CINE

Cómo se hicieron los más famosos inicios de película (I)

  • Este mes se cumplen 25 años del estreno de ‘Trainspotting’, una de las películas más rompedoras de los 90 y con uno de los arranques de película más memorables de la historia del cine
  • En el cine ha habido grandes aperturas que todos guardamos en nuestra memoria, arranques de película que nos dejaron con la boca abierta

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Este mes se cumplen 25 años del estreno de Trainspotting, una de las películas más rompedoras de los noventa y con uno de los arranques de película más memorables de la historia del cine. En aquel célebre arranque Mark Renton era perseguido por la policía y soltaba aquel magnífico monólogo en off: “Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abrelatas eléctricos”.

Es muy posible que en la historia del cine haya mejores finales (a ellos les dediqué un libro, THE END, del que hablamos en cuatopoder) que inicios, pero aun así en el cine ha habido grandes aperturas que todos guardamos en nuestra memoria, arranques de película que nos dejaron con la boca abierta. Todavía hoy nos sorprenden y los disfrutamos. Hay más films con gloriosos y notables inicios, y seguro que cada lector tiene el suyo, pero estos son los nuestros:

Ciudadano Kane (1941): se han escrito ríos de tinta, en artículos y libros, sobre el legendario cartel en la verja que protege los terrenos del magnate Charles Foster Kane. Aquel NO TRESPASSING, que vemos con la maravillosa música de Bernard Herrmann de fondo, es traspasado por la cámara de Orson Welles, director que nos invita (gracias al guion de Herman Mankiewicz, el famoso Mank) a traspasar los límites y a conocer la privacidad del que fuera uno de los hombres más poderosos del mundo. Este célebre inicio tiene un grave fallo de continuidad: un Kane moribundo maneja una bola de cristal con nieve artificial y suelta la famosa palabra “Rosebud”. Después suelta la bola, cae al suelo y se rompe. El siguiente plano es el de una enfermera abriendo la puerta desde esa bola, que milagrosamente vuelve a estar perfecta, entera. Otro fallo: ¿Cómo pudo esa enfermera escuchar “Rosebud”, palabra con la que se articula todo el guión de la película, si estaba fuera de la habitación y con la puerta cerrada?

El crepúsculo de los dioses (1950): el primer plano que vemos de esta obra maestra de Billy Wilder es una acera en la que descubrimos el lugar en el que se desarrolla la película y a su vez su título: Sunset Boulevard. La cámara, en un travelling fabuloso y complejo para la época, recorre las calles de esa zona, famosa por sus mansiones, habitadas por estrellas del cine. Una de ellas es la de Norma Desmond, actriz retirada, egocéntrica y bastante chiflada. En la piscina de su mansión, y tras ese gran travelling inicial, vemos el cadáver del protagonista, que es el que nos narra la película (“Ya ven que se ha encontrado el cadáver de un hombre en la piscina con dos disparo en la espalda”). Pero no fue ese el primer y único inicio que filmó Wilder con William Holden como un cadáver hablador. La escena inicial original transcurría en un depósito de cadáveres en el que el protagonista hablaba con un niño muerto al que le contaba su historia. A los jefes de Paramount la escena les pareció tan desagradable, oscura y macabra que desapareció en la sala de montaje.

La ventana indiscreta (1954): un inicio sencillamente extraordinario. Mediante una panorámica cuidadísima, vemos todo el vecindario del bloque en el que vive el mirón James Stewart (un mirón que no deja de ser el propio Alfred Hitchcock). Y todo rodado y construido en un estudio, también de Paramount en esta ocasión. La ventana indiscreta se rodó en un decorado en el que trabajaron cincuenta profesionales durante dos meses para construirlo y que costó casi 100.000 dólares de la época. El conjunto incluía 31 apartamentos, de los cuales 12 estaban completamente amueblados. El de La ventana indiscreta fue uno de los rodajes más felices de Hitchcock, que hasta había adelgazado y se encontraba pletórico ante una película que sabía iba a ser maravillosa. “Me sentía muy creativo, tenía las baterías bien cargadas”, le confesó años más tarde a François Truffaut en las conversaciones recogidas en el gran libro El cine según Hitchcock.

