Lluís Quílez: “El corto ha sufrido un duro revés; actualmente las ayudas están paralizadas”

El director de Graffiti, Lluis Quilez. / Graffitishortfilm (Facebook)
El director de Graffiti, Lluís Quílez. / Graffitishortfilm (Facebook)

Graffiti es uno de los cortometrajes del año. Hasta ahora ha ganado, entre otros, el Premio al Mejor Corto Europeo, el Mélies de Plata en el Festival de Sitges y el Premio al mejor Corto en los festivales de Santa Bárbara y Boston. Para su realización, Lluís Quílez, su director, se desplazó hasta Pripyat, ciudad fantasma conocida por sufrir los efectos del accidente más espantoso de la historia de la energía nuclear: el de Chernóbil.

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Graffiti ha logrado llegar a a la que llaman short-list de los Oscar de Hollywood. De los 10 cortos seleccionados como finalistas, se elegirán 5 nominados a los Oscar y Graffiti tiene muchas posibilidades de lograr la nominación, lo que supondría un éxito monumental para este trabajo, seleccionado entre 8.000 cortos de todo el planeta.

La idea de Graffiti nace en el 2011. ¿Cómo?

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— En el 2011 estaba acabando el recorrido por festivales de mi tercer corto, Yanindara, y empecé a pensar la historia que se convirtió en Graffiti. La idea surgió de repente, pero las piezas encajaron rápido: quería contar una historia de amor en la que el entorno y la ambientación serían clave.

No te encargas del guión solo, escribes con Javier Gullón.

— La idea original de Graffiti parte de mí, pero me gusta trabajar con un coguionista. En este caso Javi era la persona ideal porque nos entendimos en 5 minutos. A él le motivó lo que le conté y nos pusimos manos a la obra. En menos de una semana teníamos el guión acabado.

Graffiti habla del lenguaje actual, de las redes sociales y de la soledad ligada a esa comunicación.

— La verdad es que resulta inevitable crear el paralelismo entre la forma de comunicarse a través de palabras escritas en un muro y los chats, mensajes instantáneos y redes sociales que tan presentes están en nuestra cotidianidad. En el momento de pensar la historia, simplemente quería contar una historia de amor desde un punto de vista nuevo y original. Como ya pasa en otros de mis cortos, me gusta afrontar temas actuales sin ser demasiado explícito ni directo.

Rodarlo ha tenido que ser duro. ¡Y en sólo cinco días! Y el corto se rodó en enero, a una temperatura de 16 grados bajo cero…

— Rodar en Pripyat es incómodo básicamente por las condiciones meteorológicas que encontramos (estábamos a -15 grados y con nieve virgen hasta las rodillas). El tema de la radiación está muy controlado y siguiendo unas reglas bastantes sencillas no llegas a estar expuesto a ningún peligro. Pese a ello, fue una aventura maravillosa y gracias a los integrantes de un equipo técnico y artístico que se volcaron como auténticos titanes, por eso el corto salió adelante. Creo que todos guardaremos para siempre en nuestro corazón esos intensos días de rodaje en Chernóbil.

¿Qué se siente al rodar en el lugar de la catástrofe?

“Fue muy emocionante entrar en Pripyat y pasear por las calles de una ciudad fantasma que nos recuerda hasta donde llega el poder de destrucción del hombre”

— Fue muy emocionante entrar en Pripyat y pasear por las calles de una ciudad fantasma que todavía hoy nos recuerda hasta dónde puede llegar el poder de destrucción del hombre. Personalmente, el momento más emotivo que viví fue rodando el plano en el que Edgar grita “Anna” junto a la famosa noria. En el momento en que el grito desgarrador de Oriol Pla llamando a su amada invadió las calles y avenidas de Pripyat sentí una gran emoción. Literalmente se me saltaron las lágrimas al comprender que habíamos invadido ese lugar, mágico y triste a la vez, para contar nuestra humilde y esperanzadora historia de amor. Lo habíamos conseguido.

Tras rodar en Ucrania, has rodado en Valencia, en una fábrica abandonada de Alzira y en un antiguo economato en ruinas de Puerto de Sagunto. De lo que más te quedas al ver el corto, además de la dirección, es con el trabajo de la gente de arte, soberbio, ligando las escenas en un único lugar para la narración. ¿Qué indicaciones les diste?

