso familiar. El prota, un chuletón de Ávila apodado «La roca» y que en la peli es un valeroso piloto de helicóptero, ha sido abandonado por su mujer, que a su vez se ha liado con un poderosos ejecutivo. ¿Adivinan lo que pasará? Al llegar el terremoto el ejecutivo demostrará lo mierda que es y el tremendo error que ha cometido la díscola señora abandonando a «La roca». Y todo en ese plan y con el pobre Paul Giamatti haciendo de científico.

Mala, previsible y aburrida. No me la alquilaba ni en un día de resaca.

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