Centauros el desierto (1956): el inicio de la película está planificado como su final, con Ethan Edwards (John Wayne) llegando, a lo lejos, en un plano muy general, al umbral de una casa. Toda la película está basada en la odisea de este tipo racista, y del bando sudista, en busca de una sobrina secuestrada por los comanches. Y todo empieza como acaba: con una puerta y en un maravilloso contraluz del director de fotografía Winton C. Hoch. Al principio y al final escuchamos una canción que reza: “¿Qué hace que un hombre deambule? ¿Qué hace que un hombre deje la cama y la comida y le dé la espalda a su casa?”. Martin Scorsese dijo sobre la influencia de Ethan Edwards en su cine: “El personaje de John Wayne, que viene del desierto, es absolutamente terrorífico, es un racista, puedes ver el odio. Y puedes preguntarte, como con el personaje de Taxi Driver, de dónde viene todo ese odio”.

Sed de mal (1958): el plano secuencia inicial más famoso de la historia del cine. La escena tardó en rodarse toda una noche y una de las razones fue que el actor que interpretaba al oficial de aduanas se equivocaba siempre en sus líneas. Corría el tiempo y empezaba a iluminarse el día cuando Orson Welles hizo una última toma final y le dijo al elenco: “Vale, vamos a intentarlo una vez más”. Luego miró al actor y le dijo: “Si olvida su línea esta vez, simplemente mueva los labios y la doblaremos más tarde. ¡Pero, por favor, no diga “Lo siento, Sr. Welles” otra vez!”. La compleja toma, sin corte y truco alguno, acabó durando tres minutos y medio.

2001: Una odisea del espacio (1968): la escena inaugural de este clásico de la ciencia ficción es una alineación planetaria con el Así habló Zarathustra de Richard Strauss de fondo. De esa imagen pasamos a planos de homínidos sobreviviendo en los albores del hombre, en pleno desierto. Pero este fabuloso comienzo no iba a ser el de la película de Stanley Kubrick. El director ideó proyectar al comienzo entrevistas a científicos y filósofos que hablaban de la posibilidad de la vida extraterrestre en otros planetas. Afortunadamente, Kubrick cambió de idea y dejó en la sala de montaje este comienzo tan valiente como visualmente superlativo.

2001, una odisea en el espacio. / Warner Home Video

Grupo salvaje (1969): la obra maestra de Sam Peckinpah comienza con los forajidos protagonistas llegando al pueblo en el que van a atracar un banco. En su camino hacia el banco, se topan con unos niños que están haciendo que un escorpión sea atacado por decenas de hormigas a las que también han rodeado de fuego. La fabulosa imagen no estaba en el guión y la idea se la dio a Peckinpah el actor Emilio Fernández, que interpreta al general Mapache en la película. Fernández le contó que este juego macabro lo solía hacer mucho de niño, jugando con sus amigos. Cuando se lo estaba contando, el director tuvo una revelación y descubrió que ese iba a ser el inicio de su película. Arrebatado, cogió el teléfono, llamó a las oficinas de Warner y les ordenó: “¡Quiero que me traigáis hormigas, muchas hormigas, y escorpiones!”.

El padrino (1972): el film de Francis Ford Coppola no tiene títulos de crédito iniciales y arranca con el plano de un actor (Salvatore Corsitto, que interpreta a Bonasera) y Marlon Brando de espaldas. Para descubrir al protagonista que da título al film, Don Vito Corleone, el plano se va abriendo poco a poco mediante un zoom electrónico que no era del agrado del director de fotografía, Gordon Willis. El conocido como “maestro de la oscuridad” prefería los planos sin movimiento, los ángulos clásicos y la cámara fija. Lo curioso es que en el guion tampoco este iba a ser el primer plano de la película. El padrino originalmente empezaba con un plano general en una boda, en el exterior de la casa de Don Vito. Pero un amigo de Coppola le sugirió que debería empezar la película con un plano más íntimo y en la oscuridad. La magistral banda sonora de Nino Rota hizo el resto. Una apertura de plano y de película para la historia.