— Nuestra directora de arte, Clara Álvarez, viajó a Pripyat antes del rodaje en Valencia, pero apenas había tiempo material para reproducir lo que habíamos visto en Ucrania ya que ambos rodajes estaban pegados y sin días de descanso. Por suerte, su ayudante Marc Pou había visitado Pripyat años atrás como turista y nos fue de gran ayuda. También me gustaría destacar el trabajo de Luis Tinoco, desde Onirikal, que con unos maravillosos VFX ayudó a unir ambos espacios sin que se note la diferencia.

Cristian Guijarro, el admirable productor de este complicadísimo proyecto, ha declarado que habéis ganado 40 premios que se han traducido en sólo 2.000 euros. ¿Ha sido rentable la aventura?

— Cristian (coproductor desde su empresa Ainur Films) ha denunciado una situación que, lamentablemente, es cierta. A día de hoy es complicado rentabilizar un corto de este tamaño. En cualquier caso estamos trabajando duro para conseguirlo y tengo confianza en que así será. España vivió una época dorada del corto en la que existían muchas ayudas y los festivales apoyaban con premios con dotación económica. Eso ha cambiado. Muchos festivales han desaparecido en los últimos años y otros han tenido que reducir su presupuesto. Es más complicado ganar dinero en el circuito festivalero pese a que obtengas galardones. Por suerte es cierto que existen otros caminos para rentabilizar la inversión, ya que los festivales se han empobrecido considerablemente en los últimos años.

Cartel de 'Graffiti'. / @lluisquilezsala (Twitter)
Cartel de ‘Graffiti’. / @lluisquilezsala (Twitter)

Graffiti es una producción de Euphoria con Participant Media y el mecenazgo de Peter Reynolds. Guijarro reveló un coste cercano a los 100.000 euros con 75% de financiación extranjera. ¿Cuánto ha costado levantarlo?

— Euphoria es mi productora y junto a mi socia, Ester Velasco, estuvimos más de dos años para levantar el corto si contamos desde el momento en que el guión ya estaba escrito hasta que tuvimos dinero para empezar la preproducción.

Hay muchas menos ayudas al corto, muchos menos festivales, menos premios con dotación en ellos… ¿Cómo es hoy el panorama para los que trabajáis en este formato? ¿El gobierno no ayuda?

— La crisis ha afectado al cine por los motivos que todo el mundo sabe: subida del IVA cultural, reducción de ayudas públicas… Dentro de este sector el cortometraje es el patito feo, así que el formato corto ha sufrido un duro revés, actualmente las ayudas del ICAA están paralizadas. Esperemos que se resuelva pronto. Pienso que es importante que se siga apoyando este formato que, sin duda, sirve de banco de pruebas y como plataforma de lanzamiento para los nuevos creadores. Una industria saneada del corto da frutos a medio y largo plazo aportando mejores técnicos y creadores a la industria del cine.

Los nominados por la academia norteamericana se conocerán el 24 de enero y la gala será el 4 de febrero. ¿Hay esperanza? ¿Qué posibilidades crees que tienes?

— Pues en estos momentos tenemos el 50% de posibilidades. Hay 10 cortos seleccionados como finalistas y se elegirán 5 nominados. Al principio del año hay 8.000 cortos que luchan por hacerse un hueco, así que pienso que lo más duro ya ha pasado. Para nosotros haber llegado hasta aquí ya es un síntoma de haberlo hecho bien.

¿Qué recuerdos tienes de los Oscar y qué suponen para ti? ¿Eras seguidor de alguna de sus galas, de madrugada?

— La verdad es que nunca he visto la gala completa, aunque sí me intereso por el resultado al día siguiente.

También optas a los Goya. Has superado una primera criba, estás entre las 15 películas de ficción preseleccionadas entre 500 trabajos. ¿Te ves en los Goya? ¿Qué suponen para ti?

“Nos haría mucha ilusión estar nominados a los Goya de este año”

— Nos haría mucha ilusión estar nominados. Ojalá el corto guste a los académicos y así sea. La competencia es durísima este año. Hay una selección de cortos excelentes.

