Cómo se hicieron los más famosos inicios de película (II)

  • Retomamos, y cerramos, nuestra lista de los mejores inicios de película de la historia con célebres films de realizadores como Blake Edwards, Franklin J. Schaffner, Stanley Kubrick, Woody Allen, Bob Fosse, Terry Jones o David Lynch
  • El de ‘Patton’ es uno de los inicios más legendarios del cine y está resuelto con muy pocos planos. El guion es de Francis Ford Coppola

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Retomamos, y cerramos, nuestra lista de los mejores inicios de película de la historia con célebres films de realizadores como Blake Edwards, Franklin J. Schaffner, Stanley Kubrick, Woody Allen, Bob Fosse, Terry Jones, David Lynch, Robert Altman, Martin Scorsese, Quentin Tarantino, Pete Docter y Bob Peterson.

Desayuno con diamantes (1961): Hollywood convirtió una buena y breve novela de Truman Capote en un producto lleno de glamour. El libro es mucho más soez, con expresiones como “boyera repugnante, marimacho ridículo” o amigas de la protagonista (chica de compañía) que “han tenido gonorrea tantas veces que ya han perdido la cuenta”. Lo más demencial es que el film, de Blake Edwards, usa la joyería más famosa del mundo como ejemplo de los problemas psiquiátricos de la protagonista: “A veces me da por tragarme frascos de Seconal o por ir a Tiffany´s”. Eso Hollywood lo convirtió en algo estiloso y hordas de turistas acabaron haciéndose fotos o comprado algo en Tiffany's, que abrió sus puertas un domingo por primera vez desde el siglo XIX para rodar parte de la película dentro de la tienda.

El famoso tema principal del film, Moon River, del gran Henry Mancini, se iba a llamar Blue River, pero su letrista, Johnny Mercer, recordó que ya había una canción anterior con ese nombre escrita por un amigo suyo.

Patton (1967): la película comienza sin mostrar el logo de Twentieth Century Fox, ni ninguna otra indicación. El primer plano es una enorme bandera americana y escuchamos un toque de trompeta. Los propietarios de los cines de las bases militares norteamericanas alertaron al estudio de que los soldados del público se ponían de pie y firmes cuando escuchaban la trompeta pensando que era una verdadera llamada de atención del mando.

El de Patton es uno de los inicios más legendarios del cine y está resuelto con muy pocos planos. El guion es de Francis Ford Coppola y el discurso del famoso general, con el que empieza la película, tiene frases tan memorables como esta: “Quiero que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran por ella”. Por frases como esta Patton es una película anacrónica y que ya no pertenece a su época. Mientras el movimiento hippie y el antimilitarismo crecían en Estados Unidos, Fox apostó por la biografía de uno de sus más famosos y polémicos generales.

George C. Scott ganó el Oscar gracias a su memorable interpretación, pero se negó a aceptar la nominación y el premio, porque no creía que los actores debieran competir entre ellos. Frank McCarthy, productor de la película, aceptó el premio en su nombre, pero lo devolvió a la Academia al día siguiente cumpliendo los deseos de Scott, que, por cierto, no quiso rodar el famoso discurso de apertura porque argumentaba que dañaría al ritmo de la película. El director, Franklin J. Schaffner, le mintió diciendo que lo pondría al final del film. Menudo pillastre.

La naranja mecánica (1972): memorable inicio, un zoom out que arranca con la malévola cara de Álex. La barra de leche Korova viene de la palabra rusa para vaca. Moloko, escrito en la pared, significa leche. Las esculturas del famoso bar se basaron en la obra del escultor Allen Jones y es de las pocas escenas de la película rodadas en estudio. Este polémico film de Kubrick se rodó en los Elstree Studios y en los Pinewood Studios, a las afueras de Londres.

Manhattan (1979): una de las grandes películas de Woody Allen y que Woody Allen odia. Al menos la odió tanto en su día, que propuso a United Artists que les entregaba otra película gratis a cambio de deshacerse de Manhattan. Afortunadamente, rechazaron tan excéntrica propuesta y el film se estrenó y además fue un éxito. Manhattan, que arranca con el mítico Rhapsody in Blue, de George Gershwin (y bajo la batuta de Zubin Mehta para la Filarmónica de Nueva York), es una declaración de amor a su ciudad, pero también un cáustico ataque contra la clase a la que pertenecía: la intelectualidad neoyorquina.

Inicio de la película All that jazz. / 20th Century Fox Home Entertainment

All That Jazz (1979): la última película musical de Bob Fosse mezcla lo real con lo fabulado (ese final con la muerte del personaje recuerda a Fellini 8½, película que también inspiró a Woody Allen en Recuerdos) y arranca con una toma fabulosa, en picado y con el plano muy abierto, de una audición de Broadway. Bob Fosse consideró interpretar el papel principal y hubiese estado perfecto porque el personaje es él, pero el productor David H. Melnick sentenció que Fosse tenía serios problemas cardíacos y no sobreviviría al rodaje. No era descabellado. Además, en un principio Columbia Pictures no quería a Roy Scheider para el papel de Joe Gideon, sino a Warren Beatty. Fosse luchó a muerte por tener a Scheider como cabeza de cartel y finalmente ganó el pulso al estudio.

