Los espacios de la prostitución en Madrid: hacia la periferia y una menor visibilidad

  • "Con la llegada de la globalización, el negocio de la prostitución aumentó considerablemente y se desplegó en una mayor diversidad de espacios en Madrid"
  • "El trabajo 'Los espacios de prostitución en Madrid' (A. Juste), abarca 'la espacialidad del negocio' en la capital en sus distintas vertientes"
  • "Las políticas recientes en la ciudad no han tratado la prostitución con la profundidad necesaria y se han limitado a alejarla de los espacios visibles centrales"

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¡Pichi! Es el chulo que castiga, del portillo a larganzuela, quesque no hay una chicuela que no quiera ser amiga de un seguro servidor. ¡Pichi! No repara en sacrificios...”. La prostitución ha estado tradicionalmente arraigada en la ciudad de Madrid y así lo refleja este popular chotis de 1931, cuya letra da cuenta también del maltrato a aquellas mujeres. La práctica es antigua, pero no inmutable. Con la llegada de la globalización, en las últimas décadas, el negocio aumentó considerablemente y se desplegó en una mayor diversidad de espacios en Madrid.

Hay un enconado debate sobre la prostitución en el seno del feminismo, que se resume en dos posturas contrapuestas. Sin querer entrar en el mismo, el trabajo 'Los espacios de prostitución en Madrid' (A. Juste), abarca “la espacialidad del negocio” en la capital en sus distintas vertientes. También concluye que las políticas recientes en la ciudad no han tratado la prostitución con la profundidad necesaria y se han limitado a alejarla de los espacios visibles centrales, apoyándose en estrategias urbanísticas. La falta de medidas sociales complementarias de peso lleva a pensar que no se intentó abordar íntegramente esta problemática, que afecta sobre todo a las mujeres víctimas de trata y prostituidas, sino sus “efectos colaterales”, como “la imagen urbana”.

El resultado de estas políticas, sobre todo en los últimos veinte años, ha sido el desplazamiento de la prostitución desde las calles del centro a otros espacios abiertos del sur del municipio, como el Polígono de Villaverde, y a pisos de prostitución en zonas de rentas medias-bajas como Ventas, Tetuán, Arganzuela, Vallecas o Usera. El “encierro” de la prostitución ha proseguido durante la pandemia, un periodo que no aborda este estudio. Las ONG que trabajan sobre el terreno indican que se ha desplazado la prostitución de las calles, clubes y locales a lugares más discretos y privados como los pisos o incluso Internet. También alertan de que ha empeorado la situación económica y las condiciones para las trabajadoras sexuales y las víctimas de trata.

Un negocio internacional instalado en España y en Madrid

Es preciso contextualizar que en España, según el INE, la prostitución supone un 0,35% del PIB, unos 4.000 millones de euros anuales, que podrían superar los 18.000 millones según la Asociación Nacional Española de Locales de Alterne (ANELA) o Havocscope. Conforme al INE 2009, el 32% de los hombres en España reconoce haber pagado alguna vez para obtener sexo. Del otro lado, la inmensa mayoría de las personas que se prostituyen son mujeres cis, y un 7% son trans, según las organizaciones que las asisten. Añade APRAMP que el 87% de ellas serían mujeres inmigrantes de Latinoamérica y Europa del Este, seguidas por las que proceden de África Subsahariana y del sur de Europa. Los datos que existen son escasos y en ocasiones imprecisos, pero dan una idea aproximada del volumen y las características de este negocio.

Hay un doble flujo de personas a nivel internacional que nutren el negocio: turistas sexuales hacia los países del sur global y, por otro lado, mujeres jóvenes obligadas o con poco margen de elección que ejercen la prostitución en los países más ricos. En Madrid convergen ambos, al igual que en otras ciudades españolas como Barcelona o Ibiza. Según indican para esta investigación las expertas Ana Estévez y Begoña Pablos, España es uno de los países con mayor demanda de prostitución del mundo por el arraigo cultural de la práctica, el marco legal favorecedor, las conexiones geográficas, el buen clima y la apuesta del país por el sector turístico.

Los espacios de la prostitución en la capital

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Localización aproximada de los espacios de prostitución en el municipio de Madrid./ A. Juste

La prostitución en Madrid está presente en espacios de todo tipo que abarcan todo el municipio. Se encuentra en ámbitos abiertos como calles, plazas y polígonos industriales. También en lugares cerrados como clubs, apartamentos o chalets. Se ejerce también, aunque de forma más minoritaria, en centros de estética, saunas, karaokes, locales de masaje, a domicilio o como compañía en eventos o viajes. Los criterios que determinan la ubicación de estos espacios son la facilidad de acceso en transporte, la privacidad de los clientes, la elusión de las autoridades, la agrupación de las personas que la ejercen para mejorar “la oferta” y, en determinados casos, la capacidad de control de los proxenetas sobre las mujeres que se prostituyen.