Es curioso que vengas del largometraje. No has rodado, como tantos, un corto para hacer tu largo. Tu primer largo, Out of the Dark, ni ha tenido distribución en España. Y tenías a actores como Julia Stiles y Stephen Rea. ¿Por qué?

— Yo rodé tres cortos antes de hacer mi primer largo: El siguiente (2004), Avatar (2005) y Yanindara (2009). Esos trabajos funcionaron muy bien (Meliés d’Argent, preselección a los Oscars y más de 120 premios en festivales internacionales) y eso me permitió tener acceso a un proyecto internacional para mi debut. Antes había pasado años en España intentando levantar un guión mío pero no fue posible y finalmente me decidí a aceptar Out of the Dark, un proyecto de encargo que venía de la productora Participant Media. La película se estrenó en medio mundo (USA, Sudamérica, UK, Francia, Alemania…) pero no encontró su lugar en España. Tal vez era un mal momento o las distribuidoras españolas no pensaron que éste fuera su mercado. La verdad es que no lo sé, esas cosas se nos escapan a los directores.

Graffiti es una peli que empieza con una paja y acaba en amor loco. ¿En realidad has rodado una historia de amor?

— Absolutamente. Graffiti parte de una premisa de cine de catástrofes presentando a un personaje que vive solo y aislado, como el último hombre vivo, debido a un misterioso accidente. Pero en realidad mi intención era contar una historia de amor y de personajes. Un drama romántico que hablara de la soledad, de la necesidad del otro y de la fe en el amor.

El protagonista no es tan diferente de mucha gente de hoy en día. Tiene una rutina, sobrevive, se siente muy solo, aparece alguien… pero con un fondo apocalíptico. Reflexionas sobre la necesidad del otro y la ilusión del amor. Hasta puede que inventado.

Graffiti aborda temas universales desde un punto de vista nuevo y original pero a la vez identificable para la mayoría. Lo más gratificante de haber hecho este corto es la buena acogida que ha tenido entre el público. Gente de todas las edades o países se siente emocionada por la historia de contamos. Eso para mí es maravilloso.

Graffiti crea una duda: si la chica que le escribe mensajes con graffitis es o no real. Me ha recordado a Roman Polanski, cuando dijo que Rosemarie también podría ser una paranoica que se ha inventado todo en La semilla del diablo. De hecho, has citado esta clásico como uno de tus referentes.

— Me encanta Polanski y también Hitchcock, Haneke o Lynch. Son los directores que más me han influenciado en mi etapa de formación. Además me gusta dejar algo abierto en la historia para que el espectador saque sus propias conclusiones y no dárselo todo masticado.

En una entrevista has citado a Antonioni: “Para mí hacer una película es vivir”. ¿Para tanto es?

— Creo que si le preguntas a la mayoría de directores o cineastas podrían firmar esa cita. Antonioni lo resumió de una forma muy bella y simple. El cine y la necesidad de contar historias es nuestro motor vital.

Has mencionado como películas que te marcaron El silencio de los corderos, Blue Velvet y La naranja mecánica. ¿Por qué éstas y no otras? ¿Ni una española?

—No me importa la nacionalidad de una película, ni dónde se haya hecho. No es un factor que me conmueva especialmente. Me gustan películas muy dispares que van desde Tiburón, de Spielberg, a Irreversible, de Gaspar Noe.

Cuéntanos qué proyectos tienes entre manos. Parece ser que es otro corto y un largo, un thriller psicológico para rodar en España y con reparto nacional.

— En este negocio nunca se sabe que será lo siguiente, pero de momento parece que será un nuevo corto titulado 72% y que se estrenará en el próximo Festival de Gijón, en noviembre de 2017. El ocupante es un proyecto de largometraje, como bien dices. La idea es rodarlo en España con reparto nacional y que sigue la línea de mis cortos. El guión es mío y es un thriller psicológico sobre la identidad y que aborda un tema que no revelaré y que jamás ha tratado el cine español. Por eso me interesa hacer la peli aquí, ya que pienso que supondría abrir una puerta que hasta ahora estaba cerrada.

Lluís Quílez (Vimeo)

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