El Padrino. / Paramount Home Entertainment

Tiburón (1975): Steven Spielberg no contó con presupuesto suficiente para hacer creíble a su tiburón, así que tuvo que recurrir a la cámara subjetiva y a la imaginación visual. El resultado, con la genial banda sonora de John Williams, es un inicio escalofriante, una toma nocturna que dejó a los espectadores pegados a la butaca hasta el final de la proyección. Susan Backlinie (Chrissie Watkins, la primera víctima) fue atada a poleas para tirar de ella y simular la brutal embestida del escualo. En su día se llegó a decir que el dolor en su rostro era real y que en el rodaje dañaron sus costillas, pero la propia Backlinie lo desmintió en una entrevista radiofónica. Spielberg, por cierto, hizo una parodia de este inicio en los primeros minutos de 1941, uno de sus pocos desastres de taquilla.

La guerra de las galaxias (1977): “Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana…”. Ser un niño en los setenta, que se apaguen las luces y ver desfilar delante de ti esas naves, con ese sonido y esa música de (otra vez) John Williams no se explica con palabras. El rodillo de inicio de la película, amarillo sobre negro y que al estudio (Twentieth Century Fox) no le hacía demasiada gracia, hoy es ya legendario y se sigue manteniendo en las películas de la franquicia galáctica.

Apocalypse Now (1979): hipnótico inicio de una película que originalmente iba a rodar George Lucas. La imagen de los helicópteros cruzando el plano a cámara lenta se le ocurrió a Francis Ford Coppola en la sala de montaje. No estaba en el guión, que cambió de manera casi enfermiza y durante todo el loco rodaje del film. El uso del tema The End, de Los Doors, tampoco fue la única opción. Coppola también pensó en usar el Light My Fire, del mismo grupo, y el temazo The House of the Rising Sun, de los Animals.

En busca del arca perdida (1981): empieza con una broma, con la imagen de famosa montaña del escudo de Paramount encadenada en montaje con una montaña real. La escena inicial, en el templo perdido de América del Sur, la de la inmensa bola de piedra, se basó en una aventura clásica del Pato Donald escrita por Carl Barks, muchos de cuyos cómics han inspirado a Lucas y a Spielberg. Explorando un templo perdido, Donald, sus sobrinos y el Tío Gilito esquivan dardos voladores, una hoja que decapita a los intrusos y una enorme roca. En otra historia de Barks, titulada Las siete ciudades de Cibola, aparece una ciudad perdida y también una roca redonda gigante que aplastar todo a su paso.

Pulp Fiction (1994): Pumpkin (Tim Roth) y Honey Bunny (Amanda Plummer) atracan un restaurante a punta de pistola y entra el temazo Misirlou, de Dick Dale y sus Del-Tones. Desde ese momento la película de Tarantino te agarra y no te suelta. Pero cronológicamente no es la primera escena porque la narración de Pulp Fiction no es lineal. Cronológicamente, la primera es la del Capitán Koons dándole al joven Butch su reloj. Años más tarde, Vincent y Jules charlan en su automóvil mientras se dirigen a hacer un trabajito. Y la última escena, en orden cronológico, es la Butch y Fabienne alejándose del hotel en la motocicleta recién adquirida por Butch. La escena del restaurante con la que arranca Pulp Fiction se filmó en Hawthorne Grill (originalmente Holly's), en el 13763 de Hawthorne Boulevard, en California. El edificio fue demolido poco después del rodaje.

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