‘Truman’: no olviden los ‘kleenex’ en casa

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Cartel de la película de Cesc Gay. / trumanfilm.com

Por fin otra pequeña película que emociona, con actores estupendos, un guión sólido y un director con gusto. A veces ir al cine compensa, aunque al final te toque llorar como un cabrón, que es lo que me pasó a mi en el final de Truman, que no voy a desvelar.

La cosa pintaba bien de antemano. Cesc Gay, un tipo al que le gustan las películas de actores y que sabe cuidar de sus guiones, ha dado al cine español buenos films como Krámpac, En la ciudad o mi favorita: Ficción, donde también destacaba Javier Cámara. Más decepcionante me pareció Una pistola en cada mano, la película anterior a Truman, y en la que tenía un papel importante Ricardo Darín.

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Ayuda ver en el cartel a actores como él o Cámara. Ninguno de los dos suele fallar y en Truman hay química entre ellos. Cámara, ese buen cómico al que tanto odia Carlos Boyero, vuelve a su registro más sobrio, cercano al de la fallida La vida inesperada y lejos de los histriones de Los amantes pasajeros o Que se mueran los feos.
De la voz y la mirada del gran Darín no merece la pena subrayar nada, es un maestro que, muy merecidamente, en España sigue teniendo un público fiel.  

Truman cuenta la historia de Julián (Darín) y Tomás (Cámara), dos viejos amigos de la infancia que se reúnen en Madrid después de muchos años para pasar unos días que serán los últimos por culpa de la famosa enfermedad innombrable. En esos pocos pero intensos días, Tomás conocerá de cerca la vida de Julián: a su médico, a su chica, a su ex, a su jefe, a su hijo y a su perro Truman, al que Julián le está buscando una familia de adopción, un nuevo hogar.

Cesc Gay cuenta su película con apostura y sobriedad. Tratando el tema que trata, en ningún momento enfatiza las actuaciones con la banda sonora o usa la cámara de forma engolada. La banda sonora, de Nico Cota y Toni Soler, compuesta a base de guitarras, es un acompañamiento brillante y emotivo para las imágenes.

Bien dialogada y escrita con pocos elementos, Truman no se complica demasiado la vida, sigue un declive lógico y sin rarezas (salvando la escapada a Holanda) del personaje de Darín, y culmina en el fin inevitable de esa sólida amistad entre dos tipos que no son viejos pero ya son unos puretas.

He pensado en Alexander Payne (Entre copas, Nebraska…) al ver Truman. Por su manejo de la dramedia, por su austeridad, por su uso de la música, por sus dos personajes masculinos, por su sutil poesía. Yo creo que al director de Omaha le gustaría esta película.  

Mientras estaba viendo Truman también pensaba inevitablemente en el final, en la despedida de los dos amigos. Y me decía: este tío me va a hacer llorar, y, como a los dos protas de Truman, no me gusta llorar. Pero al final te dejas llevar y lo haces porque lo que cuenta es como la película: algo duro pero a la vez hermoso. El final de esta película es uno de los mejores finales del cine español en bastante tiempo, no olviden los kleenex en casa.

La película le tocará especialmente al que sepa lo que es una amistad de las de verdad y también a los que tengan mascota. No se la pierdan.

Nota final: ni se les ocurra verla en los cines Verdi porque la proyectan ¡con subtítulos en inglés! Y además enormes y color amarillo chillón. Le pregunté la razón a la proyeccionista y me respondió, muy prepotente, que “ya se avisaba en taquilla” y que era “para los extranjeros”. O sea, que para los dos “extranjeros” que entrarán en los Verdi cada semana, los españoles nos tenemos que tragar las películas españolas subtituladas. ¡Una y no más, cines Verdi!

BD CINE (YouTube)