La prostitución en los espacios abiertos, en los últimos años, ha disminuido en lugares céntricos como la calle Montera, Desengaño, la Plaza de la Luna o Jacinto Benavente. Por otro lado, ha aumentado en espacios periféricos como el Polígono de Villaverde, el de Vicálvaro o el entorno de Valdemingómez. Respecto a los clubs, con una simple búsqueda encontramos al menos 50, aunque podrían ser muchos más. Se dividen en tres tipologías distintas: las “plazas” u hoteles, donde las mujeres residen pagando una tasa diaria y que están en puntos estratégicos como las cercanías al Aeropuerto de Barajas o a Mercamadrid; los clubs “tradicionales”; y los bares de alterne de tamaño pequeño donde se establece el contacto inicial, pero no se mantiene el encuentro sexual.

El tercer gran grupo de espacios donde se ejerce la prostitución son los pisos, presentes en todos los barrios de Madrid, aunque se concentren en aquellos semiperiféricos y de menor nivel de renta. La asociación APRAMP calcula que debe haber “miles” de ellos en la ciudad. Se distinguen del resto de espacios sobre todo por su invisibilidad. Gran parte de ellos funciona las 24 horas y, en muchos casos, las mujeres duermen en la habitación donde se prostituyen, estando disponibles a lo largo del día. Los pisos suelen ser el primer destino de las víctimas de trata a su llegada a Europa y en ellos pueden pasar varios meses sin apenas contacto con el exterior. Al tratarse de espacios privados y al ser necesaria una orden judicial, la policía y asociaciones casi no pueden acceder a estos espacios.

Respecto al impacto de la prostitución en estos espacios, es más negativo en aquellos entornos de mayor marginalidad, ya que cuentan con menos recursos y están más desatendidos que las calles del centro de la ciudad. Desde la Asociación Vecinal Colonia Marconi denuncian una degradación del entorno asociada a la prostitución, con gran cantidad de residuos, criminalidad, inseguridad y falta de inversiones. También creen que la prostitución se instaló allí por el aislamiento que sufre el barrio, insertado en un polígono industrial rodeado de vías de tren y carreteras.

¿Qué papel han tenido las políticas públicas en la ciudad?

En los 90 se produjo un aumento de la prostitución en las calles de Madrid que llevó al Ayuntamiento a intentar reducir su presencia en la ciudad. Las acciones se articularon sobre todo cuando Alberto Ruiz-Gallardón era alcalde (2003-2011), con el Plan Contra la Explotación Sexual de 2004 como eje central. Una de las medidas más importantes fue aumento del control policial, principalmente a demandantes pero también a mujeres en prostitución. En muchos casos se las acabó deportando.

La ofensiva de Ruiz-Gallardón contra la prostitución “central” se apoyó también, en gran medida, en estrategias urbanísticas como el establecimiento de comisarías y puntos de vigilancia en la calle Montera o la Plaza de la Luna y transformaciones en el mobiliario público en espacios como la Plaza de Jacinto Benavente. Además hubo restricciones al tráfico en la Casa de Campo, el Parque del Oeste y Montera y se fomentaron inversiones alternativas a la prostitución en las inmediaciones de la calle Ballesta. Durante las siguientes alcaldías la mayoría de estas medidas continuaron activas, aunque no se produjeron nuevas acciones tan directas en este sentido.

La Plaza de Jacinto Benavente antes y después de la reforma en 2009, recuadrados en blanco la ausencia de bancos, los impedimentos al asiento en los alcorques y la nueva posición de las mujeres en prostitución./ Google Maps
La Plaza de Jacinto Benavente antes y después de la reforma en 2009, recuadrados en blanco la ausencia de bancos, los impedimentos al asiento en los alcorques y la nueva posición de las mujeres en prostitución./ Google Maps

¿Cuál fue el resultado de estas políticas? Se redujo de manera drástica la prostitución en la Casa de Campo, el entorno de la Castellana y el Parque del Oeste y, de forma paulatina, en el centro. Sin embargo, la prostitución no solo no desapareció, sino que se desplazó a entornos de mayor marginalidad y vulnerabilidad para las mujeres ante las organizaciones criminales, como el Polígono de Villaverde o los pisos de prostitución.

En conclusión, la prostitución es una práctica que está muy vinculada a la ciudad. Tiene la capacidad de transformar áreas enteras y, a la vez, se ve afectada por las intervenciones urbanísticas. Sin embargo, se trata de una problemática compleja en la que operan fuertes mecanismos de desigualdad de género, económica y racial-cultural. Para realizar cambios que conduzcan a una situación de mayor justicia social no basta con estrategias de desplazamiento, que pueden incluso empeorar la situación de las mujeres que ejercen la prostitución y las víctimas de trata. Si se quiere poner coto a la explotación sexual y abordar el problema en toda su complejidad, se necesita un planteamiento holístico que incluya iniciativas legislativas, sociales y educativas de calado y planteadas a largo plazo.

Más información en el artículo 'Los espacios de prostitución en Madrid' (A. Juste), Revista Territorios en Formación Núm.17 (2020)

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