La vida de Brian (1979): tras los célebres créditos de Terry Gilliam, la película empieza con un plano del firmamento y música religiosa a lo Miklós Rózsa. Una estrella cruza el cielo, los tres Reyes Magos se acercan al portal de Belén, donde los recibe la madre de Brian (Terry Jones), una mujer vulgar, chillona y desagradable que al principio los echa, pero al ver que traen oro los acepta. Los reyes se postran ante el elegido y abandonan la estancia, pero enseguida regresan a recoger sus ofrendas al descubrir que ese no es el portal de Belén, que se han confundido con la dirección. La tronchante escena se cierra con la mujer abofeteando a su lloroso bebé.

Terciopelo azul (1986): no hay mejor carta de presentación de mundo de David Lynch que el arranque de su cuarto largometraje. La imagen de inicio, con el famoso tema Blue Velvet, Bobby Vinton, de fondo, es publicitara: un cielo azul despejado, unas rosas, un bombero con su dálmata saludando a cámara, tulipanes amarillos, un grupo de escolares ayudados a cruzar un paso de cebra y un hombre regando su jardín que, de repente, colapsa y cae redondo. El tema Blue Velvet va desapareciendo y entra un sonido desasosegante. Lynch monta entonces primerísimos planos detalle de hierba e insectos devorando algo y haciendo un ruido repugnante.

La peli fue tan marciana que nadie la quería para sus cines. De hecho, el productor Dino De Laurentiis tuvo que montar su propia empresa de distribución para llevar Terciopelo azul a las salas de cine.

El juego de Hollywood (1989): esta gran sátira, rodada de forma espléndida, fue ofrecida a Sidney Lumet, pero afortunadamente declinó la oferta y la acabó rodando Robert Altman con un puñado de estrellas/amigos y cobrando un cuarto del sueldo que pidió Lumet. Su resultado fue su regresó por todo lo alto a Hollywood, que lo había olvidado y señalado como director conflictivo y nada rentable. Lo divertido es que la película es tremendamente dura con la demencial industria de Hollywood. Para la historia, además de su alucinante reparto (cameos incluidos), la escena inicial, un maravilloso travelling que homenajea a Sed de mal, título que se cita también en los diálogos. En este gran plano secuencia la cámara recorre, de forma magistral, un estudio de Hollywood, desde los aparcamientos a los despachos de los ejecutivos.

Uno de los nuestros (1990): este formidable film de Martin Scorsese no tiene una estructura lineal y juega con los saltos en el tempo. La película empieza con sus protagonistas conduciendo un coche en cuyo maletero han metido un cuerpo que creían muerto pero todavía está vivo. La secuencia inicial termina con la famosa frase del protagonista: “Desde que puedo recordar siempre quise ser un gangster”. Más tarde descubrimos que ese cadáver es el de Billy Batts, mal rematado con su pistola por Tommy.
Los créditos del inicio son del genial diseñador Saul Bass, creador de inicios de película tan míticos como los de Con la muerte en los talones, Psicosis, Éxodo, West Side Story o El cabo del miedo. Scorsese también rodó dos grandes inicios en Toro salvaje y en Casino, los dos con Robert De Niro y a cámara lenta.

Reservoir Dogs. / Universal Pictures Spain

Reservoir Dogs (1992): también esta película es la mejor carta de presentación para el mundo de su autor, Quentin Tarantino. Esta joya del cine independiente y del cine negro empieza con unos gangsters hablando del tema Like a Virgin, de Madonna, y su significado. Uno de ellos (el propio Tarantino) dice que la canción “va de grandes pollas”. La escena está rodada en un travelling circular y con los rostros de todos ellos en primer plano y planos medios. Tras ella, entran sus famosos títulos de crédito, con los trajeados delincuentes andando a cámara lenta y con el temazo Little Green Bag de fondo. “Lookin' back on the track for a little greenback, got to find just the kind or I'm losin' my mind”. Tarantino volvió a rodar dos grandes inicios en Pulp Fiction y en Malditos bastardos.

Up (2009): el arranque del décimo film de Pixar Animation Studios, dirigido por Pete Docter y Bob Peterson, es sobrecogedor. Me refiero al famoso montaje de la vida de casado del viejecito protagonista. Si no se emociona uno viendo eso igual que es que lo que tiene en las venas es horchata en vez de sangre. Lo mismo pienso del maravilloso inicio de WALL-E, puro cine. En esta extraordinaria escena, por cierto, se ve a Ellie (la difunta) pintando la habitación de su bebé. Lo que está pintando es una escena de Parcialmente nublado, un corto de Pixar que se proyectó antes de esta película en varias salas.

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